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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
No hay tiempo para la seguridad
En buena parte de México se pueden tomar decisiones ineficaces e ineficientes en materia de seguridad, sin tener que rendir cuentas por ello; no al menos desde la verdadera evaluación de las políticas públicas implementadas.
Por Ernesto López Portillo
9 de agosto, 2019
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No sé si construir la seguridad ciudadana es hoy la más compleja de todas las agendas públicas, pero, al menos en México, así lo parece. El conocimiento más avanzado en la materia confirma una cosa: para construir la seguridad ciudadana hay que hacer muchas cosas a la vez, lo que significa poner de acuerdo a mucha gente, adentro y afuera de las instituciones públicas. En términos generales, la seguridad ciudadana está orientada a reducir los riesgos, los daños y los temores. Analizado con cuidado, esto significa trabajar con múltiples fenómenos, adecuadamente interpretados y a través de variadas intervenciones simultáneas. ¿Los gobiernos tienen tiempo para eso? Generalmente no.

Resulta quizá más fácil entender esto cuando se mira la clasificación de riesgos desde la perspectiva de la prevención psicosocial. Hay riesgos sociales y culturales (por ejemplo, la exclusión del desarrollo), riesgos comunitarios (por ejemplo, el deterioro del capital social –entornos propicios para el desarrollo de actividades delictivas-), riesgos educativos (por ejemplo, la deserción y la violencia escolar), riesgos grupales (pertenencia a grupos de pares involucrados en actividades de riesgo –violencias múltiples-), riesgos familiares (por ejemplo, estilos parentales agresivos) y riesgos individuales (por ejemplo, baja capacidad de resolución de conflictos).

La simple lista, desde luego no exhaustiva, da cuenta del enorme tamaño de los fenómenos a intervenir para construir la seguridad ciudadana, en este caso a través de la prevención. Así, la seguridad ciudadana impone un alto estándar de especialización de la política pública. Sin embargo, muy pocas veces los gobiernos invierten en esa especialización, en particular en las democracias débiles, como la nuestra, donde la rendición de cuentas es igualmente débil. Sucede que en buena parte de México y de América Latina en general, se pueden tomar decisiones ineficaces, ineficientes e incluso ilegítimas en seguridad, sin tener que rendir cuentas por ello; no al menos desde la verdadera evaluación de las políticas públicas implementadas.

En mi experiencia, los hay gobiernos que invierten mucho, poco y nada en buscar nuevas maneras de construir la seguridad ciudadana. Coinciden especialistas de muchos países en la región en identificar un factor clave de resistencia: el tiempo. Lo explico así: los gobiernos funcionan a alta velocidad en el hacer; hacen y hacen sin parar, a veces con éxito, otras no, pero no pueden parar. En cambio, el desarrollo de políticas públicas especializadas requiere combinar el hacer y el pensar, lo cual impone restricciones a la mecánica del hacer y hacer.

En términos prácticos, el problema es enorme: construir la seguridad requiere respuestas continuas, muchas veces urgentes; pero construir la seguridad ciudadana, es decir, la que beneficia a la gente, requiere que esas respuestas sean pasadas por al análisis y además por la participación de los beneficiarios, en particular de las poblaciones en condiciones de mayor vulnerabilidad. Aquí está el meollo del asunto: hacer y pensar las respuestas son procesos percibidos como irreconciliables para la inmensa mayoría de los gobiernos, desde donde el análisis parece una pérdida de tiempo.

Y la pinza se cierra cuando esos gobiernos del hacer y hacer, relegan o de plano marginan el ejercicio del pensar y conectan con la legítima demanda social de la solución urgente a la inseguridad, justamente aduciendo que, al hacer y hacer, responden a esa demanda. Así se teje por todos lados un círculo vicioso político: no se construye la seguridad porque no hay tiempo para pensar en cómo hacerlo, y no hay tiempo para pensar porque no se construye la seguridad.

Seguramente no hay palabras para describir la dificultad que implica decidir, hacer y pensar a la vez, en el ejercicio de gobierno; solo que no hay de otra, al menos si de construir la seguridad ciudadana se trata. Cuando en la década de los noventa comencé a hacer visitas de investigación a Sudamérica y Europa Central, encontré en el segundo caso una inversión avanzada en la vinculación entre la decisión, la acción y la investigación en las políticas de seguridad. Ahora, a décadas de distancia, utilizo algunas preguntas que me permiten con rapidez identificar el grado de vinculación entre el hacer y el conocimiento especializado en seguridad. La vinculación cercana es excepcional. 

Publiqué una entrevista en este espacio con el Secretario de Seguridad, Convivencia y Justicia de Bogotá, Colombia, personaje que representa un perfil que, desde la toma de decisiones, valora a profundidad la relevancia del conocimiento especializado y la evidencia construida desde el mismo.

En la parte 2 de esa entrevista me asomaré al detalle práctico en el quehacer de ese funcionario, para mirar la interacción entre la decisión, la acción y la investigación.

En un plano superficial la cosa está “fácil”: los gobiernos deben hacer y punto; deben gobernar y lo demás son tonterías. Todos los días en las redes sociales recibo el mismo reclamo. Así se percibe de manera generalizada. Resolver rápido es el relato ganador, aunque las más de las veces sea la política pública perdedora. 

En un plano profundo, las decisiones en seguridad, más que nunca, requieren ser pensadas y repensadas, precisamente porque no están funcionando. Nadie puede pedir que un gobierno pare las decisiones y las acciones para pensar, claro; pero nadie debería pedir a un gobierno hacer sin pensar. Los gobiernos deberían encontrar el tiempo para, en verdad, construir la seguridad ciudadana.

@ErnestoLPV

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