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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Prevención del delito, comprobación, clase política y pereza
La pereza entre quienes tienen que tomar decisiones para reducir las violencias tiene una influencia mayor en su reproducción, precisamente porque la negligencia inhabilita la construcción de posibles salidas.
Por Ernesto López Portillo
30 de septiembre, 2019
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No sé desde qué disciplina científica o desde qué experiencia será posible entender y, acaso, transformar la resistencia generalizada de la llamada clase política a acometer con seriedad los fenómenos asociados a las violencias. Todas mis actividades profesionales están relacionadas con el aprendizaje y la construcción de interpretaciones e intervenciones en torno a ellas y permanentemente encuentro que no importa cuánto se acumule la evidencia de su agudización, la inmensa mayoría de la élite que ejerce el poder público se niega a tomar el asunto con seriedad. Es profundamente frustrante y doloroso.

Se han publicado miles, sí, miles de referencias teóricas y metodológicas en torno a la seguridad ciudadana, la prevención de las violencias y de la delincuencia. Cientos de miles de especialistas producen evidencia empírica hoy día a lo largo del mundo. No alcanza la posibilidad siquiera de mantener el seguimiento de lo que se publica. Este protocolo, que ya he citado en anteriores colaboraciones, es solo una de las referencias más influyentes en los últimos años y básicamente lo que propone es vincular la prevención a la ciencia por la vía de la aplicación de metodologías que permiten la comprobación.

Cito: “¿Qué es lo que este protocolo puede aportar a los vastos conocimientos (y las intensas emociones) que muchos ciudadanos y líderes ya tienen acerca de las innovaciones en materia de justicia y prevención del delito? La respuesta se resume en una sola palabra: comprobación. La validez de una idea no puede demostrarse mediante la lógica ni el instinto. La única manera de separar las buenas ideas de las malas es ponerlas a prueba en el mundo real. La mayoría de las innovaciones en prevención del delito se ensayan, pero no se comprueban…”.

El Diccionario de la Real Academia Española define así pereza: “Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados”. Esto refleja exactamente lo que una y otra y otra vez encuentro en la actitud de autoridades de los tres niveles de gobierno. Respecto a las autoridades que asumen su responsabilidad y hacen lo mejor que pueden con lo que tienen he hablado en incontables ocasiones. Me consta el esfuerzo diario comprometido de una enorme cantidad de operadores y operadoras de la seguridad ciudadana, la prevención y la justicia penal.

Esta vez hablo de quienes evaden su compromiso de una y mil maneras. Quienes deciden jamás siquiera asomarse a las violencias con mínima intención de saber qué sucede; quienes tienen empatía igual a cero con las víctimas; quienes en el mejor de los casos están acomodadas y acomodados en el impulso inercial y lo único que hacen es repetir, repetir y repetir lo que se ha hecho siempre, quizá con algún ajuste generalmente relacionado al incremento de recursos, sin contexto teórico o metodológico de referencia alguno.

Mi experiencia sugiere que la pereza de muchas y muchos entre quienes tienen que tomar decisiones que implican recursos públicos para reducir las violencias tiene una influencia mayor en su reproducción, precisamente porque la negligencia inhabilita la construcción de posibles salidas.

Los indicios de la inexistente vinculación entre la prevención y la ciencia, como lo propone Sherman, están ante nuestros ojos todo el tiempo. Un día sí y otro también las autoridades informan lo que hacen en este tema sin plataforma de argumentación mínima alguna, basada en el conocimiento disponible. Y desde luego prácticamente nunca aparecen explicaciones fundamentadas sobre la distancia entre las promesas y los resultados.

Es cierto, las implicaciones técnicas de los métodos modernos para reducir las violencias son complejas y muchas veces costosas. Pero la pereza que miro en tantas ocasiones ni siquiera permite que se hagan las preguntas para, desde esos métodos, buscar alternativas más sencillas y de bajo costo.

El subterfugio preferido de las y los perezosos es repetir una y otra vez la promesa de las políticas de seguridad integrales, sin siquiera intentar llenarla con significado alguno. Es la escapatoria que termina cerrando la puerta al cambio orientado hacia la construcción de políticas de seguridad y prevención vinculadas a la ciencia. Si las autoridades en tantos y tantos lugares al menos se dieran un tiempo para leer, por ejemplo, el Protocolo para la Prevención del Delito a partir de la Evidencia antes citado, tal vez habría alguna oportunidad para reducir las violencias en muchas más comunidades. Es profundamente frustrante y doloroso.

@ErnestoLPV

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