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El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
La paz en México: un compromiso individual y colectivo
¿Qué necesitamos para construir comunidades pacíficas? ¿Quiénes son los actores fundamentales para la construcción de una paz duradera? ¿Quiénes son los agentes transformadores para la solución pacífica de los conflictos en México?
Por Laura Iveth López Marín
20 de julio, 2020
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Se ha planteado a la paz como tema prioritario en la agenda pública. Aun así, no queda claro cuál es la estrategia para lograrla. La paz se ha convertido en un tema común, persistente, incluso obsesivo en algunos ámbitos públicos. Funcionarios de los tres niveles de gobierno han puesto la paz como un tema central en sus discursos políticos. Y aun así, no queda claro qué les significa.

Vivimos todos los días un desastre humanitario y no queremos verlo, nos rehusamos a verlo. Seguimos insistiendo en justificar los muertos y desaparecidos de acuerdo a sus comportamientos y sus vínculos con actos delictivos: “andaba en malos pasos” o “estaba en el lugar equivocado”, decimos. Hasta que la violencia toca nuestro primer círculo, entonces se vuelve imposible desligarnos de lo que está sucediendo en nuestro país. Muchas familias mexicanas tienen que mirar la violencia a los ojos porque fue su hijo, su hija, su padre el que perdió la vida en un acto violento o despareció, y su ausencia es un recordatorio constante que este país vive en emergencia.

En México, el 2019 fue el año más violento en la historia con 35 mil 588 víctimas en total (34 mil 582 de homicidios dolosos y 1,006 feminicidios), según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Mes con mes alcanzamos los niveles históricamente más altos en feminicidios, desapariciones y actividades delictivas. En este contexto de violencia que vive México se vuelve imperativo hablar sobre la construcción de una paz duradera y surgen diversas preguntas: ¿qué necesitamos para construir comunidades pacíficas? ¿Quiénes son los actores fundamentales para la construcción de una paz duradera? ¿Quiénes son los agentes transformadores para la solución pacífica de los conflictos en México?

Para poder respondernos estos cuestionamientos tenemos que observar la construcción de la paz como un objetivo transversal a todos, reconocer las violencias que vivimos y entender a profundidad cómo se construyen los procesos de paz duraderos. Las instituciones gubernamentales, los cuerpos académicos y la sociedad civil debemos profesionalizarnos en nuestro quehacer cotidiano para cumplir con las condiciones necesarias, y desde allí generar procesos de paz en nuestras comunidades.

Tomando una primera definición de paz, podemos entenderla como la ausencia de todo tipo de violencias, por lo que una primera tarea para poder trabajar en la pacificación de una comunidad es reconocer los diferentes tipos de violencias que prevalecen en ella y diseñar estrategias para minimizarlas.

Las primeras teorías de resolución y de transformación de conflictos surgen entre 1950 y 1960 en el contexto de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, a este periodo se le conoce como “Peace reserch” (Investigación para la paz): desde ese momento nacieron para convertirse en una alternativa que buscaba el cambio de paradigma de que la paz no es únicamente “la ausencia de la guerra”. Estas investigaciones colocan a otras violencias como parte de la agenda de la construcción de la paz y señalan problemas centrales como la desigualdad social, las asimetrías de poder y las violencias de género.

La resolución de conflictos surge simultáneamente como parte de los conceptos para la construcción de la paz, y ayuda a entender la idea de manera mucho más amplia. A partir de este momento se comenzó a construir un marco conceptual de la cultura de paz desde una perspectiva que incluía la detección de otro tipo de violencias, además de la resolución de conflictos y del desarme. La búsqueda de la paz se centraba en lograr el “cese de hostilidades o violencia directa entre las partes del conflicto” y disminuir la intensidad de las manifestaciones violentas, aunque al final no se obtenía paz duradera. Esta visión de paz fue denominada como paz negativa, porque permitía que siguieran en juego las fuentes de los conflictos. Esta perspectiva de paz, centrada en el presente y futuro inmediato, ayuda a contener o limitar la violencia armada y claramente obtiene resultados a corto plazo. Se sostiene a partir del nivel de poder de un Estado y la gestión de los conflictos fundamentando el uso de la fuerza, por lo que legitima la represión como parte del manejo del conflicto. Esto ayuda a que los habitantes de una comunidad “normalicen” el uso de la fuerza del estado, ya que está sostenida en la justificación para buscar una paz temporal. Lo que da como resultado una paz frágil.

Muchas ciudades de México experimentan constantemente esta visión de paz por parte del Estado. La represión social justificada por el bien común forma parte de nuestra cultura actual y permea en grupos de la sociedad civil que responden a los actos violentos pidiendo la represión y el castigo, aunque en lo profundo estos actos no nos lleven a la reparación del daño ni a la obtención de justicia. Por el contrario, generan dolor y resentimiento que se suman a los conflictos que ya existían.

