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Las políticas de cuidado en las instituciones policiales
Las responsabilidades y actividades asignadas a la Policía crece cada día, pero poco se conoce de acciones para mejorar de fondo sus condiciones laborales y su calidad de vida.
Por Antia Mendoza
31 de agosto, 2021
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El contexto de la pandemia por covid-19 ha puesto sobre la mesa varios temas relevantes que las instituciones y la sociedad en general hemos mantenido guardados bajo la alfombra durante mucho tiempo. Uno de esos temas emergentes ha sido la política de cuidados y su repercusión e importancia en diversos planos de la vida cotidiana. Si bien, el tema de los cuidados es muy amplio, porque comprende aspectos de salud, bienestar físico, emocional, social, económico, material, etc., en esta reflexión analítica me concentraré en el terreno ético del cuidado, específicamente en los aspectos psicológicos y emocionales en el ámbito institucional policial.

Para apoyar esta reflexión retomaré la experiencia de un taller recientemente impartido sobre contención emocional y autocuidado en donde fue posible observar la desatención de la institución policial en estos temas. El taller se dictó en modalidad virtual y fue dirigido a policías municipales que integran las células de búsqueda de personas desparecidas y no localizadas y a personal de atención integral a víctimas de delitos.

El objetivo de este fue incentivar la cultura del autocuidado y plantear la necesidad de buscar opciones de contención psicológica y emocional para anticipar y/o atender cuadros clínicos asociados al desgaste profesional en instituciones y profesiones de cuidado que atienden procesos de victimización y/o traumatización asociados a la violencia, la delincuencia o catástrofes, y otros actos relacionados con la seguridad y bienestar de la ciudadanía. En este sentido, es importante revisar y repensar la concepción que tenemos sobre la institución policial, y sobre la diversidad de funciones que desempeña, aquellas conocidas y orientadas la regulación de los actos violentos y delictivos, como la prevención, contención, persecución e investigación, y sobre aquellas que los les permiten actuar para resguardar, cuidar o proteger a personas o grupos en situaciones de riesgo, que han sufrido algún daño o perjuicio. Incluso, la función y obligación de la Policía para respetar y/o restituir los derechos humanos y garantizarlos, nos remonta a un acto de cuidado. Desde esta mirada, la policía forma parte de las instituciones de cuidado y desempeña acciones de dicha naturaleza.

El diseño e implementación del taller implicó un esfuerzo doble, en primer término, porque fue parte de un programa formativo que requirió separar el aspecto académico de la meta de brindar un espacio de escucha y de cuidado focalizado en las necesidades psicosociales de ambos perfiles profesionales. El segundo reto fue adaptar los contenidos del taller para el entorno y formato virtual debido a las circunstancias de la pandemia. Este ejercicio requirió de un esfuerzo adicional para lograr la apertura, la confianza y el ambiente de seguridad necesarios para facilitar procesos de reflexión y sensibilización hacia los temas abordados por parte de las y los participantes.

Como ya mencionó, el taller estuvo orientado a detectar las necesidades psicológicas y emocionales del funcionariado participante para desarrollar competencias básicas en materia de autocuidado y sensibilizar sobre la relevancia de la contención profesional. Para ello, se plantearon varios objetivos específicos: 1) detectar los efectos e implicaciones del trabajo que desarrollan, 2) identificar las gratificaciones que tiene el trabajo que desempeñan, 3) la oportunidad de construir resiliencia personal y colectiva, 4) la disposición y utilización de recursos y herramientas para el autocuidado y la contención emocional (prácticas de distensión, liberación de estrés, regulación y autorregulación para la atención de los efectos de desgaste por empatía, burnout y/o el trauma vicario, producto de una exposición continua a fenómenos de violencia y riesgo que por su trabajo suelen padecer este profesionales y, 5) el desarrollo de competencias básicas de autocuidado y la promoción de la contención psicoemocional.

