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Por Insyde
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México, los Nobel y los deberes más amplios y más profundos…
Esta bárbara violencia policial ejercida contra los normalistas y la intervención de integrantes del crimen organizado junto a agentes municipales han develado una descomposición que se vive no sólo en Guerrero, sino en muchas partes del país.
Por Insyde
20 de octubre, 2014
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Por: Rubén Guzmán Sánchez (@GuzmanRun)

Octubre es el mes en que el mundo conoce a los ganadores que la Fundación Alfred Nobel designa con tal denominación: Premios Nobel. Éstos son otorgados a las personas que con sus investigaciones, descubrimientos, planteamientos o activismo en agendas y causas hayan hecho contribuciones notables a la humanidad. Así, en días pasados desde Estocolmo y Oslo, se anunciaron a los reconocidos para el 2014 en Economía, Física, Fisiología/Medicina, Química, Literatura y Paz.

Malala Yousafzai, co-ganadora (junto con el indú Kailash Satyarthi) del Premio Nobel de la Paz para este año, compartía en una entrevista: “Solía imaginar que vendría un Talibán y me mataría y pensaba ¿qué haría si pasara? Y me respondía a mí misma ‘si viene lo golpearé con un zapato’, pero luego me decía, ‘si lo golpeas con un zapato, no habrá diferencia entre tú y él’. No debes luchar contra otros a través de la crueldad y la violencia, sino con el diálogo, la paz y la educación, entonces mejor le explicaría lo importante que es la educación y que yo quiero educación para sus hijos y le diría: eso es lo que quería decir, ahora haz lo que quieras”, (Yousafzai, 2014, The daily show, Central Comedy). Esta joven paquistaní de 17 años sobrevivió a un intento de asesinato por fuerzas talibanes cuando encabezó una lucha y se manifestaba a favor de los derechos de las niñas de recibir educación en ese país.

Décadas atrás, en 1967, el también Premio Nobel de la Paz (1964) Martin Luther King subió a las escaleras de la Iglesia Riverside, en Nueva York, para ofrecer sus objeciones a la participación estadounidense en la Guerra de Vietnam: “Vengo esta noche con una apasionada súplica a mi querida nación”. La guerra, pensaba King, había sido un desastre, no sólo para Estados Unidos, sino principalmente, para las víctimas, “esas personas a quienes llamamos enemigos”, decía. Hablar desde la conciencia –planteaba King- era “el privilegio y la cruz de todos los que nos sentimos atados por alianzas y lealtades mucho más amplias y profundas que los estrechos lazos nacionales”, (Luther King, 1967; Peña Rangel/Letras Libres 172, pag. 30).

El pasado 24 de septiembre ante la Asamblea General de la ONU, el presidente Enrique Peña Nieto declaró: “Mi país está dispuesto a ser parte activa de esta transformación, está decidido a evolucionar con las Naciones Unidas. México apoya y valora las operaciones para el mantenimiento de la paz, instrumento de la ONU que ayuda a los países a superar conflictos y crear condiciones para una paz duradera… Por eso México ha tomado la decisión de participar en las operaciones de mantenimiento de la paz realizando labores de índole humanitaria en beneficio de la población civil…“, agregó (CNN México, 24-09-2014). Posteriormente, la cancillería (SRE) informó en un comunicado que la participación de México podrá comprender incluso personal militar o civil, cuya intervención “será gradual en términos cuantitativos” y en tareas como ingeniería, medicina, enfermería, de observación política, asesoría electoral y de derechos humanos.

Aproximadamente, dos meses y medio antes de esta declaración de EPN frente a la comunidad internacional, en la madrugada del 30 de junio en San Pedro Limón, municipio de Tlatlaya, Estado de México, un grupo de militares “se enfrentó” a una banda de supuestos delincuentes en una bodega vacía. El resultado: 22 muertos de entre 17 y 24 años de edad. La Secretaría de la Defensa Nacional, la Procuraduría General de la República y el Gobierno del Estado de México informaron que “El Ejército, en legítima defensa, abatió a los delincuentes”. No obstante, esa versión oficial fue desmentida por un reportaje de Associated Press, y otros medios como Esquire México y Proceso, en el cual se evidenciaron elementos (entre ellos el testimonio de una sobreviviente) que indicaron que se trató de una ejecución extrajudicial, cometida por el ejército mexicano. El ocultamiento de la verdad duró casi tres meses, hasta que en septiembre (mes del discurso de Peña Nieto ante la ONU) el intento de encubrimiento se diseminó en la opinión pública. Por su parte, el relator especial de las Naciones Unidas sobre ejecuciones extrajudiciales o arbitrarias, Cristof Heyns, consideró que la muerte de esas 22 personas pudo tratarse de “ejecuciones sumarias”.

