¿Qué es la militarización de la policía?
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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
¿Qué es la militarización de la policía?
Si el Estado mexicano vinculara sus decisiones a la investigación y la evidencia, las discusiones sobre la militarización o no de la seguridad pública serían otras, construyéndose evaluaciones científicas de lo que estamos viviendo en términos materiales, culturales, organizativos y operativos en nuestras policías y Fuerzas Armadas.
Por Ernesto López Portillo
1 de noviembre, 2022
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Afirmó en el Senado Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana federal, que la militarización equivale al gobierno de los militares. Esa simplificación del concepto puede ser útil para propósitos políticos, pero está lejos del conocimiento científico. Un reciente texto publicado por Peter B. Kraska puede ayudar a entender de qué hablamos.

Él define militarismo y militarización. Primero, entiende el militarismo como una ideología, “un conjunto de creencias y valores y supuestos que hacen hincapié en el uso de la fuerza y la amenaza de la violencia como el medio más apropiado y eficaz para resolver los problemas”. Segundo, define la militarización como “la aplicación de la ideología… Es el proceso de armar, organizar, planificar, entrenar, amenazar y, a veces, ejecutar un conflicto violento. Militarizar significa adoptar y aplicar los elementos centrales del modelo militar a una organización o situación particular”.

Militarizar es algo mucho más complejo que un gobierno militar y si queremos saber qué es la militarización debemos entender la ideología que esta detrás, es decir, el militarismo.

Desafortunadamente, las discusiones en el Congreso de la Unión en torno a las reformas que entregaron la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional y prolongaron la intervención de las Fuerzas Armadas en la seguridad pública, carecieron de precisiones conceptuales, marcos teóricos de referencia y evidencia empírica de soporte. Y mientras la gran mayoría de la llamada clase política en México se rehúsa a estudiar estos temas, la investigación académica en el mundo es cada vez más amplia, sólida y mejor informada por la evidencia.

Por ejemplo, hay indicadores precisos para saber si una institución policial se militariza: “Evaluar si un cuerpo policial civil, por ejemplo, se está ‘militarizando’ no debe considerarse como una búsqueda antipolicial o antimilitar. Evaluar la militarización de la policía es una tarea creíble e importante y puede llevarse a cabo mediante pruebas empíricas y estudios rigurosos”, escribe el autor, quien propone cuatro dimensiones del modelo militar que nos proporcionan indicadores tangibles de la militarización policial: a) Material -armamento marcial, equipo y tecnología avanzada; b) Cultural -lenguaje marcial, estilo (apariencia), creencias y valores; c) Organizativos – acuerdos marciales como los centros de ‘mando y control’ (por ejemplo, (COMPSTAT), o escuadrones  de oficiales de élite inspirados en las operaciones especiales militares que patrullan las zonas de alta criminalidad (en contraposición al tradicional oficial de guardia)), y d) Operativo: patrones de actividad modelados según los militares, como en las área de inteligencia, supervisión, manejo de situaciones de alto riesgo o calentamiento restauración”.

La policía tiene en todo caso algún grado de militarización, la diferencia es justamente en qué grado, nos explica. La decisión que en Estados Unidos viene empujando la militarización policial es la mirada política hacia adentro para definir amenazas a la seguridad nacional (podemos decir que eso está pasando también en México). Son las “unidades paramilitares de la policía (UPP)” donde se encuentra el grado más avanzad o de la militarización referida; en ellas impera una cultura paramilitar asociada a la “hipermasculinidad”.

Y gracias a encuestas nacionales, encontró Kraska que entre mediados de la década de 1980 y finales de la siguiente se duplicaron los departamentos de policía con UPP. Además, “El número total de despliegues policiales paramilitares… ha aumentado en más de un 1.400% entre 1980 y 2000”. Hoy se estiman 45 mil despliegues de equipos SWAT por año, siendo que había unos tres mil a inicios de los ochenta.

Más del ochenta por ciento de esos despliegues son “redadas proactivas contra la droga” y la normalización de las UPP también se observa con el despliegue de labores rutinarias de patrullaje en los llamados “puntos calientes”. ¿Consecuencias? El autor reporta que recibe “al menos dos llamadas telefónicas a la semana de periodistas, abogados, o departamentos de policía que informan de una nueva redada fallida, generalmente en la que un ciudadano es asesinado en circunstancias muy cuestionables”.

No niega el especialista la necesidad de la respuesta militarizada ocasional, lo que critica es “la forma inadecuada en que su función se ha puesto de cabeza, normalizándose en una serie de funciones policiales proactivas y generales, como las redadas de drogas”.

La policía se parece más al ejército y viceversa. “Hemos sido testigos de un cambio histórico poco notorio, pero no por ello menos trascendental: las distinciones tradicionales entre ejército/policía, guerra/aplicación de la ley y seguridad interna/externa se están difuminando rápidamente”. Y el especialista puntualiza además la normalización de las UPP como un fenómeno simultáneo a lo que llama “la revolución de la policía de proximidad”.

Todo esto nos recuerda que no tenemos en México la base empírica que mida el grado de militarización de las policías, el avance en el paradigma de la policía de proximidad y qué está pasando con la llamada policialización de las Fuerzas Armadas. Pero Kraska deja en claro que estas mediciones pueden enseñar mucho mejor qué está pasando y con qué resultados.

Si el Estado mexicano vinculara sus decisiones a la investigación y la evidencia, las discusiones sobre la militarización o no de la seguridad pública serían otras, construyéndose evaluaciones científicas de lo que estamos viviendo en términos materiales, culturales, organizativos y operativos en nuestras policías y Fuerzas Armadas. El texto aquí citado lo enseña bien: con investigación aplicada es posible saber qué consecuencias tiene un estilo policial más orientado a la proximidad social, otro militarizado o una combinación de ambos según contextos particulares.

Pero si no se mide lo que realmente pasa, entonces se puede afirmar cualquier cosa, como lo que dijo la funcionaria federal referida al inicio de este texto o lo que declaró el titular de la Secretaría de Marina cuando, también ante el Congreso, aseveró que han estado en las calles 18 años “y no ha habido una sola militarización y ahí seguimos”.

@ErnestoLPV

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