Como en otras oportunidades el taller se realizó al término de la jornada de trabajo, es decir en sus “horas de descanso o tiempo franco”, lo que supuso el desafío de captar la atención de personas cansadas, y también habituadas a utilizar sus espacios de descanso para continuar su profesionalización, además de tener presentes las condiciones propias de la naturaleza del trabajo de estos sectores; también se sumaron a estas condiciones, el formato virtual del taller, lo cual planteó la necesidad de emplear otras herramientas para captar y mantener la atención y el interés del grupo durante las sesiones. Otra de las metas que se establecieron para el encuadre del taller fue concentrar la atención en las necesidades del funcionariado de gabinete y del funcionariado policial en las temáticas del cuidado y autocuidado y no en los servicios, ni en los procesos de atención. Este esfuerzo buscó virar la mirada hacia la atención del funcionariado desde la ética del cuidado, un aspecto poco recurrido para la policía y para el funcionariado a cargo de la atención a víctimas.

Durante el desarrollo de esta actividad formativa nos llamó la atención la dificultad del grupo para entender el taller como un espacio para ellos y ellas, donde no mediaba la acreditación, diferente de la lógica de un curso. Durante casi todo el taller, contamos con una asistencia fluctuante desde el inicio hasta el fin de cada sesión, debido a que la mayoría del grupo se incorporaba al taller cuando llegaba a sus casas, después de la jornada de trabajo y sólo algunos/as iniciaban o continuaban en sus horarios de trabajo (18-20:30 hrs.). La situación referida implicó cambiar la estructura secuencial original del taller, para dar tiempo a que la mayoría se incorpora y participara en las técnicas grupales y plenarias y particularmente en los ejercicios prácticos.

A medida que el grupo se fue abriendo para compartir los efectos laborales, personales, familiares y de salud, atribuidas a la naturaleza de su trabajo, también fueron emergiendo los relatos de experiencias positivas, las gratificaciones, las satisfacciones y valor de su trabajo. Los aspectos que no tuvieron la respuesta esperada fueron el cumplimiento de algunos requerimientos para la realización de algunas actividades para las siguientes sesiones (llevar materiales de trabajo, realizar algunos ejercicios de repaso) y en particular la auto-aplicación de la batería psicométricas para medir el desgaste profesional (Maslach Inventory) y la Calidad de Vida Profesional (Escala Proqol- vIV) y otras herramientas para ponderar su estado (semáforo de alarma de Burnout). Si bien, al final del taller se contestó toda la batería para completar todas las actividades, esta no se hizo como parte de un ejercicio de auto evaluación y autoconocimiento, tal como lo ameritaba

¿Qué hallazgos y aprendizajes revelaron los talleres?

