Seguridad, la ceguera del Estado
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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Seguridad, la ceguera del Estado
Es extraordinariamente difícil descifrar cómo pueden transitar el gobierno y la oposición sin pasar sus posturas por el filtro de la evidencia, con la tolerancia social, incluso a pesar de que las atrocidades se han hecho parte del día a día.
Por Ernesto López Portillo
24 de octubre, 2022
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Durante las últimas semanas la discusión pública relacionada con la seguridad acaparó buena parte de la atención política y social. Esta discusión tuvo que ver con las reformas legales y constitucionales que entregaron la Guardia Nacional a la Sedena y prolongaron la intervención de ésta y de la Semar en tareas de seguridad pública. Empero, por increíble que parezca, a pesar de haber entrado en disputa las narrativas a favor de la seguridad en vía civil o en vía militar, no se contrastaron ideas asociadas a los métodos probados para construir comunidades seguras. Por supuesto puede y debe haber ideas distintas e incluso contradictorias con respecto a la seguridad, el problema es que hemos caído en una conversación ciega. El país salió como entró a esta discusión.

El Estado mexicano acaba de mostrar que, incluso en los momentos donde más invierten los liderazgos políticos en hablar sobre la seguridad, no enseñan aprendizaje sobre qué funciona y qué no funciona para construirla. Discutieron un montón de horas sin haber precisado qué era lo que se discutía, al menos si lo vemos desde lo que se espera de una política pública de seguridad.

¿Y qué esperamos de ella? Desde el Programa de Seguridad Ciudadana de la Ibero CDMX esperamos al menos la intención de soportar las posturas y las decisiones en argumentos que demuestren o al menos intenten demostrar una justificación basada en evidencia. Esperamos que, si alguien discute la seguridad desde una responsabilidad pública, sea cual sea su postura, pueda defenderla explicando una relación de causalidad entre lo que se propone o defiende y las consecuencias de ello con respecto a la reducción de riesgos, daños y temores.

Por ejemplo, si se propone que se haga tal o cual cosa para reducir los homicidios contra las mujeres es porque se conocen los efectos probados de hacerlo así; o al revés, si se opone a alguna propuesta es igualmente porque se conoce la evidencia de que eso no funciona para tal fin.

La discusión hegemónica, en cambio, es ciega para los efectos del aprendizaje. Y lo ha sido así, salvo mínimas excepciones en el país, durante toda esta etapa reciente de multiplicación de la delincuencia y las violencias. Es cierto que así puede convenir a quien está tomando las decisiones desde el poder público si su decisión es evadir la rendición de cuentas, pero el asunto se revela mucho más profundo cuando vemos que la oposición, sexenio tras sexenio, tampoco invierte en sostener sus posturas echando mano de métodos probados. ¿Por qué?

¿Cómo es posible que transitemos por una terrible crisis de violencias sin lograr que el paradigma hegemónico de la seguridad enfocado en el uso de la fuerza, la militarización y el castigo penal se someta al filtro de la comprobación con base en métodos aceptados? ¿Qué provoca la ceguera transversal de la inmensa mayoría de la llamada clase política y las personas responsables de la seguridad pública? ¿Y por qué lo aceptamos desde la sociedad?

El conocimiento científico y los saberes nativos construyen todos los días por todas partes aprendizaje sobre lo que funciona y lo que no; se producen centenas de reportes y se documentan más y más las experiencias positivas y negativas en terreno. Más y más conocimiento disponible sin que el Estado se haga cargo de eso, salvo excepciones, transformándolo en aprendizaje y decisiones basadas en lo que se ha podido probar. Vaya, ni siquiera se acude a los ejemplos de mejoras en seguridad que se tienen a la mano donde sí se han aplicado métodos para demostrar esas relaciones causales.

Así que, más allá de cada postura, acuden a la cita de las grandes discusiones en el Congreso de la Unión sin prepararse. La prolongación de esta ceguera debe llevarnos a descifrar los incentivos que hacen posible la reproducción de políticas de seguridad que no construyen seguridad para la inmensa mayoría, lo cual lleva a otro tipo de hipótesis según las cuales esas políticas no están hechas para lo que formalmente prometen, como lo discutimos en este conversatorio sobre la Crisis Sistémica de la Seguridad.

No tenemos duda de la ceguera respecto a la evidencia de lo que funciona y lo que no; en cambio, es extraordinariamente difícil descifrar cómo pueden transitar el gobierno y la oposición sin pasar sus posturas por el filtro de la evidencia, con la tolerancia social, incluso a pesar de que las atrocidades se han hecho parte del día a día.

Ver para creer: salimos de las recientes discusiones en el Congreso exactamente como entramos. Las reformas en seguridad, entonces, en buena medida no tienen que ver con lo que aprendemos que funciona y no funciona para darnos, precisamente, seguridad. Así que, sea cual sea la atención que le ponemos al tema, para la inmensa mayoría del país es una atención ciega.

En nuestra Agenda Universitaria por la Seguridad Ciudadana en Vía Civil lo hemos postulado: sin pedagogías políticas y sociales diferentes no habrá un paradigma de seguridad diferente.

@ErnestoLPV

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