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Por Insyde
El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
Gotas de odio: criminalidad urbana en la Ciudad de México
Los casos de taxistas que duermen a pasajeros no es el único. En los últimos años se ha dado a conocer información en los que se han usado gotas oftálmicas como somnífero para adormecer a las víctimas y poder robarles. 
Por Javier Moro y Daniel Estrada
16 de septiembre, 2019
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La literatura es clara: en nuestro país nunca ha existido paz. Sin embargo, quienes dejamos la infancia antes del año 2000, hemos presenciado que en México se han venido gestando un sin número de prácticas de violencia cada vez más agudas. Manifestaciones que han rebasado la capacidad de las instituciones de seguridad y procuración de justicia para contrarrestar los crímenes y la inseguridad que prolifera. Ambas instancias del Estado carecen de estrategias preventivas ante la creciente complejidad de las dinámicas de violencia con las que cohabitamos.

El abogado Pablo González Kusulas había regresado a la Ciudad de México después de terminar su maestría en leyes en Estados Unidos. El pasado 21 de junio salió con algunos amigos a cenar y después fueron a un karaoke en Santa Fe. Su cuerpo fue encontrado en el Eje 5 en la Colonia Nápoles de la Ciudad de México. A través de lo publicado en diferentes medios de comunicación se sabe que Pablo abordó un taxi ordinario, que el chofer le ofreció una botella de agua que contenía ciclopentolato, que provocó que su muerte fuera casi de inmediato. El taxista dejó el cuerpo en las calles la madrugada del 22 de junio.

Gracias a la presión mediática y de amigos y familiares fue posible detener al conductor del taxi placas A3320K días después. Según versiones periodísticas, el conductor del taxi podría estar vinculado al tráfico de drogas, ya que cuando fue detenido tenía en su poder envoltorios con diferentes sustancias y botellas de agua con gotas oftálmicas diluidas. Además le encontraron tarjetas de crédito y dinero en efectivo, y fue detenido cuando intentaba retirar dinero en un cajero con la tarjeta de un cliente que se encontraba en su unidad en estado de ebriedad.1

Hace cinco años Javier -coautor de este artículo- salió de un bar de la colonia Roma y recibió de manos de un taxista de la calle un refresco que le ofreció. A las pocas cuadras el taxi se orilló en una calle de la misma colonia y un par de sujetos se subieron a la parte de atrás en donde viajaba. Las gotas ya estaban haciendo efecto y fue incapaz de defenderse de la lluvia de golpes. Le pedían los números nips de sus tarjetas bancarias y ante su negativa a dárselos el taxista lo golpeó en la cabeza. Lo siguiente que recuerda es despertar en una banqueta, sin zapatos, sin mochila, sin cartera, sin celular, sin un peso en la bolsa y sin saber en dónde estaba. Otro taxista se detuvo cuadras adelante para ofrecerle su ayuda, y lo primero que preguntó fue qué le había pasado. Javier pasó once días en el área de traumatología de un hospital público con la clavícula izquierda rota en tres partes.

El cinclopentanol es un compuesto oftálmico empleado para dilatar la pupila o causar parálisis a corto plazo en los músculos oculares para una cirugía intraocular. Combinada con alcohol produce somnolencia y pérdida del conocimiento hasta 10 horas. En exceso puede causar la muerte. Según las declaraciones de los abogados de González Kusulas su muerte fue casi inmediatamente después de tomar de la botella de agua que le ofreció Felipe “N”, el taxista de 60 años que después abandonaría su cuerpo en las calles de la Ciudad de México.

A partir del caso González Kusulas, en el pasado mes de julio las autoridades de la Ciudad publicaron un perfil de los taxistas que cometen violaciones. La mayoría espera a sus víctimas afuera de bares y restaurantes en las colonias Roma, Condesa, Polanco o sobre la Avenida de los Insurgentes. En un primer momento se muestran amables con los pasajeros y les ofrecen agua o refresco. Se ganan la confianza del pasajero, estudian su ruta e indagan sobre su vida, sus posibilidades económicas, para decidir si asaltan o no.

Beto tuvo una experiencia similar al salir de un bar en la Condesa. Después de la fiesta y risa constante de aquella noche su vida se transformaría. Posterior a la cancelación de un Uber decidió tomar un “sitio de la calle”. El recuerdo se basa en una presunta amabilidad del chofer, “¿quieres agua?, para que se te baje”. Al día siguiente despertaría asustado y aturdido en su departamento, sin recordar cómo había llegado o cómo había entrado a su casa. Los vecinos de su edificio, alarmados, tocaban la puerta sin cesar, por un fuerte olor a gas que se escapaba de su departamento. Beto logró levantarse, cerrar las llaves del gas y abrir la puerta para dialogar con sus vecinos que lo observaron asustados. Le habían robado sus pertenencias y además el taxista había logrado ingresar a su departamento de donde había sustraído diferentes objetos de valor e identificaciones, para después dejar abiertas las llaves del gas, con la posible intención de que falleciera y su muerte pareciera un suicidio. Gracias al apoyo de una amiga pudo llegar a emergencias de un hospital, donde diagnosticaron intoxicación por dos tipos de sustancias, por ciclopentolato y gas casero.