  • Uno de los aspectos más notables fue el desconcierto mostrado por la naturaleza del taller orientado a identificar, nombrar y visibilizar sus necesidades de cuidado y autocuidado de las y los funcionarios policiales y de servicios de atención a víctimas.
  • Se observó dificultad en las/os asistentes para entrar en contacto con sus sentimientos y emociones durante las técnicas y ejercicios que requerían conectarse con esos aspectos. Aquí se advierte algunos mecanismos de defensa o afrontamiento, propios de los perfiles de los sistemas y profesiones de cuidado y/o atención a víctimas.
  • Las principales afectaciones compartidas por los grupos fueron las siguientes, en el plano físico y de salud mencionaron: dolores de cabeza recurrentes, cansancio crónico, dolores musculares en hombros y espalda baja, alimentación irregular, malos hábitos de alimentación, insomnio, problemas digestivos, colitis, problemas circulatorios, visión cansada, falta de vitalidad; en el aspecto psicológico y emocional: estrés, falta de interés en las cosas (apatía), neurosis (sobredimensión de sus reacciones), periodos de decaimiento y tristeza; en el plano relacional: falta de tiempo para la convivencia de pareja y familiar, distanciamiento de amigos/as, falta de tiempo y espacios para la recreación, la diversión, ejercicio, y para ellas/os mismos. Para ilustrar estos aspectos se comparten dos participaciones: “hay muchos momentos en que me siento abrumada”, “me siento impotente ante la falta de respuesta de otras instituciones”.
  • La serie de afectaciones, físicas, emocionales y relacionales compartidas durante las sesiones no se reflejaron en los instrumentos de medición (inventarios y escalas de auto-aplicación). Es decir, los resultados de la batería aplicada no mostraron correspondencia con las realidades y funciones que desempeñan las dos instituciones. En este sentido, surge el supuesto de que en dichos ejercicios tuvieran el objeto de evaluar su desempeño laboral y no fueran utilizados, como se señaló, como un indicador o marcador personal para mejorar su calidad de vida. Ante esta condición, no fue posible estimar la diferencia entre las evaluaciones pre y post, debido a las inconsistencias en los resultados de las herramientas psicométricas.
  • Durante el taller se mencionaron algunos esfuerzos aislados y discontinuos por parte de sus instituciones para atender los cuadros de desgaste laboral que manifiesta el personal.
  • El 100% de las personas que mencionaron haber recurrido o recurrir a contención emocional, lo hacen por su propia iniciativa o necesidades y con sus propios recursos económicos.
  • En las reflexiones finales del taller se identificó la necesidad de formar hábitos y espacios para el autocuidado y de contención de manera individual o incluso colectiva en los espacios de trabajo, pero no se manifestó en ninguna participación la posibilidad de que una acción de esta naturaleza formara parte de una iniciativa institucional. De hecho, por experiencia previas, la orientación del taller se centró en el autocuidado ante la dificultad de insertar programas de contención emocional como parte de iniciativas o proyectos de naturaleza institucional.
  • Finalmente, y en otro orden de ideas, también se observó un cansancio generalizado hacia la educación en línea, debido al contexto de la pandemia, así como dificultad para mantener la atención en el monitor. Parece reiterarse la idea de que la conexión en línea permite estar en varias tareas a la vez, atendiendo el taller, atendiendo asuntos laborales, asuntos familiares, etc.

Reflexión final

Los resultados de esta experiencia educativa de autocuidado y contención emocional dan cuenta de los grandes retos que tienen hoy las instituciones policiales y otras dependencias respecto a la incorporación de acciones o programas relativos a la política de cuidados o la inserción e institucionalización de principios que aludan a la ética del cuidado. El hecho mismo de que la responsabilidad del autocuidado y la contención emocional queden totalmente en el terreno y responsabilidad del funcionario o funcionaria, indican el deslinde de las autoridades institucionales al respecto, y la negación de los derechos de las y los policías a recibir las prestaciones y servicios necesarios para atender las necesidades o afectaciones que se derivan de la naturaleza de su actividad laboral o trabajo.

A la luz de este breve análisis es difícil pensar en la posibilidad de instalar programas o iniciativas de esta naturaleza en las instituciones policiales, incluso en casi cualquier instancia pública. No obstante, esta dificultad no le resta relevancia al tema, ni a la necesidad de continuar pugnando y visibilizando aspectos y servicios esenciales que merecen ser atendidos. Si en verdad queremos mejores instituciones de seguridad y mejores policías toca dirigir la mirada al interior de las policías, y estar consientes de que las responsabilidades y actividades asignadas a la Policía crece cada día, pero poco se conoce de acciones para mejorar de fondo sus condiciones laborales y su calidad de vida. Sin duda alguna, debemos caminar hacia procesos de modernización y de innovación policial, pero ninguno de esos avances tiene coherencia, si no hay antes una profunda renovación ética al interior de las policías que sostenga y motiven cualquier proceso sostenible de reforma.

* Antia Mendoza (@Antiamexico) es especialista en seguridad ciudadana, prevención de la violencia y modelos de atención victimológica

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