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“O los saca o los sacamos”: la fiesta de Zapopan, el abuso policial y los medios
Quienes dispararon sus armas la madrugada del 16 de agosto pasado, en Zapopan, fueron los policías como reacción a un botellazo, no los asistentes a “La Fiesta de Chass” –contrario a lo afirmado por la Policía de Zapopan y secundado por los medios. Cierto, había decenas de jóvenes en la calle y muchos de ellos bebían, pero hasta antes de la llegada de la policía, como narran muchos de los presentes, todo permanecía en calma.
Por Insyde
28 de agosto, 2014
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Por: Darwin Franco (@darwinfranco)

Las 281 personas maniatadas y puestas pecho tierra sobre la calle Helios, en la colonia Mirador del Sol, en Zapopan, Jalisco, eran jóvenes, no delincuentes. La casa que el 16 de agosto pasado presentó vidrios rotos, marcos destruidos y que destilaba olor a gas lacrimógeno no era una casa de seguridad allanada por la policía en un operativo, es el hogar de un joven que celebraba su cumpleaños dieciocho y al cual la Policía de Zapopan ingresó sin orden judicial y con lujo de violencia.

Quienes dispararon sus armas fueron los policías como reacción a un botellazo, no los asistentes a “La Fiesta de Chass” –contrario a lo afirmado por la Policía de Zapopan y secundado por los medios. Cierto, había decenas de jóvenes en la calle y muchos de ellos bebían, pero hasta antes de la llegada de la policía, como narran muchos de los presentes, todo permanecía en calma.

Incluso, la que realizó una de las llamadas para quejarse de la cantidad de jóvenes fue Noelia Godoy, madre del celebrado, Alejandro Chassin. Este joven, al convocar a través de Facebook, no imaginó que la fiesta se tornaría, de pronto, masiva. Él ahora es consciente de ello, pero afirma que lo que pasó no es necesariamente su culpa ─como mediática y oficialmente se señala─: “uno como ciudadano supone que la autoridad sabrá comportarse pese a recibir una agresión”. Sin embargo no fue así, porque en Zapopan el protocolo policial que se aplica es el de los macanazos.

Existieron otras llamadas de los vecinos y eso ocasionó el rondín policial. Al llegar los primeros agentes en una patrulla volaron las botellas, pero ante esta mala acción reaccionó una peor: los uniformados se bajaron tirando balazos, llamaron refuerzos y comenzaron a golpear y a detener. Llegaron 50 patrullas. En síntesis, los policías utilizaron la totalidad de los cartuchos de dos armas ─se dice que fueron de goma, pero los presentes señalan que las detonaciones fueron muy fuertes y así se escuchan en los videos que circulan en Internet─, se usó gas lacrimógeno y se allanó la casa de la familia Chassin, en la cual irrumpieron más de veinte policías para sacar a la fuerza a los jóvenes que se encontraban dentro y a los que ingresaron después de los disparos.

Noelia Godoy recuerda que al escuchar tanto alboroto y al ver la llegada de la policía se posicionó en la puerta para impedir el ingreso de los uniformados; la respuesta fue: “O los saca usted o los sacamos nosotros”. Inmediatamente el agente la empujó para introducirse al domicilio. Poco le importó a la policía que ella los hubiera llamado y que tuviera la disposición de cooperar.

Ahí comenzaron los estragos e iniciaron las detenciones. Incluso Noelia Godoy recuerda cómo cada uno de los jóvenes que salieron de su domicilio fueron golpeados: “Afuera de la casa ya no pasó nada porque había medios, pero a los que iban sacando, adentro, tanto hombres como mujeres, recibieron golpes con el puño o la macana”.

La situación fue caótica y los daños evidentes. No obstante, dos días después, una llamada del director de la policía de Zapopan, Hernán Huizar, bastó para que la familia Chassin aceptara cooperar y desistiera de presentar la denuncia en contra de la policía zapopana. A cambio, el comandante ofreció encontrar la manera de “pagar los daños”y realizar una “investigación interna” para encontrar a los agentes que abusaron. Todo acá entre nos.

Sin embargo, lo que olvidan las autoridades de Zapopan es que un acuerdo de colaboración con la familia o la liberación de los 281 detenidos no borran las violaciones a los derechos humanos cometidas por los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. Tampoco que hayan violado el “Reglamento de Policía y Buen Gobierno” que los rige y el cual, en su Artículo 8, precisa que en caso de falta administrativa se debe “aprehender y presentar ante el Juez Municipal a los infractores flagrantes” (fracción VII), pero siempre “vigilando, supervisando y salvaguardando los Derechos Humanos y Garantías Individuales de los infractores y ofendidos” (fracción XI).

Es decir, se tuvo que haber detenido a los jóvenes que bebían en la vía pública, a los que lanzaron las botellas, a los que provocaron los disturbios, pero no a “punta de pistolazos o macanazos” y muchos menos “allanando sin orden judicial un domicilio”. El acordar con la familia no quita el tamaño de sus violaciones ni las invisibiliza: ¿habrá un castigo real a los policías? A la familia ¿se les identificará a los responsables de causarles daños por más de 25 mil pesos? ¿Se dará de baja a los agentes después de esto? Lo desconocemos.

En lo que va de 2014, en la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) se han presentado 1,705 quejas contra la Dirección General de Seguridad Pública, Protección Civil y Bomberos de Zapopan. En 2013, este mismo organismo recibió 1,953 quejas. No obstante el número elevado de quejas, la CEDHJ sólo ha emitido una recomendación en contra de estas instituciones, la 03/2014 (30/01/14) por “violación de los derechos a la legalidad, seguridad jurídica, libertad de tránsito y a la vida”, con relación a la muerte de un joven en una revisión de rutina ilegal.

La familia Chassin, la mañana del 20 de agosto, convocó a los medios para explicar lo sucedido esa noche y dieron detalles de la manera en que la Policía de Zapopan prefiere mantener en sigilo el abuso de autoridad de sus agentes. En la conferencia los reporteros regañaron, juzgaron, cuestionaron y, de alguna manera, culpabilizaron a Alejandro Chassin porque su lógica informativa es simple, el joven debe pedir disculpas: se le hizo fácil invitar a todo el mundo, ya lo había hecho antes, llegó mucha gente, se consumió alcohol y drogas, se violentaron los jóvenes, la autoridad los repelió, hubo quejas, los papás no controlan al hijo… el joven debe pedir disculpas. El joven, para ellos, ya es leyenda.

 

* Darwin Franco es colaborador de la Dirección de Investigación Aplicada en Policía, Seguridad y Justicia Penal.

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