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Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Mando único policial: la confianza no aparece en el tablero
Para los partidos políticos y sus gobiernos el modelo policial tiene que ver mucho más con la lucha por el poder y el control de recursos, y mucho menos con el servicio y la protección ciudadana. Por eso la confianza pública puede estar fuera del tablero.
Por Ernesto López Portillo
20 de enero, 2016
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Por décadas he insistido en colocar la confianza en el centro de la evaluación del desempeño de las instituciones policiales en México. No inventé nada. En 1829 el inglés Robert Peel, considerado el padre de la policía moderna, publicó una lista de principios que hoy son reconocidos en buena parte del mundo como la inspiración original de esta función pública. El segundo de los postulados dice así: “La habilidad de la policía para realizar sus funciones depende de la aprobación pública de sus acciones”. Quienes promueven el mando único o la policía estatal única no incluyen argumento alguno asociado a este postulado esencial. No hay investigaciones, evidencia, consultas, debates o informe público alguno en la base de la propuesta que permita trazar una relación posible de causa efecto entre unificación del mando o unificación de la policía en cada entidad federativa y el fortalecimiento de la confianza pública hacia ella.

El siguiente ejemplo es elocuente. La policía de la Ciudad de México es la referencia que muchos utilizan para argumentar que la unificación funciona y la confianza en la policía preventiva capitalina asciende a 33.6%, en la de tránsito equivale a 25.2% y la Ministerial merece 24.8% de confianza, según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción de la Seguridad Pública de INEGI, 2015. Más aún, la misma fuente enseña que en esta ciudad el 78.5% se siente inseguro y la investigación académica ha logrado establecer una relación entre la percepción de la seguridad y la confianza hacia la policía. Si la policía de la capital del país es ejemplo a seguir entonces no hay duda: la confianza no está en el tablero.

Si la respuesta del Estado mexicano a la propuesta del mando único originalmente planteada por el entonces presidente Felipe Calderón hubiera sido la puesta en marcha de un programa ambicioso de investigación, basada en evidencia empírica, hoy habría argumentos técnicos sólidos en torno al tema. En aquel sexenio, como en el actual, la discusión se ha quedado principalmente en posturas políticas, no técnicas. Por eso vemos fluir mensajes a favor o en contra del mando único o de la policía estatal única, sin tomar en cuenta las evidencias del INEGI y otras fuentes que confirman la fractura de la relación entre la policía y los ciudadanos.

Muchos de los que hoy promueven el mando único o la policía estatal única, antes se oponían. Y los hay quienes ahora están en contra y antes aprobaban la propuesta. No me queda duda que ello confirma la reducción generalizada del asunto a un tema de coyuntura política y eso, en sí mismo, es materia esencial del problema. Así se confirma que para los partidos políticos y sus gobiernos el modelo policial tiene que ver mucho más con la lucha por el poder y el control de recursos, y mucho menos con el servicio y la protección ciudadana. Por eso la confianza pública puede estar fuera del tablero.

La sucesión inusitada de eventos que implican el uso excesivo de la fuerza por parte de múltiples instituciones policiales en Estados Unidos, condujo al Presidente Barack Obama a crear un grupo de trabajo encargado de diseñar los principios de la función policial para el siglo XXI. El núcleo mismo de todo el esfuerzo, se lee en el reporte final, es “fortalecer la confianza entre la policía y la sociedad”. El primer tema del informe es la construcción de la confianza y la legitimidad. Ahí se postula que la construcción de confianza es el principio fundacional que subyace a la relación entre las instituciones policiales y las comunidades a las que sirven. Abunda el documento: Décadas de investigación y prácticas permiten afirmar que es más probable que la gente respete la ley si ella cree que la autoridad de quienes la deben hacer cumplir –la policía- es legítima.

No sobra insistir y precisar. En la historia moderna, en las experiencias internacionales de reforma policial democrática más destacadas y en el conocimiento comparado internacional se acepta sin reparos que el soporte mismo de la policía moderna y democrática es la confianza hacia ella y la percepción de su legitimidad por parte del público. David Bayley, reconocido experto de los Estados Unidos, nos recordó en un foro que organizamos en México hace tres años que muy pocas policías en el mundo lo logran, pero el horizonte de sentido no está a discusión: alcanzar la confianza pública.

El mando único o la policía estatal única son al final propuesta para reorganizar el control político y presupuestal de la policía. Son iniciativas que ponen el acento en la reorganización, más no en la reforma policial. De aceptarse el cambio, el que sea, estaremos viendo nuevas estructuras y colores policiales pero no hay nada que nos permita prever que atestiguaremos la reconstrucción de la relación entre la policía y la sociedad. Y si esta relación no cambia, si el INEGI y otras fuentes nos siguen confirmando año tras año la masiva desconfianza hacia la policía, entonces habremos perdido, una vez más, la oportunidad de hacer una auténtica reforma policial democrática, es decir, la que pone en el centro el servicio a la gente y por esa vía construye apoyo y legitimidad social.

 

@ErnestoLPV

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