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Las cámaras corporales como herramienta para reducir la corrupción: ¿qué sabemos?
Las cámaras no pueden ni deben ser una estrategia paralela al margen de la función, filosofía, visión y funcionamiento policial. Solo un cambio organizacional, en el cual las cámaras sean un elemento, podrá contribuir a reducir la corrupción, mejorar la cultura de rendición de cuentas, aumentar la confianza ciudadana y reducir los abusos policiales.
Por José Colomo y Santiago Rosas
25 de octubre, 2021
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Históricamente, las policías en México han carecido de legitimidad. Esto tiene su origen, en gran medida, en la corrupción que ha aquejado por años el sistema político mexicano en donde la policía ha quedado marginada de las políticas de modernización del Estado. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE-2021) 6 de cada 10 mexicanos considera corrupta a la policía preventiva de su municipio, y 7 de cada 10 a las policías de tránsito.

Existe evidencia de los efectos negativos que la corrupción policial genera en la percepción de la calidad y la legitimidad de la policía y de cómo ésta impacta a su vez, exponencialmente y en el mismo sentido, en la percepción de las instituciones del Estado y, más ampliamente, la disposición de los ciudadanos a obedecer la ley (Tyler 2006).

Las cámaras corporales como herramienta institucional para combatir la corrupción

Los gobiernos en México han buscado diversas formas de hacer frente a la corrupción policial; siendo la tecnología una de las mayores apuestas para ello. Particularmente, las cámaras corporales son una de las herramientas más populares de los últimos años, aunque, paradójicamente, la evidencia respecto a su efectividad es limitada.

En este contexto, un equipo de investigadores de LABCO 1 se encuentra realizando una investigación de campo en distintos municipios del país, una exhaustiva revisión hemerográfica y de la literatura, así como el análisis de más de 1000 solicitudes de información realizadas a más de 150 policías, con el objetivo de conocer más sobre los usos, retos, aciertos y posibilidades de las cámaras corporales en México. Este artículo pretende mostrar algunos datos y hallazgos preliminares del estudio que será publicado en los próximos meses.

¿Qué sabemos del uso de las cámaras corporales en las policías mexicanas?

De una muestra de 75 instituciones de seguridad pública municipales y estatales, el 38% declara usar cámaras corporales para combatir la corrupción mientras que sólo el 20% para reducir abusos policiales y otro porcentaje igual para documentar las actuaciones policiales. Varias policías visitadas por LABCO han manifestado que las cámaras corporales también sirven como un mecanismo de protección frente a escándalos por videos publicados para dañar la reputación de la policía o para ganar ventaja en tiempo de elecciones. Estas instituciones también afirmaron que las cámaras contribuyen a la reducción de abusos policiales y como evidencia para investigaciones internas o penales.

La evidencia recolectada en campo muestra que los procesos de implementación de cámaras corporales no suelen ser sencillos y afrontan grandes retos. La resistencia de las y los policías para portar las cámaras suele ser recurrente, aunque se aminora con el tiempo. La investigación permitió también, identificar distintos desafíos de índole tecnológico y presupuestal que se presentan durante la implementación: ¿cómo almacenar una gran cantidad de videos?, ¿cómo asegurar presupuestalmente el reemplazo de las baterías y las cámaras o su reparación?, o bien desafíos de tipo jurídico- procedimental: ¿cuándo encender y apagar las cámaras corporales?, ¿cómo se supervisar gran cantidad de horas – video? ¿qué posibles afectaciones pueden presentarse a la privacidad?, entre otros.

¿Qué tan grande es el fenómeno de las cámaras corporales en México?

Un importante número de políticos, jefes de policía y organizaciones policiales han promovido, prometido y/o adoptado el uso de las cámaras en México en los últimos años. Los estudios preliminares realizados por LABCO muestran que, al menos 165 instituciones policiales en el país han adquirido cámaras corporales en los últimos 4 años. Estimamos que alrededor del 45 por ciento de la población en México vive en un municipio cuya policía ha comprado cámaras corporales.

Mapa 1: Municipios en México que adquirieron Cámaras Corporales en los últimos 4 años

Elaboración propia.

Las cámaras corporales han sido parte de una apuesta, en buena medida, del gobierno federal en dos administraciones consecutivas. Derivado de las distintas solicitudes de acceso a la información pública, pudimos conocer que a través del Fondo de Aportaciones para la Seguridad Pública (FASP) y el extinto Subsidio para el Fortalecimiento del Desempeño en Materia de Seguridad Pública (FORTASEG) se repartieron MXN $ 142,525,179.96 para la compra de 12,096 cámaras entre 2017 y 2021.  A nivel municipal, 148 municipios recibieron financiamiento de FORTASEG para la adquisición de cámaras. otra parte, la revisión hemerográfica realizada, nos permitió identificar al menos 17 municipios que adquirieron las cámaras con recursos propios. La compra de cámaras es una tendencia que probablemente continuará, inclusive sin financiamiento federal. Diversos municipios han afirmado que incorporarán cámaras corporales con recursos propios.