En ambos casos las víctimas llegaron a denunciar el robo al Ministerio Público, donde los funcionarios encargados de tomar la declaración generaron diálogos con sorna sobre algunos de los detalles del evento: “Pues es que ya estabas muy pedo, ¿por qué le aceptaste el agua?”, “¡Si no hubieras estado en ese estado, quizás no te hubiera sucedido lo que pasó!”. Estas actitudes de los servidores públicos son expresiones de una violencia institucional donde la burla, el escarnio, el poner en duda la palabra de los afectados son prácticas comunes de las autoridades para evitar que la denuncia sea levantada.

Los casos de taxistas que duermen a pasajeros no es el único. En los últimos años los medios de comunicación han dado a conocer información en los que se han usado las gotas oftálmicas como somnífero para adormecer a las víctimas y poder robarles. Entre los casos que más han llamado la atención están el de las llamadas “Goteras VIP”. También se supo en los medios la situación por la que atravesaron gays que se convirtieron en víctimas de un hombre que los drogó y robó tras contactarlos por la app de citas Grindr.

A pesar de que los casos no son idénticos, sí se podría mencionar la relación que existe con los casos que se han dado a conocer recientemente de mujeres que han sido asesinadas después de abordar taxis o Uber. Estos hechos delictivos deberían levantar las alarmas de las autoridades para revisar de manera estricta los perfiles de los prestadores de este servicio, para evitar que el transporte concesionado se convierta en un espacio peligroso para las ciudadanas y ciudadanos que solicitan un servicio, que se debería de basar en el respeto a la movilidad urbana.

Diseño de infografía: Lucía Elisa Moguel (@la_moguel).

 

Los acontecimientos narrados parecen coincidir en algo: se muestran como gotas de odio que se acumulan por aquí y por allá causando un mal y un prejuicio a las víctimas y sus familiares. Especialmente porque prevalecen prácticas de violencia que recurren a estrategias de localización y vulnerabilidad por medio de etiquetas sociales basadas en el sexo, género, clase social y orientación sexual. Aunado a ello, el hecho de que muchas de las víctimas hayan sufrido estos delitos tras pedir el servicio por la noche después de estar en reuniones en casas, bares o restaurantes, habla de una creciente vulnerabilidad de nuestro derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre y al ocio. Y al tiempo, son actos violatorios de nuestro derecho a la movilidad, a la seguridad y a la integridad.

Es urgente que las autoridades policiales y de procuración de justicia desplieguen todas su capacidades de investigación y de inteligencia para la obtención de información que les permita controlar y erradicar estas modalidades delictivas, al tiempo que pudiese servir para potenciar estrategias preventivas al alcance de la ciudadanía. La información oportuna, precisa y veraz para la prevención de estos delitos está todavía muy lejos de la ciudadanía, que suele conocer solo aquellos casos como el de González Kusulas cuando alcanzan relevancia mediática, pero que cada vez se suceden con mayor regularidad poniendo en riesgo a todas y todos aquellos que hacen de la noche un momento de disfrute y goce de una ciudad que hoy no logra ser segura ni pacífica.

De ahí que generar sinergias entre las autoridades de gobierno y la ciudadanía -congregada en colectivos defensores de los derechos humanos, de jóvenes, mujeres o comunidades locales, entre otros- es uno de los más grandes desafíos para hacer efectiva la coproducción de la seguridad. Ello nos podría llevar a incentivar, promover y a poner en práctica una cultura de la prevención para evitar que más ciudadanas y ciudadanos puedan perder la vida en circunstancias como las referidas aquí. Esas gotas que invadan hoy cuerpos usurpándoles la tranquilidad, la libertad y hasta la vida, no pueden continuar alimentando los muchos ríos de agravios que ha traído consigo la crisis de la inseguridad, crimen y violencia que vive México. Al contrario, debemos increpar su presencia, moviéndonos y adoptando cotidianamente nuevas formas de comunicación y cuidado colectivo que permitan el brote de fuentes de pacificación.

* Javier Moro Hernández (@javiermoroh) es periodista cultural y escritor. Trabaja con el Núcleo de Organizaciones de la Sociedad Civil de la Alianza para el Gobierno Abierto. Daniel Estrada Zúñiga es Sociólogo interesado en cuestiones de género y derechos humanos. Instagram: destrazu11.

 

1 Para mayor información sobre el caso se pueden consultar las siguientes notas periodísticas acá, acá y acá.

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