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Resistencia colectiva ante la indolencia
Una cosa es la inacción y mirar hacia otro lado cuando somos testigos del sufrimiento de las víctimas de la violencia. Pero que un grupo de personas agreda a quienes cargan con el dolor de la pérdida y el trauma, sin duda es una señal de alarma de la creciente indolencia y normalización de la violencia.
Por Lilian Paola Ovalle
24 de febrero, 2020
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El 20 y 21 de noviembre del 2019, se reunieron en la ciudad de Guadalajara representantes de diez lugares en los que se conmemora a víctimas de lo que conocemos como narco-violencia. Se compartieron allí las experiencias de estos espacios que han sido arrancados con gran valentía a los poderes criminales que controlan los territorios en los que se ubican, para construir experiencias comunitarias de resistencia al olvido, la impunidad y el horror.

Gracias al apoyo logístico y material de las instituciones convocantes -Fundación Heinrich Böll, el Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales (CALAS) de la Universidad de Guadalajara, el Colectivo RECO, y la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California- se pudo abrir este espacio de encuentro y escucha en el que se tejieron diversas experiencias de familiares de las víctimas, líderes comunitarios, artistas, activistas y académicos, generando un espacio de diálogo horizontal y escucha.

Uno de los resultados de este primer encuentro fue el reconocimiento del potencial de los procesos de memoria colectiva para la lucha por la verdad, la justicia, la esperanza de un futuro cercano de no repetición y la construcción de espacios comunitarios de convivencia pacífica. De allí surgió la iniciativa de conformar una Red Mexicana de Lugares de Memoria como un esfuerzo colectivo para la articulación, acompañamiento y fortalecimiento de las experiencias compartidas.

Primarias intervenidas (Morelia, Michoacán). Conmemora víctimas de desaparición forzada, Colectivo Familiares Caminando por Justicia. Foto: Colectivo Reco.

Como se argumenta a continuación, esta naciente Red Mexicana integra espacios donde se conmemora a víctimas de crímenes de lesa humanidad que tristemente se han normalizado en México como las masacres y la desaparición de personas. Son lugares que deberían interpelarnos a todos y todas como espacios de duelo social ante el trauma y el sufrimiento que atestiguamos en México en la última década, sin embargo, estos lugares como las víctimas que se conmemoran, están prácticamente solos. Resulta difícil imaginar un escenario de cultura de paz y prevención de las violencias cuando se evidencia un clima social que justifica su uso y que construye sujetos desciudadanizados y despojados de toda posibilidad de empatía.

Predio La Gallera (Tijuana, Baja California). Lugar donde se desintegraban cuerpos humanos, Asociación Unidos por los Desaparecidos de Baja California. Foto: Colectivo Reco

La indolencia social ante las víctimas

Sin duda hacen falta estudios que abunden en la anestesia social y la indolencia de la sociedad civil mexicana ante el sufrimiento y lucha de las víctimas de las violencias estructurales y criminales que se han vivido en los últimos sexenios. El proceso de normalización de la violencia quizá podría rastrearse desde antes del inicio de la mal llamada “guerra contra el narco” emprendida por Felipe Calderón. Sin embargo, es innegable que el discurso oficial de criminalización de las víctimas durante su sexenio tuvo un efecto demoledor en la capacidad de condolencia de los mexicanos. El ejemplo mas paradigmático de dicho discurso oficial de criminalización fueron las declaraciones dadas por el expresidente Calderón ante la masacre ocurrida el 30 de enero de 2010 en Villas de Salvárcar, Ciudad Juarez. Tras los lamentables hechos en los que tres padres murieron protegiendo a sus hijos y otros 12 jóvenes fueron asesinados, el entonces presidente de México señaló que la masacre era el resultado de un “ajuste de cuentas”. El discurso oficial de que “en algo andaban” se había asumido como verdad, y en la opinión pública estaba muy asentada la idea de que hay víctimas que no nos deben doler.

Los padres y familiares de los jóvenes asesinados enfrentaron el clima imperante de miedo y terror colocando, afuera de sus casas, mesitas con los trofeos de sus hijos, con sus diplomas, con sus fotos, con sus boletas de trabajo, con sus calificaciones. “Ellos no son unos delincuentes”, gritaban en silencio. La masacre de Villas de Salvárcar fue un parteaguas en el discurso de la “guerra contra las drogas”. A partir de ella, se comenzó a configurar en la opinión pública la figura de “la víctima”. Sin embargo, en México las víctimas continuan prácticamente solas. Son ellas o sus familiares quienes hacen las investigaciones para hallar la verdad sobre sus casos, deben enfrentarse a instituciones estatales ineficaces y autoridades insensibles y omisas. En México son las víctimas quienes arriesgan su seguridad para entrar a territorios controlados por el crimen organizado a conseguir información sobre el paradero de sus familiares, a identificar fosas clandestinas, y a encontrar (desenterrar) a sus seres queridos. Y finalmente, en México, son las víctimas quienes también llevan a cabo el ejercicio de memoria y gestión de espacios para la conmemoración de sus allegados.

