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Buena policía, buena madre: el uso mediático (y político) de lo femenino policial
Poco se ha avanzado en los discursos sociales si las mujeres policías sólo pueden alcanzar las primeras planas de los periódicos cuando prestan servicios asistenciales y maternales.
Por Insyde
12 de agosto, 2019
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Por: Mariana Sirimarco

En marzo de este año, efectivos policiales encontraron un bebé abandonado dentro de una caja, envuelto en una manta y junto a una nota que explicaba los motivos por los cuales la mamá había decidido dejarlo allí. Mientras se daba aviso a las autoridades competentes, el pediatra que asistió al niño indicó que necesitaba alimentarse. “Sin dudarlo -señala la nota aparecida en el diario local- la jefa de la subcomisaría de Huerta Grande siguió su instinto materno y amamantó al bebé”.1

Unos meses antes, otra mujer policía había vivido una situación similar. “Tengo un nene de 2 años que toma teta, pensé en mis hijos, en lo mal que la estaban pasando esas criaturas. Escuchar a esos nenes me partió el alma. Me olvidé de lo que estaba pasando, me aislé. En ese momento no actuó la policía sino la mujer, la madre”, contó la policía a la prensa. “Su instinto maternal la llevó a hacer lo que hizo”, había señalado sobre ella el comisario del lugar.2

Un año atrás, en el 2018, también los medios periodísticos habían salido a hacerse eco de una situación semejante, con idénticas palabras:

Con su instinto maternal a flor de piel, Leila, una joven policía del Comando de Patrullas Centro, amamantó y logró calmar el hambre y un ataque de llantos de una beba de apenas cinco meses que fue retenida por los oficiales en el marco de un operativo. “Se puso a llorar y no sabíamos cómo calmarla. Entonces decidí amamantarla”, relató Leila, quien tiene un bebé de apenas 9 meses. “Fue un momento muy emocionante para todos; es algo que me salió de adentro”.3

Los ejemplos anteriores son todos de Argentina, pero una rápida búsqueda por internet nos asombra con la cantidad de noticias que, en medios periodísticos no sólo de ese país sino de la región4, celebran episodios de mujeres policías que amamantan bebés en situación de abandono (sea éste duradero o momentáneo), revelándonos así algo a priori impensado: la facilidad con que tales casos funcionan -social y mediáticamente- como tópicos reiterados.

Por supuesto, los casos varían en detalles específicos, pero resaltan todos un mismo accionar. Estas mujeres policías se han topado, en medio de sus funciones, con bebés llorando de hambre. Y lo que han hecho ha resultado -según las palabras de la prensa- tan emotivo como inesperado. Los han alimentado con su propio pecho. Las plumas de los reporteros resumen la hazaña de modo contundente: “el mayor acto de amor que una mujer pueda tener: amamantar a un hijo ajeno”.5 O para decirlo de otros modo: esas mujeres resultan tan buenas policías como buenas madres.

Pero no interesa aquí detenernos en lo puntual de esos casos, ni mucho menos sentar opinión sobre los actos de esas mujeres individuales. Lo que interesa es iluminar, a través de esos episodios, los escenarios políticos y sociales que asisten a que un caso determinado logre presentar -a fuerza de presencia mediática- vectores de entendimiento sobre lo femenino policial. ¿Qué relato construye ese tópico recurrente sobre las mujeres policías?

Contestar a esta pregunta requiere asomarse antes a los sentidos con que se construye, en nuestras sociedades, la figura de la buena madre. Se trata de una que ha sido ya copiosamente abordada en el análisis social para desnudar la naturalización entre feminidad y maternidad que resulta de la concepción de la reproducción como el rol femenino por excelencia. No es intención de estas líneas abundar en este eje, sino subrayar algunas de sus discusiones, con el objeto de plantear, a partir de ellas, otras vinculaciones más específicas. Por ello, baste señalar entonces que lo que se juega en la figura de la buena madre es, para decirlo de modo sucinto, la construcción de un imaginario en torno a dimensiones -también socialmente construidas- de lo natural.

Así, a partir de una posibilidad biológica como lo es la capacidad reproductora de las mujeres, se construye un deber ser, una suerte de “misión natural” que lleva a considerar a todas las mujeres como “naturalmente” madres y a verlas también, a todas, como maternales por instinto antes que por elección. El resultado es un rol idealizado de la maternidad -la buena madre, la madre amorosa- e, indisociablemente, el mito del amor materno: una clase de sentimiento universal, un hecho propio de la naturaleza femenina, el amor espontáneo de toda madre hacia su hijo.

