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El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
La Guardia Nacional desde la distancia
Creer que la solución a un problema grave, completo y enquistado en los últimos decenios es únicamente un cuerpo de policía de carácter militar parece bastante simple e incluso ingenuo. No existe ninguna evidencia empírica en esta dirección.
Por Insyde
8 de julio, 2019
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Por: Francesc Guillén Lasierra

La actual reforma destinada a crear la Guardia Nacional presenta, desde la distancia, alguna peculiaridad: constitucionalmente esta descrita como una fuerza civil, pero en la práctica dos tercios de sus miembros provienen del Ejército y la Armada, son formados en academias militares, y tienen como jefes a militares retirados. Circunstancia que ha generado un amplio y virulento debate sobre la conveniencia o no de militarizar la función policial.

Si el texto constitucional establece de manera explícita a la Guardia Nacional como fuerza civil, ¿por qué estos intentos nada disimulados de militarización? Parece que en algunos (poderosos) sectores se piensa que, aunque mantenga formalmente el carácter civil, necesita una estructura y funcionamiento militares. ¿Por qué defienden esta idea? Una explicación muy plausible sería que aquellos partidarios de dinámicas militares pensaran que la situación en que se encuentra México se parece mucho más a una guerra que a la seguridad ciudadana. ¿Significaría abonar la tesis de algunos (Barrón, 2012) según la cual México es un estado fallido, ya que hay partes de su territorio cuyo control están en manos de organizaciones diferentes a las del Estado? Probablemente no sea necesario ir tan lejos.

En primer lugar, en México ya existe una larga tradición de utilizar el Ejército en ámbitos de seguridad pública (Moloeznik, 2018). De hecho, algunos ya las incluyen como una de sus, más o menos implícita, funciones. La tradición de intervenciones militares es larga tanto en el ámbito de las revueltas políticas como en la lucha contra el narcotráfico (predominante en los últimos tiempos). En segundo lugar, resulta evidente que el poder civil ha fracasado en la articulación de un sistema socio-político que impida o dificulte seriamente la existencia de delincuencia altamente violenta. Ante un poder civil y una policía aquejadas de ineficacia y corrupción, no parece impopular la necesidad de recurrir a la profesionalidad, disciplina y fidelidad del Ejército.

En el sur de Europa se trata, sin duda, de la influencia del modelo francés “exportado” por Napoleón en los años subsiguientes a la revolución francesa. La Gendarmerie Nationale se crea precisamente con el proceso revolucionario (1791), como órgano de salvaguarda de los principios revolucionarios. En España (Guardia Civil), Portugal (Guardia Nacional Republicana) e Italia (Carabinieri) se crean algo más tarde y, especialmente en el caso español, no con ningún ánimo revolucionario sino por las presiones de los militares y de los sectores más conservadores que controlaban totalmente el Ejército y no del mismo modo los nuevos e incipientes cuerpos de seguridad. La idea de disciplina, jerarquía y defensa del Estado están muy presentes. De hecho, en el siglo XIX español, cada vez que las clases dominantes sienten que el sistema político se les escapa de las manos utilizan el Ejército para tomar el poder. Por lo tanto, no iban a permitir la existencia de otros cuerpos armados relevantes fuera del mando del gobierno y del rey.

En general, las oligarquías siempre durmieron más tranquilas con la existencia de cuerpos de policía de carácter militar que presumiblemente acabarían defendiendo con total eficacia el status quo dominante (Bertaccinni, 2009). En estos países los cuerpos militares se han configurado para el control del territorio y, en cambio, los cuerpos civiles (Policía Nacional, Policía de Seguridad Pública, y Policía del Estado) se han configurado como policía urbana. No deja de tener sentido que a las policías de carácter militar se les otorgue el control del territorio, que es una de las funciones primordiales del Ejército. En todos estos países la influencia de estas policías con estatuto militar en las esferas de poder es mucho más intensa que la de las civiles.

En Latinoamérica parece existir una tendencia a la militarización de las organizaciones policiales como respuesta a situaciones de altos niveles de violencia, de criminalidad organizada y de inestabilidad política (Moloeznik y Medina, 2019). En un contexto en que, afortunadamente, existe ya investigación científica sobre los temas relacionados con la eficacia de los distintos tipos de policía, sería razonable buscar evidencias sobre la superioridad de la policía de carácter militar sobre la policía de carácter civil.

Recientemente se ha publicado un estudio (Mummoloa, 2018) que analiza los resultados de las unidades más militarizadas de la policía (los equipos SWAT desde el punto de vista del autor) en diversas ciudades de los Estados Unidos. Pues bien, el resultado del trabajo muestra que la intervención de estos grupos no disminuye la violencia ni mejora la seguridad de los policías (dos argumentos tradicionales en su favor) y, en cambio disminuye claramente la confianza del público en la policía.

