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El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
La inseguridad vista por las mujeres argentinas
"Yo la verdad, no salgo... para nada. Es peligroso el barrio. Estoy todo el día en mi casa. Y si salgo, lógicamente salir acompañada… mucho mejor...".
Por Insyde
29 de noviembre, 2016
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Por: Gimena Bertoni 

 

Esto es así, vos vivís en la inseguridad. Vos salís y no sabés si vas a llegar a tu casa o no vas a llegar. Antes no era así…

 

Los estudios sobre el sentimiento de inseguridad se han centrado principalmente en análisis referidos a la identificación de las causas que contribuyen a la configuración de éste y cómo es experimentado por las personas. Esto se ha abordado desde diversas perspectivas, dada la variedad de elementos reconocidos que constituyen a este fenómeno aparecido en la literatura anglosajona en la década de 1970. El hallazgo de estos primeros trabajos, hoy punto de partida para el estudio de la inseguridad subjetiva, es el hecho de que no existe una correspondencia necesaria entre los niveles de inseguridad objetiva –por ejemplo, tasas de homicidio y victimización- y los niveles de percepción de la inseguridad por parte de la ciudadanía. Es decir, se ha constatado en distintas latitudes la relativa autonomía de la primera con respecto a los índices delictivos. Así, el sentimiento de inseguridad se ha vuelto un problema separado y separable del delito.

Este sentimiento forma parte de una problemática más amplia, denominada seguridad ciudadana, que es entendida como el “conjunto de acciones públicas (…) orientadas a producir y garantizar determinadas condiciones de convivencia, a la persecución de delitos, la reducción de formas de violencia y la protección de los bienes y la integridad física de los ciudadanos (…) preservar a todos los ciudadanos, garantizando el ejercicio de sus derechos y de su libertad” (Publicación completa aquí. Otras definiciones propuestas: CIDH y PNUD).

En la Argentina el sentimiento de inseguridad no se manifiesta tanto hacia problemas de seguridad complejos, como pueden aquéllos relacionados a los diversos tipos de crimen organizado. En contraposición, está centralmente asociado a delitos comunes -aleatorios y callejeros, que atentan contra la propiedad privada- y a ciertas conductas concebidas como inciviles o delictivas de ciertos actores construidos socialmente como peligrosos –jóvenes varones y “morochos” de sectores populares. De esta forma la idea de seguridad allí se ha vuelto una “cuestión individual y privada” por ser entendida como seguridad personal.

En los medios masivos de comunicación la víctima construida y presentada es, casi con seguridad, una persona de clase media o alta. Esto niega y silencia la realidad de que son las ciudadanas/os de sectores populares aquéllas/os que más sufren tanto las violencias como las victimizaciones reales en la sociedad actual argentina. Y son ellos/as también quienes expresan en mayor grado el temor al delito, dado que experimentan de manera más extrema la inconsistencia institucional, la desigualdad y la fragmentación y vulnerabilidad social. En el marco de una reciente investigación centré mi interés en la experimentación de esta problemática por parte de mujeres de sectores populares de dos asentamientos periurbanos, ya que son ellas quienes declaran en mayores niveles ese temor en este grupo socioeconómico -y no así las victimizaciones en términos agregados.

Vos venís atenta a todo porque no sabés si va a salir alguno de atrás… La zona es muy insegura. La policía no hace nada, y lo menos hace es salir a correr un delincuente. Nunca va a mejorar, va a ir en peor porque nunca hacen nada

Claro está que la diferencia más significativa que se encuentra entre los géneros es que las mujeres tienen mayor temor a ser victimizadas sexualmente. Sobre este punto es importante señalar que aunque sobre ciertos tipos de delitos –como los perpetrados con violencia física- son menos victimizadas, otros son subdeclarados por las mujeres. Éstos son los que típicamente se hallan dirigidos hacia las mujeres y sus cuerpos: agresiones verbales en el espacio público o la violencia más explícita como puede ser una agresión sexual –desde un roce corporal hasta un abuso. Esto se debe tanto a las falencias de las encuestas de victimización para captar la problemática como al hecho de que las variadas hostilidades de las cuales son víctimas no se tipifican como delito.

