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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Los dilemas del periodista
Los periodistas están enfrentados, cotidianamente, a pequeños (o grandes) dilemas morales y prácticos. No se trata sólo de obtener información y reproducirla, sino de entender momentos y contextos históricos, políticos, económicos y sociales para ofrecer una mirada a los lectores.
Por Antonio Martínez
22 de septiembre, 2015
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“Los sometieron, los trasladaron, los mataron, los quemaron, los tiraron al río”. Para Ciro Gómez Leyva este es el único discurso posible sobre Ayotzinapa. La fórmula barre por completo cualquier sospecha sobre el caso, al tiempo que anula toda posibilidad de otras explicaciones. El ejemplo vale para preguntarnos acerca de los dilemas morales que enfrenta el periodista ante hechos políticos de gran trascendencia.

No se trata ya de pensar si los periodistas hacen o no activismo, sino en cómo se imaginan frente a los hechos que atestiguan. Como hemos explicado, el “periodismo objetivo” es un invento comercial de las grandes agencias noticiosas y no un signo incontestable de hacer periodismo. Cuando hablamos sobre la función social que cumplen los periodistas más allá del ejercicio de una profesión, es esencialmente porque su trabajo contribuye al ejercicio efectivo de un derecho de doble dimensión; esto es, de un derecho herramienta: la libertad de expresión y el acceso a la información. De sus plumas dependen miles o millones de personas que interpretan la realidad a través del trabajo periodístico.

En ese contexto los periodistas están enfrentados, cotidianamente, a pequeños (o grandes) dilemas morales y prácticos. No se trata sólo de obtener información y reproducirla, sino de entender momentos y contextos históricos, políticos, económicos y sociales para ofrecer una mirada a los lectores. Esa mirada no significa tirar por la borda las herramientas periodísticas como la verificación de datos o la veracidad de la información. Por el contrario, cuando los periodistas dejan de asumirse en el vacío de la objetividad, por fuerza la responsabilidad que significa ser vehículo del ejercicio de derechos de otros les fuerza a ser más rigurosos. Es, en palabras de Weber, el ejercicio de la ética de la responsabilidad.

El pensamiento periodístico a futuro es pues, más complejo. Ya no basta con presentar la información sin sesgo aparente. Internet ha modificado varias relaciones fundamentales en el periodismo: la del lector con el escritor, pero también –y sobre todo– la del periodista con la información. Las fuentes son casi infinitas, casi todas podrían ser verídicas (o bien su veracidad puede comprobarse de forma más eficiente y efectiva), se ha acelerado el tiempo y comprimido el espacio.

Por eso es importante que los dilemas morales del periodista sean transparentes al lector. Saber que quien informa optó deliberadamente por un camino en lugar de otro, cómo y por qué privilegió una información sobre otra, por qué prefirió un método sobre otro. Esa transparencia implica por default la falibilidad de todo lo publicado.

Pongo otro ejemplo. El libro de Esteban Iliades sobre Ayotzinapa, La noche más triste (Grijalbo, 2015) -cuya fuente principal es el expediente judicial de la PGR, hoy altamente cuestionado-, con el tiempo ha servido como instrumento del gobierno para desacreditar cualquier versión que contradiga la “verdad histórica”. ¿Habrá previsto el periodista o su editor esta instrumentalización política post publicación? ¿Habrá sido una operación deliberada? ¿Cómo armaron un rompecabezas sin todas las piezas? ¿Se trata (en el caso del periodista) de una víctima más de los conglomerados editoriales instalados en la vorágine comercial?

No lo sabemos, lo cierto es que el ejemplo sirve para darnos cuenta de por los menos dos cosas: 1) la complicada tarea de los periodistas hoy y 2) la concentración de los medios en manos de unos cuantos que hacen avanzar agendas con tal de salvar “su prestigio periodístico”.

En este contexto dominado por la violencia contra la prensa y el chayote, ¿a quién deben hablarle los periodistas? ¿Cómo hacer frente a sus dilemas morales y prácticos?

Propongo una guía mínima para enfrentar estos dilemas:

  • No soy “yo y mi objetividad”, soy un sujeto-objeto político que tiene una mirada, y no está mal.
  • No operamos en el vacío, tenemos que evaluar las consecuencias políticas e históricas de nuestro trabajo. Si no somos nosotros, nadie lo hará.
  • Nunca creas en las fuentes oficiales SIN COMPROBACIÓN DE POR MEDIO: existen pruebas suficientes para no creerle al gobierno mexicano y a su sistema de pruebas. Entre más las contrastes, mejor.
  • Internet es tu amigo.
  • Duda, duda, duda.
  • La ciencia es fundamentalmente producto de la duda; duda.
  • No tener miedo a incorporar teoría o fragmentos más ensayados. Alguien más quiere saber por qué intuyes lo que intuyes, investigas lo que investigas y concluyes lo que concluyes.
  • Si eres joven y alguien te dice “mira, tengo acceso a X información vía mi compadre/amigo/me-debe-un-favor”, corre y cuéntaselo a quien más confianza le tengas.
  • Los medios “establecidos” son el canto de las sirenas: no hay cantidad de dinero o fama que compense un trabajo a medias.
  • Si te equivocas, reconócelo y rectifica. La labor periodística es orgánica, no estática.

 

@antoniomarvel

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