En cambio, el concepto de “paz positiva” define una concepción de “seguridad” vinculada a las estructuras económicas y políticas, entendiendo la paz respecto al diseño de modelos de desarrollo social que garanticen el cumplimiento de los derechos fundamentales del ser humano. La definición de paz sostenible fue vista entonces como una tarea transdisciplinar y plural. Se contempló que en los procesos de pacificación se debía poner énfasis en el fomento del desarrollo social y económico sostenibles como elementos esenciales.

John Burton, Johan Galtung y John Paul Lederach son denominados idealistas de la paz. Su obra es relevante para la construcción de un marco conceptual que permite comprender la complejidad de la transformación y resolución de conflictos. Su extensa obra nos ha permitido, en las últimas décadas, plantear nuevas formas de pensar la estructura de la paz y redimensaionarlas en las sociedades actuales, y así lograr construir una paz sostenible.

Burton centró su trabajo en la teoría de las necesidades humanas y vinculó los conflictos violentos directamente con la insatisfacción de estas carestías. En su obra afirma que el comportamiento humano está condicionado por algunas necesidades y valores fundamentales que no pueden ser negociados, como el reconocimiento personal y la identidad como la base del desarrollo individual y la seguridad en una sociedad (1998). Desde su perspectiva teórica no puede haber paz sostenible en una sociedad que no tienen cubiertas al menos sus necesidades básicas: alimiento y vivienda. Si miramos México, en 2020 se reportó ya el incremento de la pobreza extrema por ingresos entre 6.1 y 10.7 millones de personas. Esto nos pone frente a un reto inicial por alcanzar la paz, atender el rezago social y detener el incremento de la pobreza como parte de la agenda de paz.

Johan Galtung introdujo el concepto de violencia estructural, definiéndola como aquella que forma parte de la estructura social y que impide cubrir las necesidades básicas como igualdad social, alimentación, servicios básicos, educación o empleo digno, por mencionar algunos ejemplos de faltantes que causan violencias estructurales en México. Aún más, La violencia nos cuesta mucho a los mexicanos el impacto total de la violencia es 5.16 billones de pesos lo que equivale al 24.1% del PIB. Por lo que recomiendan invertir más y mejor, e incrementar su gasto en el sistema de justicia penal. En su obra afirma que las relaciones y la manera cómo los seres humanos nos vemos influidos por nuestro entorno afectan nuestras actividades diarias, relaciones afectivas y mentales. En ese sentido, alcanzar la paz positiva implica superar las tres formas de violencia; directa, estructural y cultural. Considera que cualquier forma de cultura de paz debe investigar y promover políticas contra la violencia en estos tres frentes, poniendo singular énfasis en el ámbito cultural.

Para caminar a la construcción de la paz tenemos que construir y fortalecer la confianza de la población en las instituciones del Estado e implementar una política de seguridad eficaz. Para lograrlo se necesitan diseñar estrategias que permitan mejorar la interlocucción que los miembros de una comunidad tienen con sus gobierno locales, así como su disposición para colaborar con ellos. ¿Cómo recuperamos la confianza en las instituciones públicas? Los gobiernos muncipales tienen una asignatura muy importante en este punto. La socialización de las acciones gubernamentales, las acciones de transparencia y rendición de cuentas serán de suma importancia para que la ciudadanía recobre la confianza y comience a participar en la agenda pública de sus comunidades.

La autoridades municipales tienen una oportunidad en sus manos para diseñar e implementar estrategias de seguridad, su contacto directo con la ciudadanía les permite conocer las problemáticas que aquejan a las comunidades, con esta información se puede entonces focalizar las iniciativas en materia de seguridad y prevención de las violencias y articular una agenda de seguridad conjunta. Vivir en espacios pacíficos y libres de violencia dependerá de la capacidad que tienen los ciudadanos y sus instituciones para colaborar conjuntamente. Esto implica trabajar juntos generando lazos asociativos y de cooperación para el desarrollo comunitario.

Necesitamos espacios y proyectos de trabajo colaborativo para reflexionar cómo lograremos una restructuración profunda de las relaciones humanas. Alcanzar la paz en México será un trabajo a largo plazo y tendrá que ver con los esfuerzos generalizados para la superación de las violencias, así como con nuestra capacidad para solucionar y transformar nuestros conflictos sociales sin el uso de la violencia, con una perspectiva inclusiva e integradora. La paz de una comunidad no suele ser perfecta, pero podemos acercarnos a una paz positiva si hacemos propias las políticas de paz que nos muestras impactos positivos a nivel individual, familiar, comunitario y a nivel macro de la sociedad.

* Laura Iveth López Marín (@laura_ilm) es Directora de CorpoCreativo A. C., Maestra en Gestión y Desarrollo Cultural por la Universidad de Guadalajara y tiene un Posgrado en Cultura de Paz y Cohesión Social por la Universidad de Barcelona.

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