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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Seguridad: intencionalidad y método presidencial
La preferencia del presidente a favor de la intervención militar en tareas policiales no encuentra asidero en el aprendizaje internacional; vengan de donde vengan, la experiencia documentada y las lecciones aprendidas para el éxito en la construcción de la seguridad en democracia y con derechos humanos no pasa por la intervención regular de las Fuerzas Armadas.
Por Ernesto López Portillo
29 de enero, 2019
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¿Quiere el presidente Andrés Manuel López Obrador la seguridad para todas y todos? Creo que sí. ¿Es auténtica su convicción de que él es responsable de la seguridad del país? Lo creo también. ¿Tiene el presidente la ruta correcta para liderar la construcción de la seguridad y la paz? Creo que no. Y si la ruta es equivocada el resultado desde luego también lo será. Así que aquí no discutiré la intencionalidad sino el método presidencial para construir un país seguro.

En la seguridad suelen confundirse ambos planos: convicción política y método. Convicciones claras hacen irrelevantes los detalles del cómo. Y ahora, cuando la convicción presidencial es creíble como no lo había sido en mucho tiempo, parece magnificarse el fenómeno, creándose una especie de burbuja refractaria a la discusión sobre el método.

Opino que debería ser justamente al revés; la monumental plataforma de legitimidad debería dar paso a la más profunda, informada, seria y ejemplar discusión sobre el método o, mejor dicho, los métodos para construir la seguridad y la paz.

A mi parecer está puesta la mesa para, junto a las medidas de contención inmediatas, activar la más ambiciosa reingeniería de las políticas e instituciones en la materia, sea cual sea el tiempo que tome y los recursos que demande.

Escribo estas líneas justo al preparar una clase sobre prevención de la violencia y el delito con enfoque de derechos humanos y me anima la cantidad, la calidad y la consistencia de la evidencia a favor de la prevención –con la policía incluida-, sobre las políticas reactivas de uso de la fuerza y de control por la vía del castigo penal.

Y en agudo contraste me abruma confirmar que la preferencia del presidente a favor de la intervención militar en tareas policiales no encuentra asidero en el aprendizaje internacional; vengan de donde vengan, la experiencia documentada y las lecciones aprendidas para el éxito en la construcción de la seguridad en democracia y con derechos humanos no pasa por la intervención regular de las Fuerzas Armadas. Todo lo contrario, domina el consenso internacional inclinado hacia la reducción al mínimo posible de su intervención, dejándola en condición estrictamente excepcional.

Por lo demás, un nuevo ciclo de entrevistas que hice con investigadoras e investigadores de Chile, Colombia, España, Guatemala y Perú confirma lo mismo, agregando además la declarada incompetencia de su parte para entender la prolongación en México de la militarización de la seguridad pública.

Las palabras de una de las más prestigiadas consultoras de América Latina parecen suficientemente elocuentes: “mesa en la que se sientan los militares con los civiles para tomar decisiones, mesa que será tarde o temprano conducida por los primeros”.

Si la tracción política y social producto del abrumador triunfo es usada para asfixiar la deliberación libre e informada sobre la calidad de la política de seguridad, se habrá perdido la más grande oportunidad que hemos tenido para refundar su plataforma metodológica, desde que comenzó la crisis de violencia y violaciones graves a los derechos humanos.

 

@ErnestoLPV

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