Monumento a la madre. Conmemora víctimas de desaparición forzada, Colectivo DESOBDC y Colectivo Siguiendo Tus Pasos. Foto del Colectivo Reco.

Andreas Schedler (2016) sostiene que, contrario a lo que se esperaría —esto es, una comunidad o contexto social donde los ciudadanos reconocen a las víctimas, se identifican con su dolor y consideran que éstas merecen cuidado, reparación y protección— en México se ha echado a andar una estrategia de negación de la solidaridad con las víctimas de la violencia que, a su vez, ha activado dos mecanismos “ancestrales”: la negación de la comunidad política y la inclusión de las víctimas en el grupo de los perpetradores. Esto nos ubica como una sociedad enferma que ha perdido su capacidad de condolencia. La imposibilidad de un “sentimiento solidario” es en sí misma la confirmación de la lesión, nos recuerda Ahmed (2015, p.76). Y en efecto, la soledad de las víctimas, es decir, la escasa solidaridad social que se muestra hacia ellas, es signo inequívoco de una profunda lesión en el tejido social.

En un contexto así, en el que día a día se puede constatar el desapego y la indiferencia de la sociedad civil hacia la comunidad de víctimas, gana relevancia el surgimiento de espacios para el duelo público en los que podamos acompañar a las víctimas y reconocer el impacto de la violencia en la vida colectiva. Es así como esta Red surge como iniciativa en un contexto social y político que se esperaba de transición y pacificación, y que ha resultado ser todo lo contrario. El actual gobierno de López Obrador traicionó las expectativas de las víctimas sobre la desmilitarización y sobre los procesos de verdad y justicia transicional. Además este gobierno ha evidenciado su ineficacia en la contención de la violencia criminal y la atención de las demandas de justicia y verdad de las víctimas.

Incluso actualmente, las manifestaciones políticas y públicas de la indolencia han cobrado dimensiones alarmantes e inéditas. A finales de enero de este año, la Caminata por la Verdad, la Justicia y la Paz, liderada por Javier Sicilia y la familia LeBarón, fue agredida por simpatizantes del presidente López Obrador. Una cosa es la inacción y mirar hacia otro lado cuando somos testigos del sufrimiento de madres, padres, hermanos, comunidades a quienes les han arrancado a sus hijos violentamente. Pero que un grupo de personas agreda, cierre el paso y grite consignas a quienes cargan con el dolor de la pérdida y el trauma, sin duda es una señal de alarma de la creciente indolencia y normalización de la violencia. Preocupante aun más que estas muestras inéditas de apatía y agresión hacia las víctimas vengan de simpatizantes del presidente López Obrador, quien durante estos meses ha ostentado un discurso plagado de descalificaciones, estigmatizaciones, y minimización del dolor y la violencia que aquejan al pueblo al que tanto alude.

Ley de la verdad. (Lagos de Moreno, Jalisco). Conmemora víctimas de desaparición, Familiares de las víctimas. Foto: Colectivo Reco.

Una red, ¿para qué?

Los espacios que se pretenden articular en la naciente Red Mexicana de Lugares de Memoria son heridas abiertas en el territorio nacional, lugares que han surgido en medio del horror y que cuentan con un enorme potencial para convertirse en espacios para una memoria reparadora y en resistencia. A continuación se presenta una lista con el nombre de los lugares, las víctimas a las que conmemora y los colectivos o asociaciones que las lideran:

  • Plaza de la Paz (Creel, Chihuahua). Conmemora a las 13 víctimas de un juvenicidio ocurrido en el 2008. Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A. C.
  • Predio la Gallera (Tijuana, Baja California). Lugar donde se desintegraban cuerpos humanos. Asociación Unidos por los Desaparecidos de Baja California.
  • Mural Memoria que Resiste (Mexicali, Baja California). Espacio memorial donde se nombra a víctimas de desaparición. Colectivo Unidas y Fuertes.
  • Plaza del desaparecido (Monterrey, Nuevo León). Conmemoración de víctimas de desaparición forzada. Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León (FUNDENL).
  • Casino Royale (Monterrey, Nuevo León). 52 víctimas de la masacre. Familiares de las víctimas.
  • Madre del desaparecido y ruta de la memoria (Ensenada, Baja California). Conmemora víctimas de desaparición forzada. Colectivo DESOBDC. Colectivo Siguiendo Tus Pasos.
  • Primarias intervenidas (Morelia, Michoacán). Conmemora víctimas de desaparición forzada. Colectivo Familiares Caminando por Justicia.
  • La ley de la verdad (Lagos de Moreno, Jalisco). Conmemora víctimas de desaparición. Familiares de las víctimas
  • La glorieta del desaparecido (Guadalajara, Jalisco). Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Jalisco (FUNDEJ).
  • Memorial Alas de Esperanza (Allende, Coahuila). Conmemora víctimas de una masacre. Alas de Esperanza, A.C

Cada uno de estos lugares funciona como un archivo vivo donde se construyen narrativas sobre los hechos violentos que contradicen las verdades históricas que se quieren imponer. Al observarlos y preservarlos como una red de lugares, se pueden advertir las narrativas históricas de impunidad en las que se inscriben y reconocer las coincidencias nacionales y globales, las prácticas que se repiten una y otra vez. Se constata aquí el terrible proceso mediante el cual se “desciudadaniza” y se desacredita la identidad de las víctimas, se construyen enemigos, se administra el miedo y se paraliza a la sociedad civil.