Las fuentes de estos datos son principalmente estudios académicos, dado el déficit de estadísticas públicas en Argentina. Unas pocas encuestas con diseños y periodicidades diversas o de una única aplicación se encuentran en las ciudades de Rosario, Córdoba y Buenos Aires, lo cual no las hace comparables. Por citar un ejemplo, en Argentina no contamos con información como las provistas por la ENVIPE o la ENSU, realizadas periódicamente –desde 2011 y 2013 respectivamente- por el INEGI mexicano. Algo similar podríamos decir de las estadísticas vinculadas a los índices delictivos. Esto supone un grave problema no sólo para la realización de diagnósticos y análisis estrictos, sino que también serían la clave y el punto de partida para la proposición y ejecución de políticas públicas de seguridad democráticas que contribuyan a disminuir tanto su dimensión objetiva como subjetiva.

A partir del trabajo de campo realizado para la investigación mencionada se observó que el temor de las mujeres a transitar por la ciudad además de fortalecer las dependencias con otras personas, degrada su condición de ciudadanas portadoras de derechos ya que cercena sus libertades. Esto significa que la experimentación de las ciudades no es la misma para las mujeres que para los varones, ni tampoco para aquellos que viven en situaciones de marginalidad. Las entrevistadas también reconocieron la existencia de limitaciones y demarcaciones tanto de lugares como de horarios que están cuasi vetados o restringidos para transitar libremente; hecho que reafirma la asignación de roles y autorizaciones diferentes, y que se dan a partir de las construcciones sociales y culturales del “ser mujer”. Las mujeres, al transitar los espacios públicos, no sólo se sienten amenazadas por la posibilidad de ser víctimas de un delito sino que también experimentan con temor las violencias y hostilidades cotidianas ejercidas por los varones en general, por lo que no necesariamente coincide con esa construcción social fenotípica sobre los “pibes chorros” (expresión utilizada para referirse a los jóvenes que delinquen) como los únicos agresores.

El aislamiento o la reclusión en el espacio privado de algunas de las entrevistadas son las manifestaciones más extremas del sentimiento de inseguridad.

Yo casi no salgo mucho. Yo la verdad, no salgo… para nada. He escuchado casos ahora que hay muchas violaciones… Es peligroso el barrio. Estoy todo el día en mi casa. Y si salgo, lógicamente salir acompañada… mucho mejor.

Todas estas “precauciones” en mayor o en menor medida limitan el disfrute del espacio público y la posibilidad del encuentro con los “otros”, produciendo y reproduciendo subjetividades femeninas degradadas al reafirmar la supuesta dependencia y vulnerabilidad de la que son portadoras las mujeres –más aún las de sectores populares, por su condición de clase.

En Argentina y en gran parte de la región, no se reflexiona sobre la seguridad ciudadana como un problema de promoción de los derechos, sino que se la asocia principalmente con la restricción de éstos. Por ello es necesario pensar políticas públicas de seguridad alterativas a las existentes –como la militarización de las fuerzas, la saturación territorial, mayores niveles de punición, entre otras-, que no vulneren derechos ni garantías y se enfoquen en la prevención de las violencias y los delitos en general. Asimismo se vuelve urgente una problematización sobre la planificación de los espacios públicos y territorios en pos de contribuir a disminuir los altos niveles de sentimiento de inseguridad.

Y en particular es menester la incorporación de una perspectiva de género que se enfoque en los miedos, violencias y conflictividades que afectan principalmente a las mujeres: el acoso callejero en todas sus variantes, la restricción más aguda de las movilidades y del disfrute del espacio público y del derecho del uso a las ciudades. Esto último debe pensarse y problematizarse dentro de la perspectiva más amplia de los derechos humanos, dado que todas estas limitaciones deterioran la condición de ciudadanas de las mujeres en tanto dificultad, negación o imposibilidad de portar y ejercer sus derechos.

 

* Gimena Bertoni es Licenciada en Sociología por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Maestra en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana en Ciencias Sociales (FLACSO), Sede México. Correo electrónico: [email protected]

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