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Prevenir el acoso callejero: información local para la acción global
¿Cuáles son las diferencias que marcan la experiencia del acoso sexual callejero a las mujeres en los distintos puntos del país? ¿Se vive de la misma manera en todas las regiones? ¿La experiencia es la misma para todas?
Por Angélica López Muñoz
8 de marzo, 2021
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Todas las mujeres hemos sufrido al menos una vez acoso sexual callejero, pero no todas de la misma manera ni con la misma frecuencia o intensidad. Todas las ciudades tienen focos de violencia de género en el espacio público, pero no todas se manifiestan de la misma forma. El camino para cambiar muchos problemas estructurales puede surgir de investigaciones e iniciativas locales. El mejor tratamiento para una enfermedad es un buen diagnóstico.

¿Cuáles son las diferencias que marcan la experiencia del acoso sexual callejero a las mujeres en los distintos puntos del país? ¿Se vive de la misma manera en todas las regiones? ¿La experiencia es la misma para todas?

Rosita es una niña de 10 años que estudia en una primaria que se encuentra en el Centro Histórico de Ciudad Juárez. Diario atraviesa gran parte de la ciudad en transporte público con su mamá, que es comerciante en esta zona. Cuando salen de casa caminan unas cuadras a tomar el transporte público, ahí hay un grupo de hombres que le comienzan a “chiflar y decirle cosas a su mamá”. Ellas siguen, pero su mamá “no les hace caso ni dice nada”. Cuando se suben advierte que un hombre mayor que está sentado a su lado se le “arrima y empieza a ponerse las manos ahí” mientras la mira. Luego cuando camina con su mamá por el Centro Histórico rumbo a la primaria, nota cómo las empiezan a seguir mientras le chiflan a su mamá; ellas apresuran el paso con miedo “mientras los ignoran y ya”.

Esta experiencia es común para las niñas y mujeres que caminan por los espacios públicos en cualquier lugar del país. El trending topic #miprimeracoso que se dio en redes sociales en noviembre de 2016, dejó en evidencia que el acoso callejero es una experiencia de todas las niñas y mujeres que comúnmente inicia a los 8 años de edad de los cuales el 62% de los agresores son hombres desconocidos por las víctimas y el 47% de las agresiones ocurren en las calles. El acoso callejero es una experiencia por la que todas hemos pasado al menos una vez a lo largo de nuestras vidas. Todas tenemos una historia, un lugar y una “anécdota” que marcó la forma en la que decidimos salir a la calle.

El acoso sexual callejero es definido por el Observatorio contra el Acoso Callejero de Chile como una práctica de connotación sexual ejercida por una persona desconocida, en espacios públicos y semipúblicos como la calle o el transporte, estas suelen generar malestar en la víctima, son acciones unidireccionales y no consentidas por la persona agredida.

Cuando una mujer expresa haber sido víctima de acoso callejero, es común escuchar comentarios, en su mayoría de hombres, que consideran a este comportamiento un mal menor o culpan a las mujeres por haber sido agredidas, expresiones como “no veo que se quejen porque las halaguen en la calle”, “ahora resulta que decirle algo bonito a una mujer es acoso”, ¿Qué pasaría si fuera al revés?”, “Exageran, ¿En qué les afecta?” son solo algunas de las expresiones que leemos o escuchamos en cualquier espacio donde se hable sobre el tema. En gran medida estas afirmaciones tienen origen en la idea de que el acoso callejero es igual a recibir un piropo y estos sí son considerados acoso callejero, es sólo una de sus muchas expresiones entre las que se encuentran:

  • Miradas incómodas
  • Piropos “respetuosos”
  • Piropos con connotación sexual
  • Silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos
  • Fotografías y grabaciones del cuerpo, no consentidas y con connotación sexual
  • Tocamientos en partes íntimas y no íntimas del cuerpo (“agarrones”, “manoseos”, “arrimones”)
  • Persecución y arrinconamiento
  • Masturbación con o sin eyaculación y exhibicionismo

A nivel Nacional, la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) en 2016 indica que el 66.8% de las mujeres de 15 años y más manifiestan haber vivido agresiones de tipo sexual en la calle, el parque o algún otro lugar público.  Entre las que se encuentran los piropos groseros u ofensivos, intimidación, acecho, abuso sexual, violación e intento de violación. La misma encuesta muestra que en el estado de Chihuahua, en 2011, el 33% de las mujeres de 15 años y más han sido víctimas de una agresión pública (aunque no sea en forma cotidiana), que pueden ir desde insultos hasta violaciones. Por otra parte, en Ciudad Juárez, según el informe de gestión 2016 – 2018 del Instituto Municipal de las Mujeres en 2017, se encontró que 7 de cada 10 mujeres se sienten inseguras en el Centro Histórico de la ciudad.

La estadística indica que las experiencias de violencia en la calle son similares para todas las niñas y mujeres del país. Este tipo de violencia que se caracteriza por ser sutil e invisible y que según la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, se produce en el ámbito comunitario, es un acto individual o colectivo que trasgrede los derechos fundamentales de las mujeres y propician su denigración, discriminación, marginación o exclusión del ámbito público. En el caso de Ciudad Juárez la historia de desaparición y feminicidio, la mayoría de ellas en el Centro Histórico, más las experiencias que han tenido con otros tipos de violencias como el acoso callejero, ha afectado en gran medida las decisiones que niñas y mujeres toman antes de salir a la calle.

