Gendarmería Nacional: la consolidación de la militarización de la seguridad en México - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Seguridad 180°
Por Insyde
El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
Gendarmería Nacional: la consolidación de la militarización de la seguridad en México
Con la puesta en marcha de la Gendarmería mexicana existe el peligro de que se perviertan aún más los límites entre policías y militares puesto que se intenta crear una fuerza de proximidad con capacitación castrense, lo cual es contradictorio, ya que el adiestramiento de los gendarmes se ha adaptado al lenguaje y las tácticas militares, creando en el oficial una mentalidad en la que el ciudadano es visto como un potencial enemigo.
Por Insyde
25 de agosto, 2014
Comparte

Por: Adán Bustamante

En semanas recientes los Estados Unidos han atravesado numerosas protestas desatadas por el asesinato de Michael Brown, un joven afroamericano ultimado por un agente blanco del departamento de policía de St. Louis, Missouri, quien disparó en al menos seis ocasiones contra él. Según fuentes policiales, Brown era sospechoso de participar en el saqueo de un local comercial, aunque no se tienen evidencias de ello. Lo que es un hecho es que el operativo implementado por el departamento de policía fue desproporcional, no se apegó a los protocolos del uso de la fuerza y se incurrió en prácticas de brutalidad que pusieron en evidencia la ambigüedad del modelo policial norteamericano.

El problema se anticipaba ante el frecuente despliegue de equipos tácticos en redadas contra pandilleros y narcomenudistas. Meses antes de los sucesos en Ferguson, algunas organizaciones de la sociedad civil, como la ACLU, documentaron la implementación de la visión militar en aspectos de seguridad pública y los riesgos de transitar a un modelo policial mucho más reactivo pese a la madurez en los mecanismos de supervisión (oversight).

Los sucesos ocurridos en Estados Unidos obligan a reflexionar la realidad mexicana. En nuestro país la militarización de la agenda de seguridad pública se remonta a finales de la década de 1980 y principios de 1990, aunque durante los últimos 13 años se ha consolidado un modelo policial militarizado que se afianza con la puesta en marcha de la Gendarmería Nacional. Este proyecto de la campaña electoral de Enrique Peña Nieto tiene el objeto de reorientar discursivamente la lucha contra las organizaciones criminales y desmilitarizar la seguridad interior. Aunque el cambio de rumbo en las políticas de seguridad en realidad obedece a un replanteamiento discursivo con fines políticos que a un verdadero interés por consolidar un cuerpo de policía que cumpla con las demandas sociales.

Dentro del Pacto por México se suscribió en los Acuerdos por la Seguridad y la Justicia crear una Gendarmería de carácter autónoma de al menos 40,000 elementos e integrada únicamente por civiles capacitados. No obstante, pronto surgió la contradicción −que no fructiferó−de arrancar en 2013 con 10,000 gendarmes del Ejercito Mexicano y la Secretaria de Marina.

La opacidad con la que se gestó el proyecto y las contradicciones en las declaraciones son un reflejo de la falta de planeación y visión en el diseño de la nueva corporación policial. Basta con observar las ambiguas responsabilidades que se le han asignado y los absurdos tiempos fijados para su puesta en marcha. La urgencia por comenzar a operar la Gendarmería es una muestra de la falta de criterio de la clase política por entender que la formación de los agentes es paulatina; por lo cual su prematuro inicio de operaciones impactará negativamente en la profesionalidad y fortaleza institucional.

La opacidad impidió que la sociedad conociera las particularidades del proyecto y o incidiera en su desarrollo. En 2013 un amplio número de organizaciones no gubernamentales −entre ellas Insyde− instaron al gobierno federal a convocar mesas de discusión con paneles de expertos, sin lograr que se les tomara en cuenta. La indisponibilidad del gobierno de Peña Nieto por que la sociedad civil conozca los rasgos tácticos y operativos de la nueva Gendarmería aumentó la percepción de que será un cuerpo paramilitarizado, aunado al hecho de que esta fuerza no abona a un modelo de seguridad ciudadana por la falta de certeza jurídica que le convierte en un cuerpo de seguridad del régimen.

Sólo a través de declaraciones de funcionarios se ha podido obtener información respecto al proceso de gestación de la Gendarmería mexicana. En febrero de 2012 el ex Comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón, dijo durante una comparecencia en el Senado que la nueva fuerza policial estaría sujeta a un estricto sistema de disciplina militar y que sus elementos recibirían una instrucción hibrida (policial y militar), lo cual demuestra que el modelo de capacitación se diseñó privilegiando la formación castrense. De hecho, a pocos días del inicio de operaciones de la Gendarmería, el actual Comisionado, Monte Alejandro Rubido, puso como modelos al Ejército y la Marina y ratificó que los gendarmes se encontraban en la última fase de formación “preparándose en la vertiente de capacitación militar”.

Ahora bien, los riesgos de que el modelo de militarización policial se consolide con la Gendarmería Nacional son muy altos debido a la falta de un marco jurídico que le regule y la insuficiente claridad institucional y doctrinaria. En este sentido, es importante señalar que existen dos modelos de Gendarmería que poseen estructura militar. La diferencia radica en que unos tienen carácter centralizado, como la Gendarmerie Nationale de Francia, que depende del Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa, lo que la convierte en una fuerza policial con estatuto militar. Mientras que en países como Colombia las propias leyes estipulan sus funciones policiales, aunque se ajustan a una doctrina militar que incluso les faculta como un cuerpo alterno de reserva en caso de un conflicto internacional; es decir, tiene una estructura jerárquica militar pero legalmente sus funciones son prevenir el delito. Estos dos ejemplos son muestra de que el modelo mexicano carece de una ley que determine facultades específicas y señale la división entre la doctrina militar y la función policial.

Es importante señalar que la existencia de policías con modelo disciplinario y estructura jerárquica militar no son sinónimo de una policía militarizada. Únicamente se puede determinar este proceso al observar los rasgos tácticos, operativos y de formación, tales como el tipo de equipamiento militar adaptado a funciones de seguridad pública, el enfoque castrense en los cursos de formación básica y el uso de tácticas reactivas.

Con la puesta en marcha de la Gendarmería mexicana existe el peligro de que se perviertan aún más los límites entre policías y militares puesto que se intenta crear una fuerza de proximidad con capacitación castrense, lo cual es contradictorio, ya que el adiestramiento de los gendarmes se ha adaptado al lenguaje y las tácticas militares, creando en el oficial una mentalidad en la que el ciudadano es visto como un potencial enemigo. Asimismo, los abultados presupuestos han incentivado la adquisición de armas automáticas, equipos de blindaje corporal y vehículos todo terreno tipo URO-VAMTAC, que si bien son utilizados para el combate a las organizaciones criminales, también pueden ser usados en contra de la población civil.

La principal preocupación de la sociedad civil es que este cuerpo policial (el cual fue creado por instrucción del Presidente de la República y el Secretario de Gobernación) no se ajusta a controles políticos, jurídicos y mucho menos sociales. Para colmo, la Gendarmería abona al proceso de centralización de la seguridad debido a que podráintervenir en asuntos del fuero común, por lo que miniaturizaráen competencia a autoridades locales.

Suena pesimista, pero el guerrero-policía (warrior cop) vino para quedarse, a menos que exista la voluntad política para revertirlo.

 

 

* Adán Bustamante es colaborador de la Dirección de Investigación Aplicada en Policía, Seguridad y Justicia Penal de Insyde.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.