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El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de t... El Instituto para la Seguridad y la Democracia (Insyde) es una organización con una década de trabajo en el diseño de soluciones para ejercer a plenitud el derecho humano a la seguridad. Buscamos el cambio de paradigma de seguridad pública a una seguridad ciudadana con el involucramiento de instituciones, organizaciones y sociedad. Reforma policial democrática, migración y derechos humanos, violencia y medios de comunicación, nuestros temas. (Leer más)
Seguridad ciudadana: retos y desafíos para su implementación en la región
Para que haya seguridad ciudadana en la región se requiere suscribir un «nuevo pacto social», en el que la sociedad civil, la academia, la iniciativa privada y los gobiernos acordaran coproducir la seguridad en un marco de derechos humanos, cultura de paz y legalidad.
Por Paulo Gutiérrez
20 de septiembre, 2021
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Desde hace más de veinte años se promueve en América Latina el modelo de seguridad ciudadana, y aunque estados y gobiernos locales han adoptado algunos componentes y premisas de este modelo —más en términos retóricos que efectivo—, todavía no existe evidencia de que formen parte de las políticas de gobierno de las ciudades y estados socios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), principal impulsora de la seguridad ciudadana a través de las Agencias ONU-HABITAT y el Programa de Ciudades más Seguras; ONU-Mujeres y el Programa de Ciudades y Espacios Públicos Seguros para Mujeres y Niñas, y ONU-contra las drogas y el delito, con la Auditoría local de seguridad.

Los principales retos y desafíos para institucionalizar la seguridad ciudadana demandan la transformación progresiva de la mentalidad de múltiples actores que intervienen en la esfera de la seguridad. Se requiere un cambio de visión y un compromiso multiactor, es decir, se requiere suscribir un «nuevo pacto social», en el que la sociedad civil, la academia, la iniciativa privada y los gobiernos, acordaran coproducir de la seguridad en un marco de derechos humanos, cultura de paz y legalidad.

Un primer paso para instaurar el modelo de seguridad ciudadana consistiría en compartir una pedagogía general de los principales componentes del modelo, para combatir el pensamiento inercial y la toma de decisiones ajenas a los principios que se buscan inculcar con este enfoque. En ese sentido y sin afán de hacer un recuento pormenorizado, enumero enseguida los que considero como componentes básicos del modelo de seguridad ciudadana que debieran ser compartidos por múltiples actores de distintos ámbitos y niveles:

I. El componente teórico. El modelo de seguridad ciudadana se sustenta en la teoría ecológica que comprende el ámbito individual, familiar, comunitario y social, para identificar los factores de riesgo y los factores de protección que están presentes en los espacios de intervención. Asimismo, se emplea de forma complementaria la teoría epidemiológica de la violencia que distingue tres niveles: 1.Primario-universal (población en general); 2. Secundario-selectivo (grupos en riesgo de violencias y delitos); 3. Terciario-indicado (personas que han cometido y/o que han sido víctimas de violencias y delitos). Como parte del componente teórico se puede considerar también el marco de derechos humanos, el principio propersona, el “no dejar a nadie atrás”, la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres, la cultura de paz y los valores prosociales para la convivencia y la vida de calidad.

II. El componente conceptual de la seguridad ciudadana puede dividirse en términos y conceptos de enfoque social, situacional o de entorno, y relativos a la vulnerabilidad y el riesgo. Por ejemplo, para el enfoque social se emplean conceptos como capital social y eficacia colectiva, que se refieren a recursos potenciales de una red de individuos, así como a procesos de adquisición de habilidades y capacidades comunitarias, orientadas a la resolución pacífica de conflictos y a la construcción de agendas de seguimiento que establecen de forma conjunta con instituciones para una gobernanza efectiva. Para el enfoque de prevención situacional se emplea la prevención delictiva a través del diseño urbano o CEPTED (Crime Prevention Trough Environment Design), por sus siglas en inglés, así como la noción de arquitectura del miedo, que puede referirse lo mismo a edificaciones que impiden ver y ser visto, oír y ser oído, pero también a las edificaciones cerradas en aras de la seguridad como son los fraccionamientos y cotos de las periferias.

III. El componente metodológico de la seguridad ciudadana ha sido tradicionalmente mixto (cuantitativo y cualitativo), es decir, consta de numerosas encuestas de factores de riesgo y de percepción a nivel ciudad, así como de abordajes cualitativos con diagnósticos a escala colonia o comunidad, que permitan un mejor diseño e implementación de programas y acciones preventivas focalizadas (acupuntura social). Otros instrumentos recurrentes para el diagnóstico son los mapeos colaborativos con población prioritaria, como es el caso de entrevistas individuales o grupales a mujeres, niñas, niños y jóvenes. En el abordaje metodológico de la seguridad ciudadana es necesario mostrar de forma conjunta la dimensión objetiva (incidencias) y la dimensión subjetiva (percepción social). Usualmente se presentan encuestas de percepción o reportes de incidencia de forma separada, lo cual no permite contrastar las dos dimensiones de un mismo fenómeno (comunitario, de espacio público o de delitos y violencias).