Según la investigación Sobre Acoso Sexual Callejero en el Centro Histórico de Ciudad Juárez, 2018 – 2021, los piropos, tocamientos sin consentimiento y el acecho son comportamientos considerados acoso callejero por el 90% de las mujeres que transitan por la zona. Al mismo tiempo 6 de cada 10 mujeres refieren haber sido tocadas sin su consentimiento en partes íntimas y no íntimas de su cuerpo mientras se encontraban en el centro o en el transporte público “…daba muestras de perfume y me volteé para agarrar más papelitos, iba pasando un viejito y me nalgueó”. (Trabajadora de la Zona Centro)

Ser víctima de acoso callejero es una experiencia que en 7 de cada 10 mujeres genera miedo rabia e impotencia. En gran medida estas emociones tienen origen en la historia de desaparición y feminicidio del Centro Histórico de la ciudad y que es parte de la memoria de las niñas y mujeres, cuando una de ellas vive acoso callejero además de sentirse incómoda “…se pregunta si va a terminar en acoso o si pueda pasar algo más, que me fueran a levantar o algo”. (Habitante de la Zona Centro)

Por lo anterior casi el 70% de las niñas y mujeres han tenido que cambiar vestimenta, recorridos y horarios para evitar ser acosadas. Al mismo tiempo dejan de utilizar el transporte público, apresuran el paso, evitan espacios, salen acompañadas; en el caso de las migrantes, mayores, trans, habitantes y trabajadoras de la zona centro transitar por el espacio público significa hacerlo en un estado constante de alerta, “… pero siempre con un ojo al gato y el otro al garabato, no con miedo ¿verdad? Igual me quieren tocar y regreso, pero siempre sí con el ojo” (mujer trans).

El 90% de las mujeres expresaron que la primera vez que vivieron acoso callejero tenían entre 15 y 25 años y que generalmente quienes las acosan el 97% de las veces es un hombre o un grupo de hombres “…hombres que precisamente no tienen que ser drogadictos o personas alcohólicas, simplemente un señor que va pasando y tocan el claxon y te gritan y te dicen cosas que la hacen sentir a una incómoda, pueden ser señores o muchachos, pero pues sí, son personas que aparentemente normales” (habitante de la Zona Centro).

Las experiencias de niñas y mujeres en el espacio público son distintas según las condiciones que nos atraviesan, ser habitante o trabajadora de los lugares por los que transitamos, adolescente, joven, indígena, adulta mayor, trans o migrante influye en gran medida qué hacemos y no hacemos cuando salimos a la calle.  La constante repetición de las medidas, a lo largo de la vida, para cuidarse o sentirse seguras mientras transitan por la zona centro, se vuelve con el tiempo en una afectación a la vida cotidiana mientras que transitar por la ciudad se encuentre condicionado por lo que la experiencia les ha dicho que pueden hacer o no.

Lo anterior representa un reto para los gobiernos de todos los niveles que a la luz de los tratados, convenciones, leyes y reglamentos tienen el compromiso de generar los mecanismos institucionales necesarios para, en el caso de las niñas y mujeres, garantizar su derecho a la vida, integridad y libertad personal. En todos los órdenes de gobierno existe una larga historia de estrategias y acciones para que las políticas públicas con perspectiva de género sean posibles. ¿Cómo hacer para generar políticas públicas con perspectiva de género desde las administraciones públicas?

Sin duda la Sentencia Campo Algodonero dejó clara la deuda histórica de los gobiernos para con las niñas y las mujeres. En el caso de Ciudad Juárez compromete a la administración pública municipal a emprender acciones para que la perspectiva de género sea uno de los ejes que guíen la toma de decisiones diarias, mismas que van desde líneas de acción en los planes de desarrollo, la asignación de presupuestos y acciones estratégicas para garantizar el acceso de las niñas y mujeres a una vida libre de violencia. La experiencia con la investigación con perspectiva de género desde el Instituto Municipal de las Mujeres nos ha dado luz sobre nuevos caminos, generar cambios en la política pública basados en la información y las necesidades concretas de las niñas y mujeres que habitan la ciudad.

Tanto el análisis del marco normativo municipal como los datos arrojados por el Diagnóstico de Acoso Sexual Callejero en el Centro Histórico de Ciudad Juárez 2019 – 2020 ofrecieron información específica y contextual sobre las herramientas para la denuncia y la experiencia de las niñas y mujeres en el espacio público, mismas que a la luz de la perspectiva de género han guiado acciones de incidencia como lo son los cambios en el reglamento de justicia cívica aprobado el 4 de septiembre de 2020 y que incluye sanciones al acoso sexual callejero; la capacitación y sensibilización a jueces y juezas de barandilla y policías de la Dirección de Prevención Social y la Unidad Especializada en Violencia Doméstica (Unevid). De la misma manera la campaña Rechazar el Acoso Callejero también es Sana Distancia que tuvo de partida los datos arrojados en el diagnóstico, permitió la toma de decisiones enfocadas en la experiencia concreta de las niñas y mujeres en el espacio público.

La investigación con perspectiva de género desde las administraciones públicas es una oportunidad para generar cambios en la política pública de manera específica, situada y contextual que responda a la realidad y experiencias concretas que viven las niñas y mujeres en su tránsito por la ciudad. De esta manera garantizar el acceso a la vida, integridad y libertad personal, es decir, el acceso a la igualdad sustancial a partir de espacios libres de violencia para las mujeres será posible.

¡Todas las mujeres, todos los derechos!

* Angélica López Muñoz es investigadora del Instituto Municipal de las Mujeres en Ciudad Juárez (@immujeresjrz).

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