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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Consulta, sociedad civil y crisis de sentido
La consulta popular enseñó con enorme claridad los límites que los agentes sociales diversos tenemos con respecto a nuestra capacidad de articular una estrategia de incidencia, en este caso relacionada con el acceso a la justicia frente a las violencias pasadas y presentes.
Por Ernesto López Portillo
2 de agosto, 2021
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Todas las organizaciones de la sociedad civil que he conocido desean tener mayor capacidad de incidencia, es decir, de influir en las decisiones políticas a favor de una agenda determinada. Y todas ellas relacionan los límites en su capacidad de incidencia, entre otras cosas, con una débil articulación entre ellas, incluso cuando hay coincidencias profundas en sus luchas, resistencias y propuestas. He observado lo mismo en la academia y el periodismo vinculados a procesos de incidencia.

Recientemente acuñé el concepto de síndrome de archipiélago para este fenómeno. Me refiero a un fenómeno donde muchos agentes sociales identificados en sus agendas, operan de manera independiente. Exactamente como un archipiélago: islas distantes y a la vez identificadas por un origen geológico común.

De frontera a frontera, literalmente, desde Tijuana hasta Tapachula, pasando por conversaciones con agentes sociales autónomos activos por no menos de veinte estados de la República, el lamento que he escuchado es el mismo con respecto a la fragmentación. Comprobando esto una vez tras otra, he planteado en diversos conversatorios la idea de que esto en el fondo representa una crisis de sentido, es decir, una confusión con respecto a los fundamentos de la identidad y el propósito de la sociedad civil organizada, la academia y el periodismo vinculados a tareas de incidencia.

He probado en muchas ocasiones hacer la siguiente pregunta: ¿qué es para ti la incidencia? Mi hipótesis era que encontraría definiciones generales similares respecto a qué es la incidencia, pero diferentes en lo particular, en torno a cómo se construye la incidencia. Confirmé la hipótesis con creces, encontrando, primero, claridad en la ambición de influir a favor del cambio deseado y, segundo, una amplia diversidad de respuestas concretas respecto a los “cómos”; pero, en tercer lugar, encontré confusión. Llamo confusión a la falta de coherencia entre lo que se quiere lograr y cómo se quiere lograr.

Con estos hallazgos avancé entonces a la siguiente hipótesis: no se invierte en una reflexión profunda respecto a la identidad política propia, de lo cual se siguen contradicciones múltiples, en especial la que opone objetivos mayores contra estrategias menores de incidencia.

En la Dirección de Incidencia de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México han emergido estas discusiones y hasta ahora solo hemos confirmado su enorme complejidad, asomándose de inmediato muchas respuestas posibles en la construcción de lo que tal vez algún día podríamos llamar un modelo de incidencia.

La consulta popular de ayer domingo, a mi parecer, enseñó con enorme claridad los límites que los agentes sociales diversos tenemos con respecto a nuestra capacidad de articular una estrategia de incidencia, en este caso relacionada con el acceso a la justicia frente a las violencias pasadas y presentes.

La consulta encontró centenas de agentes sociales vinculados a iniciativas directa o indirectamente asociadas con el acceso a la justicia, en clave de derechos humanos, pero los halló fragmentados, a la manera de islas de un archipiélago.

Y lo central es que la fragmentación debilitante es nombrada por, me atrevo a decir, centenas de actores que están “del mismo lado de la mesa”, construyendo prácticas y saberes que buscan incidir en lo mismo. No hay una organización, un colectivo, una persona en la academia o en el periodismo cuya agenda sea más válida que las otras, no estoy hablando de eso; justo al revés, porque todas ellas tienen un rol importantísimo que jugar, es pertinente problematizar y quizá resolver su fragmentación.

No es una crisis de sentido relacionada con la capacidad de producir saberes de cara a las violencias e impunidad desfondadas; todo lo contrario, jamás se había construido tanto desde la gestión autónoma del conocimiento disciplinar y adisciplinar.

La crisis está más bien en la debilidad crónica de la gestión política articulada de esos saberes, en especial los anclados en la experiencia de las víctimas.

No sabemos convertir el archipiélago en continente.

@ErnestoLPV

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