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Riguroso Remix
Por Antonio Martínez
Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de De... Bloguero. Estudió derecho pero quería ser cocinero, soñaba con ser artista y es defensor de Derechos Humanos, cronista de su época aunque la época se equivoque. Hace todo al mismo tiempo. (Leer más)
Una ironía digital: el caso de Erdogan
Con el intento de golpe de Estado en Turquía una vez más se constató la importancia del libre flujo de información para ciudadanos y gobiernos.
Por Antonio Martínez
20 de julio, 2016
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Turquía no es el campeón de la libertad en línea. Con el auge en el uso de las redes sociales se ha visto una creciente pulsión por regular el contenido de la red. Durante 2014 la ley 5651 fue modificada para ampliar las facultades de bloqueo administrativo y el acceso de datos de los usuarios sin orden judicial. Aunque el tribunal constitucional de Turquía anuló estas disposiciones, en 2015 una versión modificada de la ley asegura poderes de prohibición de contenido a la agencia reguladora de Turquía.

El presidente Recep Tayyip Erdogan bloqueó temporalmente Twitter, Facebook y Youtube en abril de 2015. El presidente turco personalmente ha demandado a 67 personas por cargos de ofensa contra él, más otras dos mil personas perseguidas por el Estado bajo los mismos cargos. De acuerdo con Freedom House, el 92 % de las solicitudes para sacar de línea contenido en Twitter provinieron del gobierno de Turquía. Durante las protestas en el parque Gezi, en el 2013, Erdogan, en ese entonces primer ministro, declaró que Twitter constituía “la peor amenaza a la humanidad”, al tiempo que reprimía la insurrección y bloqueaba las comunicaciones.

En una filtración de correos oficiales del gobierno turco, se supo que la policía contrató entre 2011 y 2014 a la empresa italiana Hacking Team para usar su sistema de control remoto para interceptar las comunicaciones de los ciudadanos. Además la última reforma a la ley de seguridad nacional amplía el tiempo que las autoridades pueden hacer intervenciones telefónicas y bloqueos de señales móviles, pasando de 24 a 48 horas. Para mayo de 2015, 80 mil sitios web de Turquía fueron removidos por demandas civiles y de propiedad intelectual. Estos sitios incluyen, sobre todo, aquellos de contenido político, anti-islámico y de minorías LGBTI.

Internet es un sistema de paradojas: un mundo sin fronteras pero con límites, con amplificadores abiertos pero con interruptores distribuidos, sin centros pero corporativizado, que puede dar poder a los ciudadanos pero a costa de mayor capacidad de censura y vigilancia. Erdogan de alguna manera representa al típico enemigo de internet, cuyo poder le ha permitido ejercer todo el control posible sobre la red.

La ironía es la siguiente: el viernes 15 de julio por la noche una facción del ejército turco intentó dar un golpe de Estado. Durante 7 horas el golpe ocupó puntos fronterizos y las calles de Estambul. El saldo hasta ahora es de 265 muertos y casi 3 mil detenidos, incluido parte del gabinete presidencial. Durante las horas críticas, como se sabe, la comunicación es fundamental. El presidente Erdogan se comunicó vía FaceTime a los canales internacionales de televisión para informar la situación –a diferencia de una llamada telefónica, el sistema de videollamada acredita el estado físico y de seguridad del usuario–, además usó Twitter para pedir apoyo a sus seguidores e informar de la situación; a su vez, algunos de los órganos de gobierno transmitían por Periscope lo acontecido. El gran enemigo de las redes sociales entendió su valor en un momento crítico.

Los ciudadanos, muchos de ellos a través de una red privada virtual (VPN), pudieron darle la vuelta a los cortes de internet y mantener puntos de información a través de Facebook Live y otras herramientas. Al final, la no consumación del golpe se debió a la percepción de que fracasaba, en parte creada por las fotos virales de ciudadanos oponiéndose a los golpistas.

El récord de violación de derechos humanos, bloqueo de internet, espionaje gubernamental, detenciones arbitrarias y remoción de contenidos en línea no se acaba. Por el contrario, Erdogan ha declarado estado de emergencia en 81 provincias y ha perseguido a su propio gabinete; con seguridad continuará con su enemistad con internet. Sin embargo, una vez más se puede constatar la importancia del libre flujo de información para ciudadanos y gobiernos. De allí que resulte siempre una contradicción ver a gobernantes oponiéndose al internet libre (neutral, interoperable, con estándares abiertos) en pleno siglo XXI.

 

@antoniomarvel

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