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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Secretario Técnico del Foro Mexicano para la Seguridad Democrática de la Ibero, Ciudad de Méxi... Secretario Técnico del Foro Mexicano para la Seguridad Democrática de la Ibero, Ciudad de México. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow. (Leer más)
Guardia Nacional: voto ciego*
La nueva promesa de seguridad mediante la creación de la Guardia Nacional no nace desde el aprendizaje por parte del Estado, sino justamente fluye de su incapacidad para aprender.
Por Ernesto López Portillo
31 de diciembre, 2018
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Enuncio tres pruebas plenas del extravío que padece México en materia de seguridad pública. La primera es la evidencia del fracaso dada la violencia incontenible; la segunda es el intercambio de posturas en materia de mando único, colocándose los partidos políticos a favor o en contra según la coyuntura sexenal y la tercera es el alineamiento a favor de la intervención militar en tareas policiales, por parte de los principales polos ideológicos representados.

A casi un cuarto de siglo de la reforma constitucional que creó el Sistema Nacional de Seguridad Pública, no hay una ruta con rumbo definido por la cual el país avance para recuperar la paz. Estamos más bien atrapados en una especie de viaje errante que ha colocado al país en condición de laboratorio del fracaso en materia de violencia, seguridad y derechos humanos, habiendo colapsado una a una todas las promesas de profesionalización de las políticas e instituciones de seguridad pública.

La nueva promesa de seguridad mediante la creación de la Guardia Nacional no nace desde el aprendizaje por parte del Estado, sino justamente fluye de su incapacidad para aprender. Por eso desde aquella reforma constitucional hasta hoy día no es posible encontrar una plataforma de buenas prácticas avalada por el Estado mexicano y sujeta a evaluación técnica válida y confiable. Es como si tuviéramos un sistema de salud que no sabe qué cura y qué no cura las enfermedades.

La ausencia de una plataforma de conocimiento construida desde los estándares aceptados de la investigación científica y a través de la rendición de cuentas propia de políticas públicas democráticas, ha creado un vacío que da paso no solo a las dañinas decisiones de corto plazo basadas en la rentabilidad electoral, sino a un concierto interminable de voces ansiosas que, con la mejor o la peor intención, exigen la solución a quien sea, menos al Estado. Por eso ante el pensamiento crítico que exhibe la falla, el grito desesperado incluye la pregunta que descalifica: “¿y tú qué propones?”.

Llegamos a la propuesta de la Guardia Nacional a la manera de fase superior de varias confusiones. La primera es la confusión generalizada entre seguridad pública y quehacer policial. La resistencia de Estado al aprendizaje es de tal magnitud que ni siquiera hemos llegado –salvo contadas excepciones- a construir ofertas programáticas que coloquen a la policía como parte de un complejo de herramientas para la seguridad, de la mano de la prevención. Sigue la gran mayoría en México pensando que la mejora de la seguridad equivale a la mejora de la policía y siguen publicándose sin parar materiales que a la vez incluyen y van más allá de la propia policía

Detrás de la propuesta de la Guardia Nacional se asoma otra gravísima confusión, en este caso entre la seguridad pública, la seguridad nacional y la seguridad interior, al punto de llevarlas todas a una misma bolsa de atribuciones en la nueva Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, tema del que me ocupé aquí recientemente.

Y si cualquier concepto de seguridad cabe en una sola bolsa, entonces es “fácil” construir el relato de que la intervención de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública es “la única solución posible”. Si no hay fronteras conceptuales, tampoco las hay jurídicas y menos institucionales. Es lo que he llamado la trampa de Estado, siempre envuelta en un papel que dice “urgente”. La autoridad dice que necesita la intervención militar porque no se han profesionalizado a las policías, cuando es la propia autoridad la que no profesionaliza a las policías para decir que necesita la intervención militar. Es un bucle falaz.

La nueva promesa es la Guardia Nacional y viene acompañada de  la vieja promesa de la profesionalización policial (una y mil veces sin el mapa de ruta precisa correspondiente). Y vuelven a decir que los militares lo harán bien, ahora aduciendo que ya fueron formados en seguridad pública (no se conoce evaluación alguna del impacto de esa formación).

El dictamen a votar que reforma la Constitución para crear la Guardia Nacional rebasa por la derecha a la Ley de Seguridad Interior y, al igual que ésta, lo hace sin una plataforma de evidencia empírica sistematizada y aprendizaje basado en la experiencia que conecte la propuesta con argumentos racionales que la justifiquen.

Es un nuevo salto en una vieja historia. Es una propuesta ciega que merecerá un voto ciego.

La vía hacia la recuperación de la seguridad y la paz es otra.

Continuará.

* Este texto es el primero de varias entregas que haré antes del próximo 10 de enero de 2019, fecha en la que participaré en las audiencias públicas sobre la Guardia Nacional a las que he sido invitado por parte del diputado Mario Delgado

@ErnestoLPV

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