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Por Insyde
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El patriarcado policial
La policía es un entramado simbólico y normativo sostenido sobre pactos patriarcales que excluyen a lo femenino y a las mujeres como sujetas constructoras del proyecto policial.
Por Insyde
21 de agosto, 2017
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Por: Laura Muñoz Ramírez

En la policía sigue imperando la lógica institucional permeada por su marco normativo y simbólico de la realidad del género imperante. Tanto en sus prácticas formales e informales, como en las políticas accionadas al interior y al exterior, sigue la dinámica conservadora, poco sensitiva a cambios sociales y apegados a la cultura patriarcal que le proporciona unidad.

La institución policial tiene en común con otras instituciones, como la educativa o económica, que cada una ha sido creada bajo estructuras patriarcales en función de las necesidades masculinas, dirigidas y creadas para y por los hombres.

Estudios históricos describen las primeras sociedades como colaboraciones humanas en donde mujeres y hombres participaban activamente en la búsqueda de alimento, aunque desde los inicios se establece la diferencia biológica por la capacidad de parir. Esta es una de las causas que lleva a la asignación de tareas (recolección- mujeres y búsqueda de alimento-hombres), debido a la poca conveniencia que implicaba para el grupo que las mujeres participaran de actividades como cazar, explorar y luchar dadas sus condiciones de embarazo y la necesidad de más miembros.

Es en el siglo XIX mediante procesos discursivos que se construye la división sexual del trabajo (El mito del varón sustentador: orígenes y consecuencias de la división sexual del trabajo, de Laura Nuño Gómez en editorial Icaria) a través de saberes como la economía, la medicina, la educación, por supuesto donde la predominancia masculina era un hecho. Algunas historiadoras afirman que la creación del sistema patriarcal comienza antes de la sociedad de clases y de la esclavitud (se puede constatar con la quema de brujas, la eliminación de mujeres dueñas de saberes populares), pero no es hasta dicho siglo que la participación de las mujeres se observa como un problema y blanco de cuestionamientos de conveniencia, moralidad y licitud de las actividades asalariadas, respondiendo a una necesidad de contar con una gestión gratuita femenina de actividades domésticas y cuidado del hogar como condición previa para garantizar la existencia del espacio público y de sus ciudadanos, los varones.

Dentro de este contexto se teje gradualmente el argumento basado en el determinismo biológico, pero por supuesto, no como dependientes poco beneficiados de la producción, sino como saber social que pacta la exclusión de las mujeres del trabajo remunerado y su inclusión en menor medida y siempre en condiciones precarias de subordinación.

Este contexto no solo es el de producción, sino también el del mismo Estado. Es la estructura del Estado moderno que tiene imposición y autoridad y es representado por el punto de vista masculino que establece las normas, formas, la relación con la sociedad y sus políticas básicas, creando las instituciones sobre el entendido de la violencia como monopolio (que enfatiza la visión del poder de los hombres sobre las mujeres, en todos los ámbitos de la vida humana).

La policía, entonces, nace como institución central del Estado moderno dejando clara la asociación entre poder y masculinidad, y definiendo sus funciones desde el control, el orden y la fuerza. Excluye a lo femenino en más de una cuestión desde su esencia, como institución creada por hombres y para hombres, como institución que privilegia atributos históricos masculinos (fuerza, poder), y como espacio de producción, recordando que solo los hombres tienen consentimiento para acceder al trabajo remunerado.

La policía es entonces un entramado simbólico y normativo sostenido sobre pactos patriarcales que excluyen a lo femenino y a las mujeres como sujetas constructoras del proyecto policial, manifestado no solo al interior de la institución policial. Se extiende hasta la actuación policial con la comunidad, por tanto las mujeres quedan no solamente exentas del mundo policial al interior, sino también en su relación como individuas y parte de la sociedad.

