Relación poder civil y militar, están jugando con fuego
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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Relación poder civil y militar, están jugando con fuego
Están jugando con fuego al ir borrando la distancia entre la disputa directa o indirectamente asociada a la competencia política electoral, y la identidad y desempeño de las instituciones militares.
Por Ernesto López Portillo
21 de octubre, 2022
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La imagen es desoladora: senadoras y senadores discutiendo sobre la militarización o no del país (incluyendo en algunos casos lenguajes vergonzosos) frente a los titulares de la Sedena y la Semar callados. He pensado varias hipótesis tratando de entender el mensaje y las implicaciones y consecuencias previstas y no previstas de esta escena. En todo caso, lo que me escandaliza es el desaseo y el efecto destructivo de esa sesión.

¿Qué se pretendió demostrar? Alguien me compartió la hipótesis de que todo habría tratado de enseñar que las cabezas de las instituciones militares no necesitan rendir cuentas a nadie, más allá, si acaso, del Presidente de la República. Otra persona me insistió que fue un despropósito, mal pensado y peor diseñado, dejando a los secretarios expuestos a la crítica sin poder responder y solo provocando costos políticos para todos lados. Pero alguien más me comentó que habría sido “un éxito” porque lo único importante era mostrar que los militares ya son parte de un polo político.

Ninguna de las interpretaciones me parece suficiente por sí misma; creo más bien que hay un poco de todo esto y mucho más. No imagino que alguna persona entre quienes decidieron hacerlo así no hubiera previsto fuertes críticas desde la oposición, lo que me hace pensar en una deliberada provocación para profundizar el desencuentro entre ella y las Fuerzas Armadas. Serían operadores políticos cuyo incentivo es manipular la confrontación y la polarización, usándola para agudizar el conflicto entre la oposición y los militares y así empujando su relación hacia la condición de adversarios políticos.

Dado que en la política profesional se vale cualquier cosa, tratar de leer la intencionalidad de sus protagonistas puede ser un esfuerzo meramente estéril. Pero más allá de qué querían lograr, está claro lo que lograron, ampliando la irrupción de las Fuerzas Armadas en la arena de disputa por el poder.

Dijo la Secretaria Rosa Icela Rodríguez en la sesión que la militarización es el gobierno de los militares. Puede entenderse así si se quiere, pero eso simplifica e invisibiliza la complejidad del tema. La militarización implica múltiples tonalidades grises donde los cambios que amplían la influencia de las instituciones militares y reducen la de las civiles caminan en procesos que permean progresivamente al sistema político, así como en la sociedad se fraguan a veces a cuentagotas las opiniones, los valores y las actitudes que prefieren a los militares.

En todo caso, ya entendimos: no importa cuánto poder acumulen las instituciones castrenses a costa de las civiles, de igual manera la narrativa oficial negará reconocer esto como militarización. Dijo el titular de Semar en otra sesión en el Senado que ellos llevan 18 años en la calle y no ha habido militarización alguna. Cuestión de enfoques.

Están jugando con fuego al ir borrando la distancia entre la disputa directa o indirectamente asociada a la competencia política electoral, y la identidad y desempeño de las instituciones militares. Así como la polarización se ha convertido en la estrategia política por antonomasia, así ella ha invadido la relación entre el poder civil y militar.

Si los militares literalmente toman partido, no habrá manera de sostener la democracia. El Senado nos ha dejado señales profundamente ominosas.

@ErnestoLPV

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