Es indudable que estos sentidos operan en las notas periodísticas, pues construyen la figura de la mujer policía amamantando en un diálogo directo y concordante con la figura de la buena madre, tanto más buena cuanto objetable -cuanto más “antinatural”- parece ser el comportamiento de las madres “verdaderas”, que han abandonado (duradera o temporalmente) a sus bebés.

Y aquí es donde se abre el punto de reflexión que busco plantear en este espacio. En el carácter de narrativa orientadora que todo relato implica. Muchos autores han señalado que un relato supone una ficción organizativa: que no debe medírselo por su grado de veracidad, sino por las consecuencias que pensar de esa manera tiene para la acción. Esta argumentación le cabe de lleno a la figura de la mujer policía que amamanta, por las asociaciones con que tiñe el trabajo de lo policial, cuando éste es cumplido por el personal femenino de la fuerza. Y volvemos entonces a la pregunta del comienzo: ¿cómo, la figura aludida, opera en el terreno de la arena pública proponiendo lecturas particularizadas de lo femenino y policial?

La respuesta es clara, si recordamos que las primeras mujeres vinculadas a este trabajo fueron consideradas, básicamente, trabajadoras sociales especializadas. Su campo de actuación estaba circunscripto a los niños, los jóvenes, las mujeres, los ancianos. En una palabra, quedaba focalizado a la atención de poblaciones consideradas más vulnerables. O lo que es lo mismo: al entendimiento de un rol profesional indisociable de una vocación natural hacia lo social y maternal, que convertía lo policial femenino en una mera corriente asistencialista.

El desempeño de la mujer policía quedaba así vinculado -discursivamente- al comercio de la emotividad, la fragilidad y la vulnerabilidad moral, en tanto sus patrones de actuación profesional parecían no poder desligarse de un cierto entendimiento de lo femenino -el cuidado, la sensibilidad, la asistencia, la preocupación por el sufrimiento de los otros- y, por ende, de lo maternal. La figura de la mujer policía se construía así en sinonimia con aquella de la mujer: pilar moral de la familia, madre capaz de bondad, paciencia y buenos sentimientos.

¿Cuánto se ha realmente avanzado en los discursos sociales desde aquellos comienzos hasta hoy? Las planas de los periódicos parecieran decirnos que no mucho, si las mujeres policías sólo pueden alcanzar la letra de molde cuando prestan servicios asistenciales y maternales como los reseñados. Justamente, la apelación recurrente a la figura de la buena policía y buena madre instala en el discurso político y social un registro de actuación de estas mujeres que se estanca en sentidos unívocos y que sigue recreando lo femenino policial en términos del paradigma del cuidado (amoroso), al limitar el ejercicio de actuación de la mujer policía a algunos fáciles y gastados tópicos.

¿Qué relato construye la figura de las mujeres policías que amamantan sobre lo femenino policial? La pregunta intentó servir de disparador para reflexionar sobre la imagen que ese recorte periodístico naturaliza. Y para preguntarse entonces por las derivas sociales y políticas que se activan cuando la figura de la mujer policía sigue convocando, aun hoy -en el contexto regional de luchas feministas y reclamos por los derechos de las mujeres-, sentidos si no perimidos como quisiéramos, al menos fuertemente disputados, reafirmando así estereotipos de género y encasillando a las mujeres en esquemas sociales añejos.

* Mariana Sirimarco es Doctora en Antropología Social (Universidad de Buenos Aires). Investigadora Independiente Conicet-UBA.

 

1 “La Falda: una policía amamantó a un bebé que había sido abandonado en una caja”. En: diario La Voz, 09/03/2019, subrayado propio. Disponible aquí.

2 “Una mujer policía amamantó a una beba luego de que su madre muriera electrocutada”, en: Revista Códigos, 04/01/2019, subrayado propios. Disponible aquí.

3 “La foto de la mujer policía que conmueve a Mar del Plata”, en 0223, 25/10/2018, subrayado propio. Disponible aquí.

4 Ver, por ejemplo, las siguientes aquí y aquí.

5 “Emocionante gesto de una mujer policía en Berisso: amamantó a un bebé abandonado”, LaNoticia1, 15/08/2018. Disponible aquí.

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