Los militares no fallarán… aunque fallen
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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Los militares no fallarán… aunque fallen
La Corte puede poner alto y en cierta medida solo tiene que recordar lo que ya dijo antes, pero parece muy difícil justo cuando la intervención militar, comparada con el 2018, es más amplia que nunca. Es el mismo hecho, pero es diferente el dominio político.
Por Ernesto López Portillo
19 de septiembre, 2022
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Hemos entrado en una nueva etapa en las relaciones entre el poder público civil, la sociedad y las Fuerzas Armadas. Las reformas en el Congreso de la Unión que entregaron la Guardia Nacional a la Sedena fueron aprobadas sabiendo sus promotores que se trataba de un texto inconstitucional. Se impuso el poder hegemónico sobre la Constitución misma y acaso la idea fue precisamente eso: ejercer un acto de poder que demostrara la fuerza acumulada.

Cuando la Suprema Corte en el 2018 tiró la Ley de Seguridad Interior, se trató de contener la intervención militar en la seguridad pública por tratarse de un “fraude a la Constitución”. Solo cuatro años después, cambió la correlación de poderes y ahora exactamente el mismo fenómeno bajo la misma norma suprema es reinterpretado desde la nueva narrativa hegemónica y ya no emerge la etiqueta de “fraude a la Constitución”.

Ciertamente, aún la Corte puede poner alto y en cierta medida solo tiene que recordar lo que ya dijo antes, pero parece muy difícil. Más bien el supremo tribunal se viene desdibujando, justo cuando la intervención militar, comparada con el 2018, es más amplia que nunca. Es el mismo hecho, pero es diferente el dominio político.

¿Qué cambió del 2018 al 2022? La Presidencia de la República, la Sedena y la Semar habrían tejido un nuevo acuerdo político que llevó a López Obrador a cambiar de opinión. El presidente dio la espalda a su oferta reiterada en campaña de regresar los militares a los cuarteles y luego también dio la espalda a la reforma de 2019, aprobada de manera unánime, que dio vida a la Guardia Nacional civil.

Dos hechos parecen confirmar que estamos estrictamente ante un acto de poder supraconstitucional que en el fondo no admite debate: primero, las discusiones en San Lázaro y en el Senado no incluyeron una disputa basada en evidencias para responder qué funciona y qué no funciona para reducir las violencias, fortalecer el acceso a la justicia y reducir la impunidad; segundo, la prisa para aprobar la reforma, haciendo irrelevante la posibilidad de convencer con argumentos y cumpliendo así con la doble instrucción presidencial: aprobar y aprobar rápido.

La escalada militar equivale a la retirada civil; los militares no entraron quitando a los civiles, más bien éstos se fueron quitando para entregarles la responsabilidad de la seguridad a aquéllos. López Obrador no empezó nada de esto, pero lo llevó a lo que ahora parece un punto de no retorno.

Por más de treinta años he conversado con personal militar de todas las jerarquías; especialmente relevantes han sido algunos intercambios prolongados por años con generales. En mi percepción, las culturas institucionales que esas personas representan no admiten tener que justificar nada fuera de la cadena de mando. Ante cuestionamientos externos a esas instituciones, la respuesta es cerrar, más aún cuando se fundamentan las observaciones críticas con evidencias. Y entre más se empuja el escrutinio externo, más potente es el auto encierro.

Vienen nuevos tiempos luego de la decisión del presidente y los militares, y bajo esta correlación de poderes mi predicción es que los militares no fallarán… aunque fallen. Hagan lo que hagan, con los resultados que sean, esta hegemonía política reducirá más y más cualquier narrativa crítica. Al tiempo.

@ErnestoLPV

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