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El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
La moral de los medios como venganza justiciera
El derecho de acceso a la justicia se deforma cuando en el periodismo se utilizan las imágenes para provocar el deseo de venganza. Así, sea o no capturado el culpable de un delito y sea o no procesado en un juicio donde se le garantice el debido proceso, a éste se le desea que lo torturen: “será castigado”, “ira y conmoción”, “unidos para repudiar” y “agarrarlo y préndele lumbre”.
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22 de diciembre, 2014
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Por: Equipo de Violencia y Medios

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Exigen justicia… difunden foto

La foto filtrada de un presunto culpable a los medios de comunicación, ¿puede modificar ─aunque sea por unas horas─ nuestra concepción de la justicia? De acuerdo con la antropología estructuralista, la línea que separa a la justicia de la venganza no es muy visible cuando en el debate público se equiparan los conceptos de crimen y pecado.

El conflicto de lo social radica en la opacidad del sistema de justicia penal mexicano ─que en la actualidad funciona como sustituto institucional de la venganza privada o el sacrificio colectivo─ y su imposibilidad para garantizar los derechos humanos. Esto es lo que provoca, de acuerdo con René Girard (La violencia y lo sagrado, 1995), que el rito que diferencia la violencia antigua de la moderna sea ineficaz, multiplicando a la primera y haciendo necesaria la generación de cada vez más chivos expiatorios ─miles de hombres y mujeres encarcelados sin proceso penal o sentencia, así como otros miles de desaparecidos o asesinados.

El sistema de justicia penal tiene un gran aliado en la actualidad: los medios de comunicación. La crónica policial roja del periodismo se ha convertido en su contraparte necesaria, aquella que construye los relatos y los simboliza en lo que Leonor Arfuch (Crítica cultural. Entre política y poética, 2008) llama “la monstruosidad del ojo”, que no es más que la narración del crimen a partir de tres figuras: el cuerpo de la víctima (resultado de una acción de naturaleza aberrante), el asesino (dibujado con fascinación y terror) y el acto de mirar (voyeurismo de la audiencia).

Así, este entramado periodístico es la implacable descripción de la acumulación de detalles en donde nada macabro u obsceno se suprime −que con la imagen del fotorreportero se convierte en hiperrealista−: es imposible una realidad más cerca, más inmediata y más verosímil que la imagen tomada por la cámara en la crónica policial. Pero esta realidad resulta que no es neutral, primero porque la decisión de publicar o no esa imagen recae en el jefe de información, y segundo, porque hay códigos de ética periodística. Aun así, las imágenes rojas son publicadas y Arfuch (2008:61) da una posible respuesta del porqué: “En la crónica policial no importa la verdad del hecho, sino el trazado de un campo político siempre tentado… de instituirse en guardián de los valores colectivos”.

Para comprobar la hipótesis de que la moral (vengativa) sustituye a la justicia (moderna) cuando el delito elabora una “otredad delincuente” a través de la indignación que fomenta el discurso del “la morbosidad del ojo”, hay que acudir a los casos empíricos. El 21 de mayo de 2014 en los medios apareció como un virus (61 notas publicadas) la noticia de un niño que había sido ingresado severamente golpeado a un hospital en Tlalnepantla, Estado de México. Se publicó su nombre y las fotografías del niño golpeado comenzaron a circular profusamente en internet y en los medios escritos y audiovisuales. Para el día siguiente, 22 de mayo, ya se habían sumado otras 41 notas (102 en total) y las fotos del niño habían sido difundidas en 58 ocasiones ─aparecía prácticamente desnudo, terriblemente golpeado y con tan sólo una banda de color photoshopeada en los ojos.

La fotografía periodística tiene una fuerza poderosa para confundir la justicia con la venganza en el discurso de “la morbosidad del ojo”, ya que le permite construir (1) identidades y (2) modos de narración, que permean en la manera como se comprende el acontecimiento en la comunidad y provoca querer hacer “justicia” por mano propia.

En el caso del niño del Estado de México, los días 21 y 22 de mayo de 2014 los medios de comunicación iniciaron la construcción de las identidades de la víctima y del agresor a través de la sobreexposición de las imágenes difundidas ─que incitan a la confusión entre justicia/venganza─ con notas tipo: “Exigen justicia para (nombre del niño)”. Para este día, con las 58 imágenes difundidas del niño golpeado, la “exigencia de justicia” en los medios responde a ese plus de sensacionalismo moralista de cuando un niño está involucrado en un delito: ¿cómo sucedió y por qué le hicieron eso? Por lo tanto, el debate se observa como algo individual, inexplicable-gratuito, y no en su contexto real y social.

Pero los medios no se saciaron con la sobreexposición del niño. Tan sólo 24 horas después, el 23 de mayo, fue filtrada a Excélsior la imagen del presunto agresor, el padrastro, y aparecieron notas tipo: “Difunden la foto del presunto agresor”. Para este momento, existe una continuidad con la identidad justicia/venganza porque dibuja al agresor como un “otro”, externo a la comunidad, que cualquiera debe denunciar (y si es posible linchar, como se dijo en incontables ocasiones en internet) si es identificado en las calles. La fotografía del presunto agresor fue exhibida en 119 ocasiones durante nueve días (junto con 98 repeticiones más de las fotos del niño lesionado). Así fue hasta su captura el 11 de junio, cuando 24 horas después ya había sido exhibido en 90 ocasiones más (209 en total).