Un caso muy interesante lo encontramos en Irlanda del Norte durante los años del terrorismo del IRA (Irish Republican Army). Nunca militarizaron la Policía de Irlanda del Norte (RUC en aquellos años), pero utilizaron al Ejército en los momentos más conflictivos, provocando masacres que, obviamente, enconaron aún más el conflicto. El caso luctuoso más conocido fue el Bloody Sunday (1972) en que el Ejército disparó contra una multitud que se manifestaba en la ciudad de Derry. Es decir, el carácter de guerra del conflicto era bastante visible, pero, aún así, no se decidieron a dar todo el protagonismo al Ejército y cuando tuvo alguno los resultados fueron normalmente muy negativos.

Finalmente, si hablamos de México y aceptamos que el Ejército ha tenido una amplia intervención en la lucha contra el crimen organizado en los últimos años, la estadística de homicidios pone muy en entredicho la eficacia del Ejército en este tipo de situaciones. Los datos del último semestre recientemente publicados nos confirman la tendencia al alza de los últimos años, con más de 17.500 personas fallecidas. Este mismo junio también se publicó un informe (López Portillo y Storr, 2019) en el que se estudian los resultados de un período de diez años de intervención del Ejercito en siete municipios del estado de Veracruz, y la reducción de los homicidios con arma de fuego es prácticamente inexistente.

Algunas conclusiones desde la distancia

En primer lugar, no parece un buen punto de partida la falta de claridad “formal” sobre el carácter de la nueva policía. Sería importante que el público no tuviera la sensación de que le están vendiendo gato por liebre, ya que esto puede ir en detrimento de la confianza que vaya a recibir la nueva policía. Además, si se mantiene el carácter civil formal de la policía, los agentes policiales provenientes de la antigua Policía Federal no tendrían que, como parece que está ocurriendo, ser postergados en las nuevas estructuras.

En segundo lugar, creer que la solución a un problema grave, completo y enquistado en los últimos decenios es únicamente un cuerpo de policía de carácter militar parece bastante simple e incluso ingenuo. No existe ninguna evidencia empírica en esta dirección. Lo que sí parece más necesario es una policía profesional, bien formada y remunerada, con los recursos y el equipamiento necesarios, que sea capaz de establecer estrategias que incorporen e integren en la lucha contra el crimen organizado todas las policías existentes en el país, de manera que se aprovechen sus esfuerzos y conocimientos en un marco común. No está la situación en el país, al menos vista desde fuera, para despreciar recursos y aliados. En los países con la tradición policial más centralista en Europa (normalmente con un cuerpo de policía con estatuto militar) se ha comprendido en las últimas décadas la necesidad de integrar a las autoridades y policías locales en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado.

Finalmente, si se decide seguir por la senda actual, una militarización de facto habría que entender que la protección de los derechos humanos que toda policía ha de garantizar no se consigue con una formación militar aliñada con conocimiento de la legislación nacional e internacional al respecto. No se puede adiestrar en la actuación con parámetros militares y al final impartir lecciones teóricas de derechos humanos. Es necesario que el adiestramiento ya tenga incorporada la técnica de intervención que garantiza los derechos de la persona que es objeto de la intervención policial. Es decir, toda la formación policial ha de estar alimentada por los valores y principios propios de la policía, tenga la institución carácter civil o militar (aspecto que sí ha sido meridianamente comprendido por las policías con estatuto militar del sur de Europa), lo contrario es un despropósito que está condenado al fracaso.

* Francesc Guillén Lasierra es jurista, criminólogo y estudioso de las políticas públicas de seguridad. Actualmente es Responsable de Proyectos y Organización en el Departamento de Interior de la Generalidad de Cataluña.

 

Bibliografía

Barrón, Martín Gabriel. (2012). Gobernar con el miedo. La lucha contra el narcotráfico en México (2006-2012), Novum, Inacipe, México.

Bertaccini, Davide. (2009). La politica di polizia, Bononia University Press, Bologna.

López-Portillo Vargas, Ernesto y Storr, Samuel (2019). Seguridad pública enfocada en el uso de la fuerza e intervención militar: La evidencia en México 2006-2018, Universidad Iberoamericana, Ciudad de México. Disponible on line aquí.

Moloeznik, Marcos Pablo (2018). Tratado sobre pensamiento estratégico-militar (Enseñanzas para el Sistema de Defensa de México), Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, México.

Moloeznik, Marcos Pablo, y Medina, Ignacio (2019). Contextualizaciones Latinoamericanas. Proceso de militarización de la seguridad pública en América Latina, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Guadalajara.

Mummoloa, Jonathan. (2018) “Militarization fails to enhance police safety or reduce crime but may harm police reputation”, en Research Briefs in economic policy. Núm. 143. CATO Institute. Disponible on line aquí.

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