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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
La política de la humillación
La división profunda, la polarización y el odio en Estados Unidos se explican desde al resentimiento sembrado a consecuencia de la humillación de las élites sobre unas u otras poblaciones sometidas y marginadas.
Por Ernesto López Portillo
14 de septiembre, 2020
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Mientras miraba un espléndido documental sobre la división y la polarización política en Estados Unidos, recibí la recomendación de leer el artículo recién publicado intitulado ¿Quién puede ganar la política estadounidense de la humillación? Son materiales que ayudan a entender lo que está sucediendo allá, pero también acá en México y quizá en muchos lugares más.

Desde mi ángulo de observación, habiendo dedicado ya 30 años a promover la seguridad con derechos humanos, hace unos cinco comencé a preguntarme sobre la percepción, los valores y las actitudes de la gente, de cara a la crisis de las violencias y de las violaciones graves a esos derechos.

Esta pregunta surgió luego de comprobar, una y otra vez, la irrelevancia de la evidencia respecto a qué funciona y qué no funciona para reducir las violencias y esas violaciones graves, tanto en el fundamento de las decisiones de la gran mayoría de los gobiernos, como de las exigencias sociales relacionadas con esto.

Cuando confirmé que pasaba el tiempo y seguíamos hablando mucho del crecimiento de esos fenómenos, pero muy poco o nada de cómo reducirlos, se dislocaron mis referentes de comprensión del problema y de las posibles soluciones.

Luego de una revisión apenas inicial de la comunicación política, la psicología aplicada a ella y la teoría cognitiva, me encuentro replanteando muchas de mis hipótesis de trabajo; un parteaguas para mí fue cuando propusimos al Congreso de la Unión crear un panel de análisis de la evidencia para tratar de reunir elementos de comprobación, a favor o en contra de la creación de la Guardia Nacional y la sugerencia ni siquiera fue contestada.

Ese momento sintetizó décadas de esfuerzos mayormente infructuosos tratando de pasar las decisiones en la seguridad pública por el filtro de la verificación (habiendo impartido por años la materia de Políticas Públicas, me parece que hay un enorme vacío cuando se trata de medir la distancia entre la teoría y la práctica en el ejercicio de gobierno, dicho sea de paso).

En el artículo que mencioné antes, Thomas L. Friedman escribe que “En la política, mucha gente no escucha con sus oídos sino con las vísceras”, idea que formula recogiendo el concepto de “política de la humillación”, de Michael Sandel. La división profunda, la polarización y el odio en Estados Unidos se explican desde el resentimiento sembrado a consecuencia de la humillación de las élites sobre unas u otras poblaciones sometidas y marginadas, en función de proyectos políticos soportados en una meritocracia que, así como premia a quien gana, desprecia a quien pierde.

Si tener un grado académico o no era la frontera entre quien merece ser premiado y quien solo merece ser despreciado, pues nada menos que dos terceras partes del voto a favor de Trump fueron de personas sin grado académico. La revancha de las y los humillados, según el análisis de Sandel.

En esta búsqueda de respuestas a la pregunta de cómo pensamos y actuamos, en general de cara a los grandes problemas colectivos y el conflicto asociado a ellos, y en particular respecto a la prolongación de las violencias y las violaciones graves a los derechos humanos, empiezo ahora a leer La mente de los Justos, ¿por qué la política y la religión dividen a la gente sensata?, de Jonathan Haidt, aproximación desde la psicología moral que coloca en el centro el análisis de la intuición y los instintos como guías del razonamiento.

Nada puedo concluir, desde luego, ni siquiera tengo aún hipótesis propias elaboradas. Pero mirando el documental referido, donde se enseña la manera como se ha sofisticado la manipulación de los auditorios, precisamente usando la comprensión en torno a la humillación y el odio que ésta produce, mi pregunta es si estas interpretaciones no harán sino, justamente, profundizarlos.

En todo caso, lo que ya entendí es que nuestra insistencia a favor de la evidencia, además de no convocar, ahora ha sido etiquetada y usada para producir división, prologando la condición de irrelevancia, a cielo abierto, de la pregunta sobre qué funciona y qué no funciona en materia de seguridad ciudadana.

Dice Friedman que la humillación es la fuerza más subestimada en la política, mientras que la escucha es la señal máxima de respeto. ¿Es posible remontar la polarización para ir hacia la escucha? O más bien la brutal polarización solo irá cambiando la mano de quien tiene el poder de la humillación.

@ErnestoLPV

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