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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Policía profesional, qué es y cómo se construye
Una policía profesional se consigue con voluntad política de mediano y largo plazo. Ninguna policía se reforma en el corto plazo y una reforma contra la policía jamás ha funcionado en ningún lado: palabras de Lucía Dammert, referencia obligada en seguridad ciudadana.
Por Ernesto López Portillo
18 de febrero, 2019
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Empieza a tomar impulso mi viaje por América Latina. Decidí pasear por la experiencia y el saber regional. Comencé con un consultor internacional bogotano y ahora hago mi segunda parada, en este caso para conversar con la peruana Lucía Dammert, quien es también referencia obligada en seguridad ciudadana. Dueña de una brillante trayectoria en la academia, el gobierno y organismos internacionales diversos, pocas personas saben descifrar como ella lo complejo de la seguridad y el quehacer policial, en códigos tan sencillos.

Mi conversación con Lucía comenzó hace aproximadamente dos décadas. Es como esa persona que dejas de ver años y en cada reencuentro la plática sigue como si nunca parara. Y así sucedió en la entrevista que le hice sobre el tema policial que tanto nos apasiona a ambos.

Primero la pregunté qué es la reforma policial democrática. “Si usamos un adjetivo, prefiero llamarle policía profesional”, inicia.

Una policía profesional debe cumplir cinco criterios para servir a la gente, explica:

  1. “Ser eficiente para enfrentar al crimen. Esto quiere decir no corrupta, adecuadamente capacitada y dependiente del poder civil.
  2. Saber investigar los delitos para disminuir la impunidad y así contribuir a reducir las violencias.
  3. Reconocer como objetivo la mejor relación con la comunidad; los mejores policías son los que están en la calle.
  4. Ampliar sus niveles de transparencia, rompiendo con códigos de silencio y mostrando hasta lo más posible su diseño, carrera, organización presupuesto y el gasto. La policía debe ser nada menos que la imagen de esa sociedad que queremos construir.
  5. Enfocarse también en fortalecer la colaboración con otras entidades del sistema de justicia y del gobierno, como la justicia administrativa, las áreas de prevención, el ministerio público y los otros órdenes de gobierno”.

¿Y cómo logramos una policía que cumple esos cinco criterios?, le pregunté. Sus palabras nuevamente, llenas de lecciones que enseñan la mayor profundidad:

“Lo primero es la voluntad política de mediano y largo plazo. Ninguna policía se reforma en el corto plazo. Ella es una espina medular del proceso democrático porque representa el monopolio del uso de la fuerza. Reformar a la policía no es algo superficial, requiere acuerdos políticos de relevancia. Liderazgos políticos de todos los niveles. Y la reforma policial no debe jamás ser parte de una negociación electoral sino una estrategia de mediano y largo plazo, con presupuestos e inversiones suficientes según el plan diseñado al efecto. Por lo demás, compromiso político sin presupuesto de al traste con todo”.

Dammert decide referirse concretamente a México: “para su país el desafío es precisar hacia dónde van, qué policía quieren, lo cual una vez definido debe ser apoyado por todos los sectores políticos y sostenido en el tiempo; ese apoyo a la reforma incluye desde luego el de la policía misma”; entonces pone el dedo en la llaga: “una reforma contra la policía jamás ha funcionado en ningún lado”.

Abunda: “es necesario fortalecer los liderazgos positivos dentro de la policía; algo central es formar a policías que quieren ser policías y no están en la carrera militar y son policías temporalmente; pensar que un militar puede hacer el trabajo de un policía es como pensar que en enfermero puede hacer el trabajo de un cirujano; una policía vinculada con la ciudadanía no es militar, es un paradigma diferente. En el acercamiento entre la policía y la ciudadanía, ésta debe saber que mucho del trabajo policial tiene que ver con situaciones previas al delito, por eso la tarea policial no es un despliegue tipo militar sino más bien una cultura de vida en sociedad”.

Y más: “en México deben organizar de una vez por todas su distribución de tareas policiales por esfera de gobierno; necesitan un esquema complejo que no se resuelve con una policía nacional, más bien el modelo requiere determinaciones fundamentales del rol policial a nivel local. Esto requiere una mirada sistémica, a su vez llevada a planes serios porque está totalmente comprobado que las reformas totales no funcionan, es necesario, como en cualquier política pública, la construcción de procesos hacia objetivos de largo plazo. De hecho, las respuestas fundacionales son también peligrosas. Es imposible cambiarlo todo y menos de un día para otro. Los planes estratégicos se hacen revisando lo que no funcionó y lo que sí funcionó o funcionó parcialmente. Son tareas de reconstrucción. Reconoces el pasado que te permite construir el futuro. Una reforma policial mal implementada es como un juego de artificio, se puede ver muy bien al principio y luego queda humo”.

Y el remate de esta prestigiada consultora es fuerte: “Una reforma debe ser realmente posible de ser implementada, no olvidemos que el papel lo aguanta todo. Y conviene no olvidar, al final del día, que la policía es un reflejo de la sociedad, no verlo así es tapar el sol con un dedo”.

Vaya. Nada que agregar. Respuestas directas para construir rutas claras, aunque no por ello menos complejas.

 

@ErnestoLPV

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