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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Claudia Sheinbaum y la seguridad ciudadana
El desafío para Claudia Sheinbaum es apenas descriptible. Encontró una ciudad donde los riesgos, los daños y los temores afectan a la inmensa mayoría. Donde las violencias se han masificado, diversificado y agudizado.
Por Ernesto López Portillo
25 de marzo, 2019
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Quien jamás ha sido parte o beneficiario de un proyecto exitoso de seguridad, difícilmente cree que ésta es posible. La mejor manera de entender la seguridad ciudadana tal vez sea así: funciona con la gente y para la gente, o no funciona. En el conocimiento especializado se le llama coproducción de la seguridad. Autoridades y ciudadanía trabajando juntos. Se publica reporte tras reporte insistiendo en lo mismo. Según el prestigiado Foro Europeo para la Seguridad Urbana, el principio es de tal relevancia que ha quedado incluido en el título de su más reciente manifiesto: Seguridad, Democracia y Ciudades: Coproducir las Políticas de Seguridad Urbana.

En la Constitución de la Ciudad de México se sustituyó la seguridad pública por la seguridad ciudadana. En la primera, las instituciones del Estado se colocan a sí mismas en el centro de la protección, mientras que en la segunda las personas van al centro. La seguridad ciudadana obliga la reinvención de la política pública y por tanto del diseño normativo, institucional y presupuestal, todo a su vez atravesado por los más modernos enfoques de derechos humanos, comenzando por el de género, y por un sistema de rendición de cuentas donde no hay justificación posible de las decisiones y acciones de la autoridad, si no son las personas, y sobre todo las que viven en las condiciones más vulnerables, las que las validan. Este paradigma no acepta una ruta que ofrezca más seguridad a cambio de menos derechos.

Quitar “pública” y poner “ciudadana” no es nada más un cambio de nombre. En la experiencia internacional es un cambio de paradigma que muchas veces es más aspiracional que real, dado que implica un esfuerzo mayor de muchas personas involucradas. Un ejemplo sencillo: poner más policía en una colonia es una típica estrategia de seguridad pública, que se repite aún sin el impacto positivo deseado. Desde un enfoque de seguridad ciudadana, lo que procede es construir un diagnóstico participativo focalizado bajo una mirada amplia que involucra, tanto en la definición del problema, como en la implementación y evaluación de las intervenciones, a dependencias diversas y actores privados también diversos. La policía, en el segundo caso, es uno entre varios componentes.

Es moderna y ambiciosa la nueva plataforma constitucional en el tema. Incluye un enfoque prioritario en la prevención y en la participación y ordena la coordinación entre la Jefatura de Gobierno y las alcaldías. Si no jalan juntos, dicho sea de paso, jamás habrá éxito alguno en seguridad ciudadana, habida cuenta que son justamente las alcaldías el terreno inmediato para construirla.

El desafío para Claudia Sheinbaum es apenas descriptible. Encontró una ciudad donde los riesgos, los daños y los temores afectan a la inmensa mayoría. Donde las violencias se han masificado, diversificado y agudizado. Además, le entregaron una urbe donde el crimen organizado, como en todo el país, compite por el control de mercados ilegales y territorios con violencia extrema, alta capacidad de corrupción y bajo la impunidad generalizada.

Por si fuera poco, en estricto sentido, la seguridad ciudadana en la nueva Constitución de la Ciudad de México y la reforma a la Constitución General que crea la Guardia Nacional, representan paradigmas diferentes.

La Jefa de Gobierno y las y los alcaldes tienen la obligación de refundar las políticas y las instituciones responsables de la seguridad en la Ciudad de México, migrando desde la seguridad pública hacia la seguridad ciudadana. No es factible que eso suceda en el corto plazo; pero existe abundante conocimiento, métodos y experiencias que enseñan rutas para hacerlo progresivamente, reconociendo la necesidad de combinar, por un lado, las medidas inerciales y, por el otro, la creatividad disruptiva. Un buen programa rector debería ofrecer la ruta claramente, a su vez asociado a una nueva ley de seguridad ciudadana en verdad moderna y a la vez precisa en sus alcances.

“Ciudad innovadora y de derechos” es el eslogan que presentó Claudia Sheinbaum. El significado es terreno ideal para construir seguridad ciudadana. Si es un cambio de nombre o es una transición paradigmática, está por verse.

 

@ErnestoLPV

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