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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
El vacío que estaría construyendo la Guardia Nacional
Habilitada la SEDENA como la policía del país, quizá la pregunta que subyace es cómo y para qué gestionará la multiplicación de sus poderes y recursos en el terreno, en particular en este contexto de disputa de soberanías y territorios.
Por Ernesto López Portillo
13 de septiembre, 2021
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En la más aceptada definición del quehacer policial, se habla en general de dos grandes funciones: prevenir e investigar los delitos. La información disponible respecto a la Guardia Nacional (GN) no permite confirmar que esa institución tiene o está en ruta de instalar las competencias necesarias para cumplir estas tareas. Lejos de ello, podríamos estar ante la construcción de un vacío con consecuencias mayores, de manera que los militares van haciendo a un lado a la policía y se van abriendo espacios donde la respuesta policial del Estado, en estricto sentido, va despareciendo.

Ninguna de las personas que conozco en funciones policiales y académicas especializadas en el tema, incluyendo del propio gobierno federal, sabe qué está haciendo en estricto sentido la Guardia Nacional. Nadie ha podido confirmar que esa institución en efecto se soporta en un modelo institucional propio de una policía.

Para una persona promedio, esto parece poco menos que irrelevante. Me lo dicen en Twitter con frecuencia: no importa si la inmensa mayoría de quienes integran la GN ni siquiera está certificada, según el mandato de su propia ley; tampoco importa si esa institución tiene una doctrina, un plan de desarrollo, una estrategia y todas las herramientas propias de una policía moderna, me repiten de múltiples maneras.

Es perfectamente comprensible y es un problema mayor a la vez. El Estado mexicano ha destruido a las instituciones policiales a tal punto, que casi nadie pone atención al asunto, habiéndose fracturado para tanta gente la idea de que la policía funciona o puede funcionar para cuidarnos y servirnos; pero la irrelevancia social y también política respecto a lo que realmente es y hace la Guardia Nacional es en realidad una muy mala noticia, porque justo así se echan por tierra las posibilidades de su auténtica rendición de cuentas.

Ya sabemos que la percepción social mayoritaria respecto a la Guardia Nacional no tiene que ver con sus resultados. El proyecto presidencial prevaleció incluso por encima de la Constitución misma y, sabiendo el Ejecutivo Federal que podría alinear la aprobación popular mayoritaria hacia él y hacia las Fuerzas Armadas, posicionó a la GN como un activo de su gobierno, sin pasar primero por la justificación técnica al crearla ni luego por la evaluación de esa institución al operarla. En síntesis, a cielo abierto la pregunta no es para qué sirve esa institución, sino en dónde más la ponemos.

Crece la red de personas especializadas independientes que, desde la academia, la sociedad civil y el periodismo monitorea a la GN y hace cuestionamientos y propuestas de mejora. Pero ninguna de ellas, hasta donde sé, ha conseguido dialogar con la institución. Además, el presidente y la SEDENA decidieron incumplir el mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, incluido en la sentencia del llamado caso Atenco, donde ordenó la creación de un observatorio externo de rendición de cuentas.

Pero, repito, la narrativa hegemónica no pone a la GN en discusión. Habiéndose manipulado políticamente con gran habilidad, haga lo que haga y diga lo que diga esa institución, hemos llegado al punto en el que cuestionarla es tanto como cuestionar al presidente y su proyecto, exactamente como él lo quería.

Nuestro monitoreo desde el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX permite afirmar que la GN no es una institución civil y tampoco apunta a ser una institución policial en estricto sentido (estamos trabajando en una pedagogía social que impacte más y más en la comprensión pública de lo que es y lo que no es esa institución).

Un ángulo de análisis que no llega a la mirada pública es la experiencia que la policía tiene frente a la Guardia Nacional y la SEDENA. Toda mi carrera profesional, desde inicios de los noventa del siglo pasado, representantes de la policía me han alertado, casi siempre pidiendo anonimato, de la incompetencia militar en materia policial. Pero ahora los mensajes asociados al despliegue de la GN vienen enseñando la posible construcción de un vacío, de manera que sin tener las competencias mínimas necesarias de prevención e investigación del delito, se impone la autoridad militar para ir retirando o subordinando a la policía.

Una cosa es segura: no se discutirá lo que verdaderamente es y hace la GN porque no hay contrapeso político ni social que lo haga posible. Y una vez reformada la Constitución para que ella sea integrada a la SEDENA, la pinza del aprecio social mayoritario al presidente y a las Fuerzas Armadas acaso ahorcará definitivamente cualquier posible deliberación democrática en torno a la GN, sea cual sea la evidencia sobre la crisis de las violencias y la delincuencia.

Habilitada la SEDENA como la policía del país, quizá la pregunta que subyace a todo esto es cómo y para qué gestionará ella la multiplicación de sus poderes y recursos en el terreno, en particular en este contexto de disputa de soberanías y territorios.

No tengan duda, por esta vía el Estado mexicano -más allá del presidente en turno- se aleja más y más de la reforma democrática de las políticas e instituciones de seguridad.

@ErnestoLPV

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