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Los derechos laborales del personal de salud: con agradecer no basta
¿Qué más está haciendo el Estado mexicano para reconocer el trabajo que realiza el personal médico, de enfermería, de lavandería, de limpieza, de oficina en los centros hospitalarios? Desafortunadamente la respuesta es que ha hecho poco.
Por Edith Olivares Ferreto
1 de junio, 2020
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La pandemia por el COVID 19 nos ha tomado por sorpresa. Tenemos más de cinco meses viendo a diario imágenes que evocan las peores pesadillas distópicas, al tiempo que procuramos mantener lo que consideramos “humanidad” a través de gestos de solidaridad, nuevas formas de acercarnos, de agradecer y de reconocer.

En esta coyuntura, gran parte del agradecimiento es para el personal de los servicios de salud, las personas que están “en primera línea” realizando las labores que salvan vidas. Desde Europa nos llegaron alentadoras prácticas de reconocimiento: aplausos, murales, donativos. Prácticas que parecen haber iniciado espontáneamente y que se replican a diario, a las que se han sumado personas, empresas, organizaciones, familias, comunidades… y hasta los gobiernos. En México, la Secretaría de Salud y el presidente han reconocido la labor que realiza el personal médico y de enfermería, y han emprendido acciones encaminadas a promover la concienciación sobre el papel esencial de estas personas en la sociedad: pocos días después de que se notificaran agresiones físicas contra personal sanitario en todo el país, el gobierno mexicano actuó invitando a la hoy ya muy conocida “Jefa Fabiana” a la conferencia de prensa vespertina para hacer un llamado a la población a detener las agresiones contra el personal de salud. Para entonces, ya se habían registrado 21 agresiones en 12 entidades federativas, según lo reportó la propia enfermera.

A inicios de abril el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) había emitido un boletín llamando a la población a evitar actos de violencia y discriminación: “Las y los trabajadores de las instancias de salud hacen un gran esfuerzo para atender a las personas afectadas por esta pandemia y ponen al servicio de todas y todos sus conocimientos y su profesionalismo. Por ello el CONAPRED reitera que es falso que representen un peligro para la sociedad: existen protocolos de higiene y seguridad que les ayuda a no contagiarse ni a contagiar a otras personas. Lejos de rechazarles y agredirles, la sociedad mexicana debe reconocer y agradecer su entrega, su compromiso; son el personal médico y de enfermería quienes pueden atender a la población en estos momentos de contingencia sanitaria, por lo que agredirlos pone en riesgo que continúen su trabajo”.

La narrativa del reconocimiento y agradecimiento seguramente contribuye a evitar las prácticas discriminatorias y violentas. Sin embargo ¿será eso suficiente? ¿Qué más está haciendo el Estado mexicano para reconocer el trabajo que realiza el personal médico, de enfermería, de lavandería, de limpieza, de oficina en los centros hospitalarios? Desafortunadamente la respuesta es que ha hecho poco.

En su informe “El costo de curar. Los derechos de las personas trabajadoras de la salud en las Américas durante el COVID-19 y más allá”, Amnistía Internacional señala que en los países de nuestra región, el personal de los servicios de salud, tanto en el sector público como en el privado, enfrenta en su trabajo peligros para su salud física y mental, pero además tiene salarios y prestaciones laborales precarias. México no es excepción en ninguno de estos peligros y precariedades.

Empecemos por los peligros: el 11 de mayo, el gobierno informó que el personal médico representa la cuarta parte de las personas contagiadas de COVID-19. A mediados de marzo, la Organización Mundial de la Salud publicó unas directrices sobre el uso racional de los Equipos de Protección Personal (EPP) que incluyen gafas o goggles, mascarillas, batas, guantes y otro equipo de protección biomédica para personas que trabajan en centros de atención a la salud, y reconoció que los países del mundo entero se han visto afectados por la falta de EPP durante la pandemia de COVID-19. En nuestro país, personal médico ha estado denunciando que no se les provee de EPP por lo que han optado, incluso, por comprarlo con recursos propios.

