Aquí el Estado ya no manda - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Aquí el Estado ya no manda
Visto desde su promesa formal de expropiar la violencia privada y arbitrar la conflictividad, el Estado empequeñece mientras la delincuencia organizada y las violencias crecen.
Por Ernesto López Portillo
8 de febrero, 2021
Comparte

Dos altos funcionarios federales me confirmaron recientemente que, en estricto sentido, no existe un diagnóstico de la delincuencia organizada de alcance nacional. Puedo confirmar que la entonces PGR nunca lo tuvo y no sé con qué cuenta la Fiscalía General de la República.

El aparato civil de seguridad nacional -o lo que queda de él- no informa al respecto. Por su lado, las instituciones militares siempre han mostrado información parcial que parece enseñar algún tipo de diagnóstico, pero no dan a conocer lo suficiente para que el público sepa si tienen alguna interpretación formal del fenómeno, qué tan sólida es y cuál es su cobertura territorial.

Trabajando en proyectos diversos con gobiernos estatales y municipales, tampoco logro confirmar la existencia, en estricto sentido, de diagnósticos locales sobre las organizaciones delictivas, más allá de caracterizaciones parciales sobre algunos de sus miembros y actividades.

No ha habido, no hay y muy probablemente no habrá una versión oficial mínima y suficiente que explique a la sociedad qué es la delincuencia organizada, según el Estado.

El absurdo es descomunal: representantes de instituciones de todo tipo y de los tres órdenes de gobierno hablan de ella sin fundar su dicho en caracterización sólida alguna. No podría ser de otra manera, si lo miramos por ejemplo desde el punto de vista de la impunidad. Acaso el Estado no muestra interpretaciones profundas de la delincuencia organizada porque no cuenta con la información para hacerlo, comenzando por la inexistencia de expedientes judiciales penales donde se haya reconstruido el fenómeno, desde el punto de vista de las responsabilidades penales.

Mejor no hablemos de la disponibilidad de material oficial alguno que ponga a discusión el paradigma oficial fallido que, paradójicamente, pone discursivamente en el centro el componente que en la práctica no activa o activa al mínimo posible: la vía penal.

Pero el asunto trasciende el aparato penal y entonces el absurdo se observa de otra manera. Exactamente mientras confirmo que el Estado tampoco produce interpretaciones para reconstruir el fenómeno desde enfoques, por ejemplo, sociológicos, antropológicos o desde la teoría política, sigo encontrando la frase que he escuchado ya por tres décadas: “aquí todo mundo sabe quiénes son”.

Nada nuevo bajo el sol, se puede decir, excepto porque el relato sí viene cambiando, en particular en mis conversaciones con operadores de las policías y las fiscalías, quienes en muchas ocasiones ya no me hablan de la penetración de la delincuencia organizada en las estructuras del Estado y el poder empresarial, sino del dominio local de las organizaciones criminales, hasta el punto de ser ellas quienes deciden quién hace qué en el terreno.

Desde el proyecto Noria sobre violencia en México y América Central se parte del supuesto de que las elaboraciones expertas, académicas y periodísticas, y también las políticas de seguridad “mantienen una distancia física y analítica de las realidades locales que afectan la región”. Me parece una hipótesis válida que justamente se confirma cuando podemos mirar los hallazgos de las muy escasas aproximaciones que sí se acercan a esa realidad local.

Por ejemplo, cuando alcanzamos a escuchar las palabras de líderes de organizaciones delictivas, cuando confirmamos la captura total de instituciones para la operación criminal, cuando se publican esfuerzos de medición de la cantidad de organizaciones armadas con metodologías no mediadas por el discurso oficial -por cierto, se me ha informado que pronto se publicará la versión actualizada de este conteo-,  o bien cuando leemos elaboraciones recientes, desde la teoría política y con evidencia empírica de soporte, sobre la interdependencia entre el Estado y la delincuencia organizada.

“Si tu fotografía no es suficientemente buena es que no estás suficientemente cerca”, se lee en el llamado que en mayo del año pasado lanzó el proyecto Noria para desmontar la narrativa de las guerras y avanzar hacia un entendimiento local de las violencias en México y América Central.

En el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero Ciudad de México (@PSC_IBERO) estamos buscando y sistematizando todas las referencias de consulta que, desde distintas miradas, enseñan el colapso del monopolio de la violencia estatal. La evidencia es a todas luces suficiente para sostener la siguiente hipótesis: el Estado empequeñece -visto desde su promesa formal de expropiar la violencia privada y arbitrar la conflictividad-, mientras la delincuencia organizada y las violencias crecen.

Otra discusión está en la utilidad política de renunciar a construir una versión pública sólida sobre la delincuencia organizada y las violencias asociadas a ella, en perspectiva local profunda. En otras palabras, tenemos que entender por qué se invierte tanto en que sepamos tan poco. Ya son décadas en las que el tema de la delincuencia organizada está diario en todos lados, pero a la vez ella misma, en el discurso oficial, comenzando por el sistema penal, no parece estar en ninguno.

El Estado no sabe, pero la gente siempre dice saber. Vaya.

Para concluir, regreso a la voz de los propios operadores de las policías y las fiscalías; son ellos quienes me lo vienen repitiendo: ya no es el Estado el que se impone en más y más territorios.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.