En suma la conformación de una red mexicana donde se articulen estos y otros lugares de memoria que están surgiendo en México, pueden sumar el trabajo de instancias locales, regionales (Red de Sitios de Memoria Latinoamericanos y Caribeños, RESLAC) o globales (Coalición Internacional de Sitios de Conciencia). Se pueden constituir en un espacio de reconciliación donde las familias de las víctimas no estén cargando solas con el peso de la lucha por la verdad, justicia y la no repetición.

Plaza de la Paz (Creel, Chihuahua). Conmemora a las 13 víctimas de un juvenicidio ocurrido en el 2008. Comisión de Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos, A. C. Foto: Colectivo Reco.

Resistencia ante el horror

En estos lugares se pone rostro a las víctimas. Se insiste en que esas vidas que fueron despojadas y borradas como si no valieran nada, eran fundamentales para sus seres queridos y deben ser fundamentales para nosotros como colectividad. Debemos reconocer una lesión social si no podemos vernos en el dolor de las víctimas, si no podemos incorporar como nuestros a todos los cuerpos que yacen en fosas comunes a lo largo del territorio nacional, si seguimos diferenciando entre distintos tipos de víctimas o buscamos identificarnos solo con aquellas que consideramos inocentes. Lo dice Ahmed: la condolencia en contextos históricos como el nuestro es un camino ético. “La imposibilidad de sentir el dolor de otros no significa que sea simplemente suyo, o que no tenga que ver conmigo…. una ética de respuesta al dolor involucra estar abierta a verse afectada por aquello que una no puede conocer o sentir. Una ética de este tipo está, en este sentido, ligada a la socialidad o al vínculo contingente del mismo dolor” (2015, p.63).

Casino Royale (Monterrey, Nuevo León). 52 víctimas de la masacre, Familiares de las víctimas. Foto de Colectivo Reco.

En efecto: necesitamos estar abiertos a ser afectados por el dolor de los y las otras. Por ello la conformación de esta Red, es ya un espacio de esperanza. Habitar estos lugares es ser testigo de la resistencia y la lucha por la supervivencia. Ante la indolencia e indiferencia resulta reconfortante estar en estos espacios y poner el cuerpo para acompañar a las víctimas. Los familiares de las víctimas esperan por cuerpos que los acompañen, que los escuchen y griten junto con ellos sus consignas: “¡Castigo a los culpables!”, “¡Ni perdón ni olvido!”, “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, “¡Justicia! ¡Verdad! ¡Hasta encontrarles! ¡Nos faltan miles!”, “¿Por qué los buscamos? ¡Porque los amamos!” son, ciertamente, consignas que deberían convocarnos, gritos con los que cotidianamente se nos invita a combatir la indolencia y la indiferencia. Visitar, preservar y articular en red estos espacios, acompañar las prácticas de conmemoración que los mantienen vivos, puede derivar en interacciones que reactiven nuestra capacidad de condolencia. Estando en estos lugares, es decir, acompañando el llanto, observando las fotos de los rostros ausentes, las velas, los hermanos, hermanas, padres y madres portando camisetas con consignas o con el rostro de sus familiares podemos ponerle cuerpo a la memoria o, lo que es lo mismo, hacer realidad el vínculo contingente de ser con otros a partir de una ética que siembra la esperanza de un futuro mejor y que comienza con la posibilidad de habitar y de acompañar el dolor del otro.

* Lilian Paola Ovalle (@lilianpaolao) es profesora investigadora de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales de la Universidad Autónoma de Baja California. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

 

Referencias:

Este texto se inspira en el libro Memoria Prematura. Una década de guerra en México y la conmemoración de sus víctimas, de Lilian Paola Ovalle y Alfonso Diaz Tovar. Editado en el 2019 por la Fundación Heinrich Boll.

AHMED, Sara (2015). La política cultural de las emociones, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

SCHEDLER, Andreas (2015). En la niebla de la guerra. Los ciudadanos ante la violencia criminal organizada. México, CIDE, ISBN 978-607-9367-48-0.

SCHEDLER, Andreas (2016). “The Criminal Community of Victims and Perpetrators: Cognitive Foundations of Citizen Detachment From Organized Violence in Mexico”, en Human Rights Quarterly 38 (2016) 1038–1069, Johns Hopkins University Press.

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