Entendamos la dinámica policial en este sentido: un policía varón tiene la autoridad que le confiere la institución, pero además tiene el poder y los privilegios que le otorga el pertenecer al género masculino y ambos crecen en medida del rango jerárquico. La autoridad se puede perder al dejar de pertenecer a la institución, sin embargo el segundo, el poder digamos “masculino”, puede disminuir en razón de que tan cerca se encuentra del modelo masculino hegemónico (color, etnia, poder adquisitivo, heteronormatividad) pero jamás, jamás se pierde porque está establecido, normalizado y legitimado socialmente.

En este sentido una mujer policía representa la autoridad de la institución, pero no se desprende de la posición de subordinación por ser mujer. Más aún, ser mujer puede colocarla en vulnerabilidad en los diferentes contextos que puede tener en las actividades de actuación.

El análisis de esta complejidad de dinámicas y sus ilimitadas formas y combinaciones es obligado no solo para crear políticas internas que atiendan los problemas recurrentes de las mujeres policía dentro del espacio, como el acoso y las condiciones laborales, sino además dentro de la creación de modelos de actuación profesional policial.

Entonces, ¿cómo puede una institución creada desde lo masculino incorporar la perspectiva de género?

Pensar en la policía es pensar también en nuestra organización social, es por ello que la policía debe ser un punto estratégico de intervención no solo para mejorar las condiciones de las mujeres policía, sino también para interceder en las condiciones de actuación frente a la población y lo cotidiano. Es importante primero visibilizar las estructuras de poder para legitimar los temas sobre igualdad de género y analizar las normas referentes de opresión que indiquen un marco de acción para intervenir los contextos.

La investigación del Grupo de Investigación sobre Mujeres Policías (GIMP), y que destaca en su libro Mujeres en la Policía: miradas feministas sobre su experiencia y su entorno laboral (de Olivia Tena Guerrero y Jahel López Guerrero en la colección Diversidad feminista del CEIICH /UNAM), ha encontrado fisuras importantes en la estructura patriarcal de la institución policial desde las cuales es viable la participación activa para la inclusión de la igualdad de género. Entre ellas se contempla la apertura de estos espacios a más mujeres, así como garantizar las condiciones óptimas y dignas para el desarrollo de sus labores (puntualicemos por ejemplo que no se compran uniformes para mujeres), proponen retomar los procesos de investigación como fundamentales para escribir la historia de las mujeres dentro de este ámbito, y potenciar sus capacidades políticas además de desarrollar estilos de liderazgo democrático dentro de la institución. Una acción básica e imprescindible deberá ser propiciar espacios de diálogo donde el intercambio de experiencias permita a las mujeres que laboran en la policía definir una identidad colectiva, que responda a la cimentación de modelos de referencia para otras mujeres, reconociendo en estas identidades los logros que han obtenido y los retos próximos.

La tarea no solo será de las mujeres, tendrá que existir la reflexión de cada integrante de la institución, mandos sobre todo, en los usos del poder, del tiempo, sobre la división sexual del trabajo y sobre los valores ligados a la virilidad que vulneran los derechos de las mujeres, reflexión que debe consolidarse al adecuar los programas de capacitación, los protocolos de actuación y los sistemas de atención, priorizando el respeto a los derechos humanos, el reconocimiento de las dinámicas culturales y la adecuada atención a las diferentes necesidades de la ciudadanía, específicamente de las mujeres.

La tarea para un cambio que desemboque en equidad de género en la institución policial parece ser titánica y un tanto utópica, y se entiende que los cambios no solo dependen de este círculo, sino de las condiciones en la administración pública. Sin embargo, si no se van aceptando responsabilidades y retos, el cambio será aún más tardado. Las mujeres policías por su parte van abriendo brechas dentro de la institución, es hora de que la institución responda con acciones concretas.

 

* Laura Muñoz Ramírez es investigadora de la Dirección de Investigación Aplicada en Policía, Seguridad y Justicia Penal (DIAP) de @InsydeMx.

 

 

Referencias:
Lerner Gerda(1990) La creación del patriarcado. Ed. Crítica. Barcelona, España.
Facio Alda (2011)El patriarcado y sus instituciones. Asociación Punto G.

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