Ilustración 1: Financiamiento federal para cámaras corporales 2017-2021

Elaboración propia.

¿Funcionan para reducir la corrupción? Hallazgos preliminares

Hay señales esperanzadoras del uso de las cámaras corporales como herramienta de mitigación de la corrupción: evidencia preliminar, especialmente en materia de tránsito, sugiere que estos equipos podrían inhibir ciertos actos de corrupción e incluso incrementar la recaudación. Durante los pasados cuatro meses realizamos más de 20 entrevistas y 8 grupos focales para entender los procesos de implementación de las cámaras, así como escuchar la percepción de directivos, mandos y policías de tropa sobre la efectividad de las cámaras.

Una de las policías municipales estudiadas, a partir del empleo de cámaras corporales, redujo las quejas ciudadanas por posibles actos de corrupción por parte de los agentes de tránsito. En ese mismo municipio se vio una reducción notable (15%) en el porcentaje de la población de 18 años y más que afirmó tener contacto con autoridades de seguridad pública y experimentó algún acto de corrupción. Lo anterior en solo 4 meses coincidentes con la implementación de las cámaras corporales.

En contraste, el municipio con características similares más cercano vio una completa estabilidad en ese dato. Otro dato da indicios de éxito en este caso: el municipio logró alcanzar un máximo de recaudación por infracciones de tránsito al implementar las cámaras de solapa en conjunto con un sistema de elaboración y recaudación de infracciones.

Las historias de los entrevistados en varios municipios muestran cómo las y los policías involucrados en los esquemas de corrupción ven a las cámaras como un enemigo que hay que cooptar y neutralizar. Un jefe policial nos comentaba al respecto:

Empezamos a ver que desde el área de monitoreo empezaron a controlar las “body-cam”. Les decían “a tal hora se va a apagar”, se las entregaban antes (para que se apagara la batería), o sea, era un tema de que traían una red desde la cabeza hasta el que controlaba las body cam. Entonces, comenzamos a meterle inteligencia: empezamos a vigilar las cámaras, hacíamos observación y monitoreo, pusimos vigilancia y decíamos “todo ese grupo está contaminado”.

Estas historias muestran que las cámaras corporales ya son una realidad en muchas policías y tienen el potencial para disminuir la corrupción, si bien no es un proceso sencillo. Sin embargo, por sí solas difícilmente tendrán éxito: deben acompañarse por una estrategia más amplia que incluya una adecuada y cercana supervisión, uso de tecnología complementaria, controles internos y externos, legislación, entre otros.

Las cámaras no pueden ni deben ser una estrategia paralela al margen de la función, filosofía, visión y funcionamiento policial. Solo un cambio organizacional, en el cual las cámaras sean un elemento, podrá contribuir a reducir la corrupción, mejorar la cultura de rendición de cuentas, aumentar la confianza ciudadana y reducir los abusos policiales.

En México el uso de las cámaras es distinto a buena parte de las experiencias documentadas. A pesar de que existen referencias internacionales, la motivación y finalidad de las cámaras corporales en México es distinta. En Estados Unidos, por ejemplo, el uso de cámaras por la policía tiene su génesis en el abuso policial hacia las minorías étnicas; en Francia, quien recientemente adquirió el mayor número de cámaras en la historia para una policía, se implementan a raíz de los problemas de abuso policial que ha enfrentado la Gendarmería recientemente. En México, se utilizan principalmente como herramienta para mitigar o eliminar la corrupción.

Sin embargo, a pesar de su uso en múltiples latitudes, se conoce poco sobre la efectividad de las cámaras corporales. Estudios (principalmente dentro del ambiente académico anglosajón) analizan el impacto de las cámaras en distintos ámbitos: en el cambio de conducta de los policías, en las quejas contra la policía, en la privacidad, entre otros. Los resultados de estos estudios son dispares y limitados (Lum, Stoltz, Koper, et. al. 2019; White y Malm, 2020).

La evidencia disponible sobre el uso de cámaras corporales en México es prácticamente inexistente, así como lo es evidencia en otras partes del mundo sobre el efecto de las cámaras sobre la corrupción.  Es uno de los tantos retos que debemos afrontar para impulsar una mejor gestión policial. Desde LABCO buscamos generar evidencia sobre qué funciona en el actuar policial e invitamos al debate y apoyo a las instituciones policiales comprometidas al combate a la corrupción y adopción de nuevas tecnologías. Las cámaras son un buen comienzo en un proceso complejo.

* José Colomo es profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana y consultor en temas de seguridad ciudadana y policía e investigador asociado a LABCO. Santiago Rosas es cofundador y director ejecutivo de LABCO.

 

1 El equipo de investigadores de LABCO está conformado por Alejandro Espriú Guerra, consultor en temas de seguridad ciudadana y policía; y Ramón Cota, especialista en LABCO.

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