close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Seguridad 180°
Por Insyde
El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
¿Policías de Segundo Nivel? Mujeres en el ámbito policial
El incremento de mujeres en el ámbito policial es claro y acelerado; pero no ha logrado ser en equidad con los hombres, ni en números, ni en acceso y aunque formalmente no existen restricciones, aún se observa un vasto campo de desigualdades desde la formación en la academia y hasta la realización de tareas cotidianas de la profesión.
Por Insyde
26 de mayo, 2014
Comparte

Por: Laura Muñoz Ramírez

Históricamente, a la institución policial se le ha concebido como un espacio masculinizado; además de estar constituida mayoritariamente por hombres, se rige por prácticas organizacionales en las que se desarrollan y fomentan atributos de una masculinidad hegemónica como el coraje, la valentía, el valor, el honor, la temeridad.

Las evidencias son claras: por ejemplo, los procedimientos de reclutamiento y selección para aquellos que desean desempeñarse en esta labor incluyen exámenes de conocimientos generales y físicos, en los que deben identificarse aptitudes o limitaciones para formar parte o no de la institución. En caso de permanencia, se debe cursar además un periodo de academia, a partir del cual se forma personal que estará encargado de proporcionar seguridad y protección a la ciudadanía. Aparentemente, cualquier persona podría ingresar, pero la historia refleja un sesgo de género que las mujeres aún no han logrado eludir, pese a contar con toda la capacitad para desarrollar dicha profesión.

En nuestro país, la policía como asociación formal fue creada en la Ciudad de México en 1838 con el mismo común denominador de las policías de diversos países (Estados Unidos, España, Francia, Chile, Honduras, Paraguay, Perú): quienes realizaban la actividad eran hombres. No es sino hasta 1845 que en Estados Unidos mujeres se integran por primera vez de manera informal al cuidado de la ciudadanía, donde fueron relegadas a tareas menores y no llamadas “mujeres policías” hasta 1910.

En Francia es hasta 1935 que las mujeres se incorporan al trabajo activo de la institución y son nombradas “asistentes de policía”; no obstante, bajo ese título no eran acreedoras al uso del uniforme. En España se les asignaban actividades de segundo nivel y no se les proporcionaban los artículos que definían su profesión como insignia o arma. En México fue en 1930 cuando ingresaron como la llamada Policía femenina creada por Valente Quintero, contando con 69 mujeres y realizando actividades menores.

Desde su incorporación, lenta y paulatina, las mujeres policía han sido relegadas a actividades de segunda mano o de segundo nivel, labores que atienden a los patrones históricos que han asignado el ámbito privado-doméstico como una apropiación de su naturaleza. Aun en tiempos actuales, no es difícil encontrar que sean destinadas a áreas y actividades administrativas, aseo de estaciones policiales, actividades secretariales y muy comúnmente a espacios correspondientes al cuidado de la familia, mujeres y niños.

La matrícula de mujeres pertenecientes a las instituciones policiales mexicanas ha aumentado. En el 2000 las mujeres no representaban ni el 13% del total de personal policial; actualmente esta cifra ha incrementado al 18%. Sin embargo un vistazo a los datos de los últimos años muestran un panorama del sesgo de género.

En 2009 las administraciones públicas estatales reportaban un total de 204 mil 596 agentes, de los cuales la mayor concentración de hombres se encontraba en el nivel operativo con 85.5%, mientras que el mayor número de mujeres estaba adscrita como personal administrativo con un 49.9% (INEGI, 2010). En 2011 se observa la limitada participación de las mujeres en puestos de decisión, con un total de 197 mil 447 policías en las administraciones públicas estatales, donde en el primer nivel jerárquico tan sólo el 6.15% eran mujeres. De tres mil 110 altos mandos, sólo 191 eran mujeres en todo el país (INEGI,2011).

Los datos se reproducen año con año; para el 2013, el personal destinado a funciones de seguridad pública es de 201 mil 532, siendo las mujeres 18% de la matrícula. En las áreas de dirección, los puestos de primer nivel jerárquico son ocupados en su mayoría por hombres. La representación asciende a 74 mujeres, mientras que los hombres son 371. La mayoría de mujeres se concentran en la policía preventiva contando con 16 mil 539 mujeres, sin embargo la representación masculina asciende a 87 mil 618.

El incremento de mujeres en el ámbito policial es claro y acelerado; pero no ha logrado ser en equidad con los hombres, ni en números, ni en acceso y aunque formalmente no existen restricciones, aún se observa un vasto campo de desigualdades desde la formación en la academia y hasta la realización de tareas cotidianas de la profesión.

En la formación de nuevos policías, la academia sigue preponderando la fuerza física como uno de los elementos máximos; en el trabajo cotidiano persiste la escisión de tareas según los estereotipos de género; los sueldos más bajos pese a la realización de las mismas tareas siguen siendo para las mujeres; las presiones jerárquicas genéricas son un cotidiano y en ellas se incluye el acoso sexual como uno de los mayores problemas dentro de las instituciones. Por otro lado, el detrimento a espacios de toma de decisiones reduce las posibilidades de que las mujeres tengan un rol más activo en los procesos de seguridad.

Es de suma importancia visibilizar la brecha que las mujeres han abierto en los diferentes campos y actividades sobre todo en los considerados masculinos dentro de las instituciones policiales. La materia prima para conocerla es rescatar su historia y sus experiencias mediante investigaciones que reflejen las múltiples situaciones que las mujeres policías deben enfrentar para traspasar barreras de género; desde el burdo y absurdo “las mujeres no sirven para este trabajo”, hasta la ausencia de espacios adecuados para la realización de sus tareas y los roles jerárquicos de género que sortean.

Las instituciones policiales deben identificar y cambiar los mecanismos de acceso que reafirman y reproducen los roles de género y significados culturales de ser hombre y que al mismo tiempo mantienen condiciones de subordinación femenina. Ello con el fin de ampliar los horizontes de participación e incorporación donde el principio de igualdad sea un eje central que contribuya al inicio de procesos internos de democratización y hacia el trabajo que realizan para la ciudadanía.

 

* Laura Muñoz es investigadora de la Dirección de Investigación Aplicada en Policía, Seguridad y Justicia Penal (DIAP) de Insyde. [email protected]

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.