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Ruta Crítica
Por Ernesto López Portillo
Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigi... Coordinador del Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberoamericana. Fundó y dirigió el Instituto para la Seguridad y la Democracia -Insyde- (2003-2016). Ashoka Fellow.+Derechos+Seguridad+Derechos. (Leer más)
Seguridad y ciencia: la barrera política
Persiste un paradigma hegemónico autoritario de seguridad que abre paso a la improvisación en las políticas públicas y cierra el paso a la ciencia, precisamente porque aquélla permite la arbitrariedad y ésta la contiene.
Por Ernesto López Portillo
14 de octubre, 2019
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Se informó que fue rebasada en México la cifra de 100 homicidios violentos en un día. Las violencias continúan multiplicándose y si bien no es posible saber cuántas decisiones toman las autoridades en materia de seguridad ciudadana sin usar la ciencia y la investigación disponible, todo el tiempo y en la inmensa mayoría del país se anuncian políticas, estrategias, reformas, campañas e intervenciones sin usar referencia al conocimiento o método probado alguno. Es como si el Estado nos dijera una y otra vez al paso de las décadas que va a curar una enfermedad sin explicar con qué medicina lo hará.

Es tan profunda la desvinculación entre las políticas de seguridad y la ciencia que para la inmensa mayoría ni siquiera existe la pregunta al respecto. En una típica conversación sobre la inseguridad y las violencias asociadas es prácticamente imposible que alguien, al mirar que éstas no ceden, se pregunte qué conocimiento o método falla o falta. A cielo abierto está roto cualquier puente que conecte la crisis de las violencias con las competencias profesionales del Estado para intervenirlas.

Ciertamente las excepciones ahí están, principalmente en lo local, en contados municipios donde poco a poco se vienen profesionalizado las estructuras y las decisiones (justamente trabajo en un ensayo que busca identificar en qué municipios se puede afirmar que hay mejora, concretamente policial, con evaluación técnica disponible).

La explicación más plausible de la distancia entre las políticas de seguridad y la ciencia es de orden político, y justo la sometimos a análisis profundo en el arranque del segundo diplomado diseñado por el Programa de Seguridad Ciudadana de la Universidad Iberomericana Ciudad de México-Tijuana, denominado Políticas Democráticas para una Nueva Seguridad Ciudadana. La hipótesis de trabajo es por demás inquietante: persiste un paradigma hegemónico autoritario de seguridad que abre paso a la improvisación en las políticas públicas y cierra el paso a la ciencia, precisamente porque aquélla permite la arbitrariedad y ésta la contiene.

En términos más sencillos, sin la teoría y los métodos puedo decidir y hacer más o menos lo que sea, con ellos no. Cualquier ruta es posible en las decisiones de los gobiernos mientras no reconocen constreñimiento alguno asociado al conocimiento científico. Todo puede ir “bien” si una política pública camina sobre decisiones al margen de la ciencia, por la sencilla razón de que la evaluación no depende más que de los intereses políticos dominantes en turno.

No es menor la impresión de las y los alumnos cuando les enseñamos ejemplos de construcción de conocimiento especializado en seguridad con medio siglo de historia, cual es el caso de la National Police Foundation. Sugiero leer los antecedentes que le dieron origen a este centro de pensamiento. Justamente en esa historia se puede ubicar el contexto político que abrió paso a la búsqueda de respuestas en el quehacer policial informadas por la ciencia. Nació la fundación a consecuencia de la repetición de patrones de brutalidad policial en intervenciones ante disturbios, especialmente contra la población de raza negra, en el periodo conocido como la crisis de los derechos civiles de las décadas de los sesenta y setenta.

El aspecto central en todo esto es entender la barrera política que de manera generalizada separa las políticas de seguridad y la ciencia. Entender que la caja de herramientas del Estado se agotó ante las violencias no porque no exista la posibilidad de construirlas, sino porque los intereses políticos dominantes hacen todo lo necesario para no colocarse bajo el microscopio de la ciencia. Repito: no es que el conocimiento o las experiencias para construirlo no estén disponibles, lo que sucede es que si se va por ellos se pierde el poder de manipular la seguridad bajo tales intereses. Lo tenemos claro y, por lo visto, habrá que insistir en ello por mucho, mucho tiempo más.

@ErnestoLPV

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