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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Policías, mitos y controles democráticos
Cuando se deja a la policía operar con márgenes desmesurados de autonomía, la descomposición avanza; cuando se le vigila y acompaña, viene el saneamiento.
Por Ernesto López Portillo
2 de diciembre, 2019
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Cuando en las últimas semanas comenzaron a circular las imágenes de la brutalidad en el uso de la fuerza por parte de Carabineros de Chile, de inmediato recibí insistentemente consultas de personas confundidas. Si se supone que es la mejor policía de América Latina, por qué actúa así, me dijeron una y otra vez. Respondí siempre con una sola pregunta: ¿qué crees que sabes de Carabineros de Chile? Todo lo que la gente me contestó fue estrictamente basado en la percepción, sin información basada en evidencia alguna, hecho que me recordó las reflexiones de Harari sobre las mitologías nacionales (21 Lecciones para el Siglo XXI). Las instituciones policiales, en ese país de Sudamérica o en cualquier lugar del mundo, suelen vivir mucho más del mito que logran construir, que de otra cosa. Por eso cuando la conflictividad social explota, el mito policial también suele explotar, dejándose ver, no lo que la policía dice que es, sino lo que es. Escribió hace mucho tiempo David Bayley que es tan importante lo que la policía hace, como lo que dice que hace. Así lo creí por muchos años; ahora pienso que, en estos tiempos de posverdad, de pronto parece mucho más importante lo que la policía dice que hace, que lo que realmente hace. Cuando menos hasta que el mito se desnuda.

La descomunal crisis política en América Latina está volcando en muchas partes el trabajo sucio hacia la policía y a los militares -una vez más-, transfiriendo ahí la carga de control social, siembra de miedo y represión violenta. Cuando la supuesta institución policial aparentemente más profesional de la región -la de Chile- enseña así los dientes, no hace sino conectarse a un continuo que atraviesa fronteras donde las denominadas transiciones democráticas no alcanzaron a las instituciones armadas, o en el mejor de los casos solo las alcanzaron marginalmente.

Jamás hubiéramos imaginado que nuestra conferencia internacional sobre controles democráticos de la seguridad y la supervisión policial externa, llevada a cabo en Puebla el 25 y 26 de noviembre pasados, sucedería justo cuando Colombia, también con una narrativa supuestamente ejemplar de mejora policial, enseñaría que el uso de la fuerza puede estar apartado del control interno y externo.

Salvo el esfuerzo del INDECOM en Jamaica, en toda la región no hay otra figura consolidada alguna de supervisión externa de la policía, como las que sí hay, por ejemplo, en Nueva York, Nuevo Orleans, San Diego y Seattle, ciudades que cuentan con experiencias avanzadas y cuyos representantes vinieron al evento a relatar sus logros, dejando atrás cualquier duda sobre los efectos de contención de abusos, mejora del servicio, apoyo social y confianza asociados a la operación de robustos mecanismos de control externo sobre la policía. Apenas unos cuantos casos logramos traer, de entre más de ciento cuarenta ejemplos solo en Estados Unidos y más de cuatro decenas en otras partes, según NACOLE.

Dediqué especial atención a las palabras de Susan Hutson, responsable del Monitor Independiente de la Policía en Nueva Orleans, precisamente porque ahí había perseverado una de los perfiles policiales más descompuestos del vecino del norte. Insistí en mis preguntas y relató múltiples ejemplos de la manera como la supervisión externa contiene los abusos y a la vez empuja las mejoras, en este caso gracias en buena medida a la presión y la intervención federal (el mecanismo legal de contrapesos locales y federales a este respecto es fascinante). Por cierto, Hutson explicó que en el centro de su ruta de fortalecimiento está conseguir las reformas legales que le darán más poderes de investigación sobre la policía.

El principio es de una claridad inestimable: cuando se deja a la policía operar con márgenes desmesurados de autonomía, la descomposición avanza; cuando se le vigila y acompaña, viene el saneamiento. El Municipio de Puebla firmó una carta de intención para crear el mecanismo municipal de supervisión externa de la policía. Albricias. Al tiempo. Es un signo de esperanza -ciertamente junto a algunas otras iniciativas de mejora policial local- en medio de una crisis policial monumental, nacional y regional.

Harari recuerda la frase atribuida al propagandista nazi Joseph Goebbels: “una mentira contada una vez sigue siendo una mentira, pero contada mil veces se convierte en una verdad”. Así construidas desde los sistemas políticos en toda nuestra región y en buena parte del mundo, las instituciones policiales dicen mucho sobre lo que hacen y enseñan poco lo que hacen. En nuestra región, si se les mira bien, refugiadas en rituales políticos y jurídicos precisamente opuestos a la auténtica rendición de cuentas y la transparencia, funcionan en mayor o menor medida como cajas negras. Por eso, cuando la conflictividad social explota, sale de ellas lo que suele fraguarse al paso del tiempo: culturas institucionales listas para el ejercicio brutal de la violencia.

@ErnestoLPV

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