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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Manceralópolis: tres pisos de desigualdad
A lo largo de los años, las noticias sobre Santa Fe son una historia de una planeación urbana desastrosa que nos ha costado mucho. Algo es sintomático, nunca caben los coches a Santa Fe: Puentes de los Poetas, Súpervía, Autopista Urbana, Ampliación de Constituyentes… nada es suficiente. Ahora nos enjaretan un tercer piso que va a tono con una política urbana que se empeña en generar mayor desigualdad.
Por Antonio Martínez
25 de julio, 2014
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Soy un privilegiado. Vivo en la colonia Escandón y trabajo a no más de dos colonias, digamos que en la zona ecobici. No sé manejar, lo digo con más orgullo que pena (y como no fumo diría que manejar es el nuevo fumar). Soy peatón y ciclista, uso principalmente el metro y el metrobús y, cuando no hay de otra, taxi, cosa que invariablemente me pone de malas. La actitud de los cochistas me pone del peor humor. “La calle es para mí”, parecen decir. Esto es parcialmente cierto; el Estado los prefiere a ellos que al resto. Son, digamos, los consentidos y por eso su actitud es de niños mimados en una tienda de dulces (unos me dicen que exagero y antagonizo grupos “cochistas vs. no cochistas”, pero sépanlo, sí hay un antagonismo).

Tengo pocas razones para ir a Santa Fe (a veces ir a cubrir las clases de mi hermana a la Ibero). Sin embargo, como alguien que no nació ni creció en el DF siempre me ha causado mucha curiosidad cómo alguien se le puede ocurrir que eso es vivible o funcional o estéticamente estimulante. De basurero a súper lujo, esa es, en una línea, la historia de Santa Fe. Lo peor es que no terminó de ser lo primero ni jamás se convirtió en lo segundo.

Como no cochista, llegar a Santa Fe es un reto que hoy tomé. Tenía dos opciones: el RTP de Chapultepec a Santa Fe o lo que me quedaba más cerca de mi casa, tomar el metrobús en la estación Escandón y en Tacubaya tomar un camión que me deja en el centro comercial. El autobús este ya me lo conozco, se va por el camino “viejo” y hace entre 45 minutos y 1 hora con 10 minutos. El viaje es sobre una calle de dos sentidos con precarias banquetas, coches estacionados, ambulantes, pequeños negocios, escuelas y casas más bien modestas.

A lo largo de los años, las noticias sobre Santa Fe son una historia de una planeación urbana desastrosa que nos ha costado mucho (pienso que a cambio de defender a los responsables que vieron un gran negocio en un exbasurero). Algo es sintomático, nunca caben los coches a Santa Fe: Puentes de los Poetas, Súpervía, Autopista Urbana, Ampliación de Constituyentes… nada es suficiente. Recientemente se anunció un tercer piso. Sí, un tercer piso.

En el segundo del tercer piso habrá un tren que irá de la Ciudad de México a Toluca. Uno pensaría que, además de ser buena idea, el tren resolvería el problema de movilidad en la zona al tener una gran capacidad de movilización de personas. Pues resulta que se necesita un tercer piso para MÁS coches. Por si no lo habían notado, construir más infraestructura exclusiva para autos incentiva el uso/compra de éstos (más créditos automotrices y muchas deudas).

Subsidiar infraestructura para coches parece una mala idea porque la capacidad que tienen de movilidad es inferior al resto de las opciones, nos sale muy caro hacerlo y en realidad genera problemas (tráfico, ruido, depreciación del valor de la zona, ¡paisaje!). Otro aspecto es que poner un piso encima del tren le quita pasajeros a éste y podría resultar en tarifas caras y subutilización. Mientras mi autobús avanza pienso que sobre esta misma colonia un tercer piso dejaría encerradas a las familias y les haría más cara la vida (quizá ése sea el objetivo y luego quieran hacer Grand Santa Fe).

Como si no existieran peatones o ciclistas o comercios o familias, la política urbana de la ciudad se empeña en generar mayor desigualdad, en hacerla, de hecho visible con tres pisos donde el rey auto va hasta arriba (o sea los más ricos) y los “pobres” del tren, abajo. Un Estado clasista que de hecho privatiza el espacio público al privilegiarlo a los coches. Los dueños de los coches son los menos en esta ciudad y en cambio se afecta la vida de quienes ahí viven. La agenda por recuperar lo público en las ciudades pasa porque la construcción pública y privada deba hacerse a escala humana, priorizando el espacio para peatones y ciclistas, y mejorando la calidad y oferta del transporte público.

Miguel Ángel Macera podría decir que no (aunque se enoje OHL y Hank Rhon), deshacer el convenio con la SCT y proponer una alternativa que, de hecho, sea congruente con su pirámide de movilidad que privilegia al peatón, luego a ciclistas, después al transporte público y por último a los autos. Sin embargo, lo que presentaron cuenta otra historia: en la cúspide los coches, luego el transporte público, después otra vez los coches y por último el peatón (excluyeron a los ciclistas).

Termina el viaje en el centro comercial Santa Fe y pienso que la ciudad que imagina Mancera y Enrique Peña Nieto es una donde quepamos muy poquitos y el resto, ¡que se joda!

 

@antoniomarvel

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