El cuadro 1 describe el monitoreo del caso para las dos identidades contrapuestas: “Exigen justicia” y “Difunden foto”. Ahí se distingue el modo de narración mediática bajo los principios de la “morbosidad del ojo”, que responde exactamente ─y no es ninguna coincidencia─ a los métodos de procuración de justicia de nuestro país: 1) se sabe de un delito, se difunde en la comunidad, 2) se publica la foto del presunto agresor para generar denuncias anónimas, y 3) se le captura.

Por ello, el modo de narración se dividió en tres periodos: 1° Periodo (21-22 mayo): desde que publican las fotos del niño golpeado hasta antes de difundir la foto del agresor; 2° Periodo (23-31 mayo): desde que exhiben la foto del agresor hasta que el niño sale del hospital; 3° Periodo (11-12 junio): desde que detienen al agresor hasta que lo presentan al juez.

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El modo de narración del caso tiene tres instantes definitorios: primero, cuando se convierte en noticia la imagen y el caso del niño golpeado; segundo, cuando se filtra la imagen del presunto agresor, y tercero, cuando se le detiene. Este modo de narración está identificado por el texto “Difunden foto” y conlleva de manera implícita una manera de concebir a la justicia. Es una justicia vengativa que inició el 23 de mayo y concluyó el 11 de junio.

La justicia vengativa cae en el ámbito de lo moral, de los valores impuestos por quienes demandan venganza. Va de la mano con los abusos, torturas y con la máxima de “recibir su merecido”. Es cuando la voluntad popular se convierte en un ‘ojo por ojo’. La justicia vengativa tan sólo busca el efecto inmediato: aísla el verdadero problema, el problema social que rodea el acontecimiento, lo mira como algo individual que, cuando lo resuelve, lo concluye, sin observar los problemas latentes y simbólicos que desencadena. Por lo tanto, sólo busca regresar al status quo, a través del autoreconocimiento con las autoridades, sus iguales, (nota tipo: “reconocen actuación gobierno mexiquense por caso (nombre)”, 30-05-14), y del reconocimiento de la comunidad que demanda venganza (nota tipo: “Agresor de (nombre) no alcanza fianza”, 11-06-14). Por lo tanto, es una justicia estéril.

Sin embargo, la exigencia del acceso a la justicia es un derecho individual y colectivo, que genera transformaciones positivas en la sociedad (movimientos de migrantes, de desaparecidos, de presos políticos, entre otros). A esta exigencia de justicia, en el presente caso, se le identifica con el texto “Exigen justicia”. El monitoreo demuestra (gráfica 1) que la exigencia de justicia (línea azul) que el periodismo promovió con la cantidad de notas publicadas se identifica claramente en el primer periodo de la noticia (21 y 22 de mayo).

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No obstante, cuando se publica la imagen del presunto agresor (23 de mayo), la atención de los medios se va hacia ella (línea anaranjada), por lo que la exigencia de justicia no vuelve a ocupar un lugar preponderante. Así, conforme se multiplican en los medios (gráfica 2) las imágenes del niño golpeado y del presunto agresor, el derecho de acceso a la justicia (línea azul) va siendo opacado hacia una justicia vengativa (línea anaranjada) que promete una catarsis para las audiencias de los medios al momento en que se detenga al presunto agresor (11 de junio).

La reproducción del agresor lo demuestra, abarrota los medios. Es el chivo expiatorio, feo, deforme, culpable de los delitos de toda la sociedad (nota tipo: “Cómo se ve el agresor de (nombre)”, 23-05-14). Y después de su captura, todo aparentemente vuelve a la normalidad, se ha hecho una venganza justiciera y las conciencias duermen tranquilas.

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El derecho de acceso a la justicia se deforma cuando se utilizan a las imágenes en el periodismo para provocar el deseo de venganza. Así, sea o no capturado el culpable y sea o no procesado en un juicio donde se le garantice el debido proceso, a éste se le desea que lo torturen −como se encontraron comentarios en redes sociales−: “será castigado”, “ira y conmoción”, “unidos para repudiar” y “agarrarlo y préndele lumbre”.

La Convención sobre los Derechos del Niño y de la Niña define a los niños como sujetos del derecho a la información (artículo 13) y de la protección de su vida privada (artículo 16). La relación entre estos dos derechos y su vínculo con el manejo mediático del caso que revisamos radica en que los niños tienen derecho a ser protegidos por la ley contra cualquier injerencia ilegal a su vida privada, honra, imagen y reputación; esto es aplicable al caso cuando existió la publicación de centenares de sus imágenes ─sin su consentimiento, bajo condiciones de estrés y en urgencias médicas─ en los medios de comunicación y redes sociales.

El más grave problema de este tratamiento mediático es que no considera a los niños como sujetos del derecho a la información ─por lo que, además de apegarse al morbo, es también un falso asistencialismo al poner en manos de las instituciones públicas la garantía de los derechos del niño. Por lo tanto, en el manejo mediático del caso, las imágenes difundidas del niño del Estado de México no estuvieron ligadas a los derechos de la protección de su vida privada, sino al derecho de autor ─el autor colectivo que es internet.

 

* Equipo de investigación “Violencia y Medios Observa” de Insyde:

Coordinación: Sergio Leñero.

Monitoreo, análisis y redacción: Verónica del Pino (voluntaria), Mauricio Alarcón (voluntario) y Emilio Carranza Gallardo (investigador).

 

 

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