Este brutal episodio, aunque fue sancionado con una reacción presidencial que condujo al encarcelamiento de ocho militares implicados, evidenció la erosión que sufre una de las instituciones más sólidas en el resguardo de la seguridad en México: el ejército. Por su parte, José Manuel Vivanco, director ejecutivo de la organización Human Rights Watch declaró: “El récord que tienen los militares mexicanos, tanto en el terreno de los derechos humanos, como en cuanto a la falta de rendición de cuentas y hasta la práctica de encubrimiento, demuestra que no tienen una cultura de respeto a los derechos humanos. Por eso creo que difícilmente podrían servir como modelo y en situaciones de crisis internacionales que requieren de ejércitos profesionales que respeten estándares mínimos de derechos humanos”, (El Universal, 8-10-2014).

También en ese contexto, el pasado 26 de septiembre –dos días después del discurso de Peña Nieto en la ONU- un grupo de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, fueron agredidos por la policía municipal de Iguala. Seis personas muertas, 17 heridas y 43 desaparecidas se contaron en tal persecución. El hallazgo días después, de seis fosas clandestinas con 28 cadáveres en las cercanías de Iguala, ha encendido alertas de que pudieran tratarse de los cuerpos de los estudiantes desaparecidos. Según versiones de los detenidos -26 policías municipales y 4 personas vinculadas al grupo criminal Guerreros Unidos-, la instrucción para secuestrar a los estudiantes la dio el director de Seguridad Pública del municipio, con el consentimiento del Alcalde (que hoy se encuentran prófugos), y la orden de matarlos la determinó un integrante y líder de los Guerreros Unidos.

El destino de las personas desaparecidas en Iguala se ha convertido en una incógnita de magnitud nacional. Esta bárbara violencia policial ejercida contra los normalistas y la intervención de integrantes del crimen organizado junto a agentes municipales han develado una descomposición que se vive no sólo en Guerrero, sino en muchas partes del país: gobiernos municipales y estatales han sido cooptados por el crimen organizado, siendo este segundo el verdadero ente con el monopolio de la violencia en tales regiones y, la policía municipal secuestrada y puesta al servicio como tropa vasalla: a la orden de los señores de la guerra local. Escena que recrea una foto instantánea deAfganistán o algún territorio de los que requerirían, en el marco de las misiones internacionales de paz, sendos procesos para su recuperación y reconstrucción social, así como de las instituciones.

En torno de esto, la comunidad internacional se ha manifestado: Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos OEA, el Departamento de Estado de Estados Unidos condenaron los acontecimientos y han exigido una investigación completa y transparente. Asímismo, 16 diputados del Parlamento Europeo demandaron la suspensión de las negociaciones sobre la modernización del acuerdo global entre México y la Unión Europea, hasta “reconstruir la confianza” con las autoridades mexicanas en materia de derechos humanos.

Cada persona tiene un pie en dos comunidades, decían los estoicos. Uno de ellos está firmemente arraigado en la comunidad nacional: donde nacimos, crecimos y nos formamos una identidad. El otro, sugerían, se encuentra en la comunidad de la humanidad (Peña Rangel/Letras Libres 172, pag. 30). ¿Qué pie ha de ponerse en frente? La respuesta según esta escuela de pensadores: hemos de honrar esos deberes más amplios y más profundos. El Estado justo debe ser democrático y una especie de justicia global sería simplemente inabordable si no se empieza desde casa. Ese deber ético/moral –hablar desde la conciencia- resulta incoherente si no se tiene la obligación de promover la justicia global, sin poner mayor atención en la justicia local.

Malala al hablar desde sus adentros –desde su conciencia—sobre lo que haría en primera instancia (la reacción frente al temor) y lo que debería hacer de cara a la fuerza de su causa, ante el Talibán atacante, así como Martin Luther King, en el púlpito de aquella iglesia en Riverside, Nueva York, lo entendieron mejor que nadie: al intentar aportar a la comunidad universal hemos de reconocer primero la importancia de la comunidad particular: ¿de qué otra manera podríamos saber el trato que merecen las personas y comunidades de distintos contextos, a las que habríamos de acompañar en sus procesos de recuperación de la paz?

¿Hablaría desde su conciencia el presidente Enrique Peña Nieto en su discurso del pasado 24 de septiembre ante la ONU cuando dijo “Mi país está dispuesto a ser parte activa de esta transformación… México apoya y valora las operaciones para el mantenimiento de la paz, instrumento (de la ONU) que ayuda a los países a superar conflictos y crear condiciones para una paz duradera..”? Para hacer efectivos esos “deberes más amplios y más profundos” que trascienden fronteras, el país (su ciudadanía e instituciones) resulta no sólo una necesidad ética, sino moral: la justicia global florece de adentro hacia afuera.

 

* Rubén Guzmán Sánchez es Investigador en el Instituto para la Seguridad y la Democracia, Insyde A. C. [email protected]

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