Continuemos con las precariedades: en su publicación de marzo de 2020, “Las remuneraciones del personal de la salud en México: entre el amor al arte y los esfuerzos débilmente recompensados”, el Instituto Belisario Domínguez señala que las personas profesionales en medicina ganan mensualmente en promedio, $16,146 y el personal de enfermería $9,909, de suerte que la remuneración del personal de salud es significativamente más baja en México que en otros países del mundo, incluyendo los que tienen un nivel de desarrollo similar al nuestro. Retomando datos del Informe de Compensación de Médicos 2019, elaborado por el portal especializado Medscape, la publicación plantea que el personal médico en México percibe anualmente casi tres veces menos de lo que gana en países como España o Brasil.   Cabe agregar que tres cuartas partes de las y los médicos mexicanos no están satisfechos ni satisfechas con la remuneración que reciben.

Pero la precarización del personal que trabaja en servicios de salud también se vincula a la contratación y prestaciones laborales. Miles –tal vez cientos de miles – de las personas que están “en la primera fila” no tienen contrato permanente de trabajo o están subcontratadas por la ya famosa modalidad de “outsourcing”. En enero de este año, el presidente reconoció que más de 80,000 trabajadores y trabajadoras del sector salud tienen un contrato de manera eventual, con lo cual no solamente carecen de estabilidad sino también de las prestaciones que garantiza la Ley Federal del Trabajo.

Recordemos, además, que el personal de un hospital incluye a quienes hacen labores de menor calificación pero no menor importancia: limpieza y lavandería, por ejemplo. En el mencionado informe “El costo de curar”, Amnistía Internacional reconoce que el personal de limpieza de los centros de salud ocupa una posición especialmente vulnerable en la primera línea de la pandemia de COVID-19. Las directrices de la OMS sobre el racionamiento de los EPP, recuerda esta organización, establecen que el personal de limpieza debe tener más equipo de protección que otro tipo de personal hospitalario, incluyendo médicos/as y enfermeros/as que no tienen contacto directo con pacientes de COVID-19. El informe señala que por ejemplo, el personal de limpieza que entra en habitaciones de pacientes de COVID-19 debe llevar mascarilla, bata de protección, guantes de limpieza gruesos, protección ocular y botas. Sin embargo, en las entrevistas realizadas por Amnistía Internacional, en la región de las Américas el personal de limpieza apareció sistemáticamente como el más desprotegido en los entornos de salud, según refiere “Además de la precaria seguridad física, muchos miembros del personal de limpieza tienen condiciones de contratación diferentes a las del resto del personal en los hospitales sobre los que Amnistía Internacional recibió información. Los servicios de limpieza a menudo se subcontratan a empresas ajenas a la dirección general de los hospitales”(p.9). La cita refiere directamente a un caso mexicano: se trata de “Don Alejandro”, una persona de 70 años contratado por una empresa privada –justamente por la modalidad de outsourcing – que realiza servicios de limpieza en un hospital del ISSSTE en la Ciudad de México que recibe pacientes con COVID 19. “Don Alejandro” pidió a la empresa que le reasignaran a limpiar únicamente en zonas administrativas, donde no hubiera pacientes, dado su perfil de riesgo (por su edad) ante la COVID-19. Según Don Alejandro, la empresa privada que le contrata le permitió dejar de limpiar en áreas de hospitalización, pero a cambio le redujeron el salario en aproximadamente un 16%. Valga señalar que este trabajador gana $3800 mensuales y recibió el año pasado $500 de aguinaldo.

Al inicio señalé que el gobierno ha hecho poco para reconocer el trabajo –porque no hay que olvidar que estamos hablando de trabajadoras y trabajadores– que realiza el personal de los servicios de salud. Estas personas no son, ni deben ser, héroes ni heroínas. Son personas y es en esa calidad que tienen derechos: derechos humanos que son exigibles. Son trabajadoras y trabajadores, y por tanto tienen derechos laborales. Reconocer al personal que diariamente se juega la vida para salvarnos es hoy, más que nunca, un imperativo. No dejemos de aplaudirles, de brindarles cobijo, de ofrecerles alimentos, pero también exijamos que el Estado mexicano garantice su acceso pleno a todos sus derechos: salario justo, contrato de trabajo, prestaciones laborales apegadas a la ley. Es lo mínimo que podemos hacer para cuidarles.

* Edith Olivares Ferreto (@EdithFerreto) es Jefa de la Unidad de Derechos Humanos de Amnistía Internacional México.

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