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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Piedras contra la corrupción
El presidente se equivoca. Cualquiera que se encuentre fuera del poder público puede lanzar la primera piedra, porque ni todo es corrupción ni todos somos corruptos.
Por Antonio Martínez
30 de septiembre, 2016
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La corrupción es el tema de moda. De un tiempo para acá en todos lados se habla de corrupción, de las estrategias para combatirla y las formas que encarna. Incluso quienes antes no tenían ningún perfil en el tema hoy son sus combativos adalides. La sociedad civil –si se fijan casi siempre son las mismas personas– no termina su incidencia en un tema cuando ya está abanderando el siguiente, cada vez es más evidente que no están cumpliendo con aumentar las capacidades de los desconocidos. En fin, que el tema ahora es la corrupción.

En parte se puede afirmar que más que una preocupación se trata de una estrategia política planeada y sincronizada: si solo un personaje político que aspira a gobernar monopoliza el tema, la sociedad civil se “queda sin agenda” para que los tomen en cuenta durante el proceso electoral. Esta estrategia política, un tanto levantada al “ahí se va” ha errado principalmente en definir con claridad a su enemigo político.

Enrique Peña Nieto afirmó que en este país nadie puede tirar la primera piedra cuando se habla de corrupción. En pocas palabras reafirmó lo que ya había dicho: la corrupción es un asunto cultural. Aunque se equivoca, tal parece que su diagnóstico es compartido en algunos sectores de la sociedad civil que se empeñan en señalar casi cualquier conducta privada, pública y social como “corrupción”.

El presidente se equivoca. Cualquiera que se encuentre fuera del poder público puede lanzar la primera piedra. Esto es, ni todo es corrupción ni todos somos corruptos. En primer lugar, cuando hablamos de corrupción solo nos podemos referir al poder público, todo lo que escape de ese contenedor, podrá ser delictivo pero no corrupto. De acuerdo a Dennis Thompson, se puede distinguir entre dos tipos de corrupción: la individual y la institucional. La individual es “aquella ganancia o beneficio personal de un servidor público a cambio de promover intereses privados”, en cambio la institucional se distingue por ser “la ganancia o beneficio POLÍTICO de un servidor público bajo condiciones que en general promuevan intereses privados”. Para establecer la primera se debe determinar el motivo, para hacerlo con la segunda se debe establecer la frecuencia.

La cosa no es tan sencilla como declarar que todos somos corruptos, o sea nadie es corrupto. No es lo mismo hacer un negocio privado deshonesto que hacer negocios con dinero público, podría ocurrir lo primero sin que por consecuencia ocurriese lo segundo. La precisión de la definiciones de corrupción personal e institucional nos dejan pocos lugares a dónde señalar. Los funcionarios públicos son los únicos corruptos; para señalar una corruptela individual, sigo con Thompson, se debe mostrar que el funcionario sabía o podía saber que el beneficio a su favor estaba siendo otorgado a cambio de su servicio o que él solicitó previamente esa transacción. Si lo que queremos es entender que la corrupción es institucional, debemos mostrar que el servidor público aceptó un beneficio y actuó en su cargo bajo las condiciones institucionales que tienden a causar que esos servicios generan esos beneficios.

Dado lo anterior es curioso que los medios sean tan selectivos en sus denuncias de corrupción. Casos, por ejemplo, como el de Alejandra Barrales y sus millones en bienes podrían entrar fácilmente en un caso de corrupción individual en tanto que el salario y puestos en su carrera pública no corresponden a los bienes declarados. Del otro lado, la investigación de Salvador Medina Ramírez, Ruta Cívica y Suma Urbana sobre la ciudad en renta en la época de Mancera, aunque encuadra perfecto en la definición de corrupción institucional, no hizo las primeras planas de todos los medios.

En conclusión, hay que aventar piedras a los funcionarios corruptos y ser estrictos en lo que llamamos corrupción. Al ser el tema de moda, corremos el peligro de que, de tanto repetir la palabra acabe por no significar nada, el escenario ideal para un político que no quiere rendir cuentas.

 

@antoniomarvel

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