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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Mixtape 3: Atole con el dedo, real politik vol. 2
Algo pasa que en esta tierra hasta las mentiras son mentira. Sin decoro alguno, se miente públicamente sin que haya muchas consecuencias por ello. Como motivo de la pantomima está el hacernos creer una cosa por otra, darnos gato por liebre; en muchas ocasiones lo logran, parece que preferimos una mentira bien contada a la incómoda verdad.
Por Antonio Martínez
9 de septiembre, 2013
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El famoso “atole con el dedo” es una característica muy arraigada en la “cultura mexicana”. Lo pongo entre comillas porque debo decir que no soy muy partidario de poner cualquier concepto en la canasta cultural para inocularlo. Pero sí, en pocos lugares a uno le dan tanto atole con el dedo como en México, no importa el estrato social o ámbito de trabajo, el atole se encontrará a la vuelta de la esquina.

Pero, ¿de qué se trata? Empecemos por el principio. Algo pasa que en esta tierra hasta las mentiras son mentira. Definamos. Dar “atole con el dedo” significa: engañar o mentir sobre algo para obtener la aprobación (fugaz) y confianza de alguien. Del profesional al charlatán hay un sólo paso y aquí la línea es tan difusa que muchas veces es indistinguible. En el ámbito privado en muchas ocasiones es inofensivo dar o que nos den “atole con el dedo”, no pasa de un reclamo amistoso y las cosas siguen como si nada hubiese pasado. Por el contrario, en la vida pública es una práctica altamente dañina porque atrofia la relación entre gobernados y gobernantes.

Ejemplos sobran, la atolada está por doquier, basta hojear los periódicos, ver los noticieros o abrir la página de los gobiernos locales o federal en Internet. Sin decoro alguno, se miente públicamente sin que haya muchas consecuencias por ello. Como motivo de la pantomima está el hacernos creer una cosa por otra, darnos gato por liebre; en muchas ocasiones lo logran, parece que preferimos una mentira bien contada a la incómoda verdad (lo segundo nos orilla a hacernos responsables).

Veo el video de atole marca Maizena de 1979 y da en el clavo: se trata de un engaño satisfactorio. El falso vaquero que parece no desayunar más que atole y sin embargo asegura haber quedado satisfecho, con eso la esposa podría haber sido senadora.

Track 1. Los políticos.- Los políticos son los más proclives a dar atole con el dedo. En este país parece ser su trabajo diario; mal político el que no lo hace. Hay una ceguera constante en estos individuos, parece tarea imposible hacerles tomar conciencia de esto. Recuerdo hace unos años estar afuera del Senado exigiendo un paro al atolazo cuando el político Tomás Torres comenzó a hablar de él mismo en tercera persona mientras argumentaba como ese señor (él mismo) no daba atole con el dedo. Esa anécdota me hace pensar que por lo menos una generación más de gobernantes vivirá en el autoengaño: todo lo hacen “por nuestro bien”, aunque a todas luces sea por mantener sus privilegios.

Track 2. Los medios.- Algo pasa con los medios. De alguna manera la cercanía con el poder y su falta de independencia financiera del Estado, los hace sujetos clave para darnos atolito. Desde luego no todos son así, pero una buena parte de los periódicos nacionales disfraza boletines de notas, publicidad de reportajes, editoriales de crónicas. Quizá parte de la culpa recae en nosotros como consumidores de información que nos damos nuestro autoatole pensando que estamos informados por leer boletines de prensa gubernamentales en las primeras planas.

Track 3. La sociedad civil.- En un país donde la sociedad civil creció al auspicio del gobierno, no es difícil encontrar que muchas organizaciones dan y se dan su buena dosis de atole. Constantemente esconden su falta de independencia con un discurso de colaboración que, en los hechos, resulta sospechoso. Se trata de una cuestión de autoconocimiento (sí, ya en esas ando); quiero decir que las organizaciones no acaban de concebirse a sí mismas en la esfera pública, no se acaban de apropiar de su papel de “perros vigilantes” del Estado y poderes fácticos. La falta de conciencia, una vez más, nos sumerge en el mar maizena rosa.

Track 4. Atole de guayaba.- Si en la vida pública el atole con el dedo es indeseable, en la vida privada un buen atole puede reconfortarnos del frío y las lluvias en el falso verano capitalino. Aquí una receta sencilla y de temporada. Necesitamos: ½ kg. de guayabas, 5 cucharadas de fécula de maíz, 5 cucharadas soperas de azúcar, 2 latas de leche evaporada y media de leche condensada, 1 litro de agua, 1 raja de canela y cáscara de limón eureka. Para la preparación, parto las guayabas y quito las semillas, las hiervo en agua con la canela y azúcar; aparte disuelvo la fécula en media taza de agua tibia. Una vez hervidas, las guayabas las licúo con el agua en que hirvieron, pongo al fuego esta mezcla y antes de que hierva agrego la fécula disuelta. Un vez que el atole espese agrego la leche sin dejar de mover y a fuego bajo. Sirvo con las cáscaras de limón.

 

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