III. El componente procesual se refiere a todos los procesos de participación ciudadana para la coproducción de seguridad que van desde el fomento de la cultura de la encuesta, la cultura de la denuncia, pasando por el inventario de propuestas ciudadanas atendidas exitosamente en tiempo y forma y todas las iniciativas ciudadanas que promuevan el acompañamiento y evaluación de las instituciones policiales y de procuración de justicia, como sucede con la Alianza Global Altus y la semana de visita a las comisarías de policía por parte de la ciudadanía.

IV. El componente preventivo en la policía y otras instancias de gobierno se refiere mayormente al paradigma de la policía de proximidad social y al modelo de policía orientado a la resolución de problemas, que emplea una técnica conocida popularmente como DARMA, cuyas siglas desglosan los siguientes pasos: definir el problema, analizar las causas, responder a las causas, medir resultados y actuar con base en resultados. Esta técnica se lleva a cabo normalmente en reuniones vecinales con el objetivo de fomentar la pedagogía de resolución de problemas de seguridad. Si bien la policía es un actor central de la seguridad ciudadana, también es necesario reiterar que en la coproducción de seguridad deben participar activamente las dependencias responsables de los asuntos de mujeres, familia, niñez y juventud, así como de justicia, desarrollo económico, educación, deporte, cultura, participación ciudadana, servicios públicos, trabajo y previsión social, movilidad, vivienda, desarrollo urbano y medio ambiente, pues es insostenible depositar todas las expectativas en la policía, cuando desafortunadamente hay todo un directorio de instituciones y autoridades cuyo desempeño es crucial para la seguridad, pero que desafortunadamente no terminan de asumir su rol como instancias potenciadoras de factores de protección a través de luminarias peatonales, pacificación de conflictos vecinales o interpersonales a través de justicia alternativa, podas estratégicas, emplazamiento de paraderos seguros para mujeres y niñas, proyectos del espacio público diseñados para la convivencia, entre otros.

V. El componente de política pública que permita de forma periódica hacer diagnósticos, planear con base en evidencia, llevar a cabo programas, estrategias y acciones, dar seguimiento y evaluar de forma cualitativa a través de aproximaciones de corte socioantropológico, y de forma cuantitativa a través de indicadores de resultado y de impacto, con objetivos y metas claras, susceptibles de ajustarse, mantenerse o eliminarse. Los indicadores de seguridad ciudadana deben ser comprensibles, sencillos y relevantes para la ciudadanía, de lo contrario difícilmente podrán cobrar interés y ser apropiados por los distintos sectores sociales.

Además de estos cinco componentes, y del cambio de visión para suscribir un nuevo pacto social de coproducción de seguridad, se requiere que al interior de los gobiernos exista voluntad e inteligencia política, acompañada de liderazgos técnicos que promuevan estrategias operativas que privilegien el componente de seguridad ciudadana de sus áreas: por ejemplo, áreas de participación ciudadana que promuevan capacidades ciudadanas para la identificación de problemas de seguridad, áreas de desarrollo urbano que planifiquen las ciudades con base en dinámicas de convivencia integral, que no segmenten a la población ni segreguen o marginen a los de siempre, policías de proximidad que cuenten con capacidades a la altura de los problemas de seguridad que presentan las urbes de América Latina, para que puedan resignificar el sentido tradicional de la inteligencia policial.

Todos estos retos y desafíos pueden sortearse más fácilmente con alianzas estratégicas multi-actor (agencias, fideicomisos, otros gobiernos estatales y municipales aliados) que acompañen los procesos, que compartan recursos humanos, materiales y económicos para robustecer y consolidar un modelo de seguridad ciudadana a mediano y largo plazo.

Asimismo, para que un modelo de seguridad ciudadana se consolide es impresindible una estrategia de comunicación que contraste las bondades de la seguridad ciudadana con el modelo tradicional de seguridad que sirve poco y cuesta mucho, para ello es necesario planear diversos tipos de mensaje por sector sociodemográfico y abrir el diálogo para sensibilizar y hacer inteligible un modelo de solución que es complejo, pues complejos son los problemas de seguridad que enfrentamos en la región.

* Paulo Gutiérrez (@Paul0Gutierrez) es Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Guadalajara y fue director académico para la implementación del Programa de Ciudades más Seguras de ONU-HABITAT en el Gobierno Municipal  de Guadalajara.

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