El GIEI Ayotzinapa desnudó la metástasis
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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
El GIEI Ayotzinapa desnudó la metástasis
Las instituciones se pudren porque se les puede manipular desde arriba -y desde abajo y desde todos lados- sin consecuencias. El problema de fondo no es de personas, es de sistemas.
Por Ernesto López Portillo
29 de marzo, 2022
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La palabra que sintetiza mi análisis es disponibilidad. Lo que ha informado el GIEI implica la confirmación de un problema estructural y sistémico del Estado mexicano. El síntoma es la disponibilidad institucional.

¿Qué significa esto? En términos sencillos y prácticos, significa que las instituciones civiles de seguridad y procuración de justicia y militares están disponibles para ser usadas por los mandos, independientemente del mandato legal.

Habrá quien responderá que esto no es novedad y tendrán razón; lo que sí debería ser novedad es lo que hacemos ante esta verificación empírica de la disponibilidad institucional. Así lo podemos entender mejor: no es una o algunas manzanas podridas. Son barriles de manzanas podridos.

Los contenedores de las manzanas están podridos. Las instituciones se pudren porque se les puede manipular desde arriba -y desde abajo y desde todos lados- sin consecuencias. El problema de fondo no es de personas, es de sistemas.

Están descompuestas las reglas, las estructuras, los procesos y las prácticas. Por eso, cambian a las personas y las instituciones generalmente siguen fallando. Entonces lo que hay que hacer es modificar los diseños institucionales si se espera que las instituciones cambien.

¿Y qué significa cambiar a las instituciones? No hay secretos, no es ciencia inalcanzable; es un asunto claro y concreto y se llama rendición de cuentas. Puede ser poco atractiva la solución, pero ni modo, la experiencia internacional al respecto es clarísima: las instituciones funcionan por encima de los mínimos aceptables cuando rinden cuenta y por debajo cuando no.

Entiendo la rendición de cuentas como un sistema de controles basado en contrapesos. Si procuradores y mandos policiales y militares pueden ordenar la destrucción de evidencia o ejercer la tortura -o tolerarla como política institucional-, es porque no hay control.

Cualquier persona en el servicio público adquiere poderes, si esos poderes no se equilibran con controles, todo está perdido. Ahora bien, un sistema de rendición de cuentas caído es una decisión política.

No sobra insistir: poderes sin controles es la llave de la putrefacción institucional. Y con instituciones podridas no importa cuánta gente cambie. Entonces miro el reporte III del GIEI Ayotzinapa como una especie de anatomía de sistemas colapsados de rendición de cuentas.

Lo urgente es cambiar la definición profunda del problema para cambiar la definición de la solución. Centenas de reformas legales e institucionales y todo el presupuesto del mundo jamás alcanzarán para modificar las prácticas, si están apagados los controles basados en contrapesos.

Es un cáncer hecho metástasis; puedes extirpar tumores aquí y allá, pero la enfermedad ha invadido el cuerpo entero o buena parte de éste. El cáncer es la debilidad crónica de los sistemas de contrapeso y control. Ayotzinapa enseña que esa enfermedad puede incluso abarcar cadenas de mando completas civiles y militares por igual.

Entonces tal vez podemos decir que no hay novedad, pero en realidad el valor comparado inédito del Informe III del GIEI Ayotzinapa es que pone a la vista la disponibilidad institucional civil y militar, pone a la vista la metástasis. Y me temo que, salvo excepciones, el Estado mexicano no asumirá este enfoque de diagnóstico y remedio.

El informe es una oportunidad de oro porque desnuda el cáncer más allá del tumor de aquí o de allá y el tratamiento para esta metástasis es el rediseño de los sistemas de control y contrapeso. Solo así pararíamos la disponibilidad institucional.

Debe llegar la decisión política y la presión social enfocadas en perspectiva estructural y sistémica, más que personal. No son manzanas podridas, están podridos los barriles, es decir las instituciones -o segmentos mayores de ellas-, y esa putrefacción fluye desde las cabezas políticas y es socialmente tolerada.

En síntesis: el síntoma es la disponibilidad institucional. La enfermedad es la debilidad crónica de los sistemas de rendición de cuentas, soportada a la misma vez en la decisión política y en la tolerancia social. El remedio es el cambio político y social orientado hacia el robustecimiento de dichos sistemas.

Poco probable en lo general; sucederá excepcionalmente.

@ErnestoLPV

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