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Videovigilancia y uso de tecnologías para prevenir la delincuencia
La videovigilancia es una medida útil cuando forma parte de un plan de seguridad general e integral capaz de tomar en cuenta todos los elementos del contexto ambiental.
Por Insyde
25 de junio, 2019
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Por: Gian Guido Nobili 

El concepto de prevención representa desde hace siglos un elemento fundamental del discurso sobre la delincuencia. En las últimas decadas en el contexto europeo se ha dado siempre más relevancia a la prevención situacional, un enfoque criminológico que se desarrolló por primera vez en el Reino Unido en los años ochenta del siglo pasado. Ahora la perspectiva situacional se ha difundido en todo el mundo, tiene como objetivo la reducción de las oportunidades de cometer un delito, y se dirige a específicas tipologías de delito.

Algunas críticas a la filosofía de la prevención situacional argumentan que el aumento de la protección de algunas zonas conlleva únicamente al desplazamiento de las conductas delictivas hacia otras zonas; hay que reconocer que la investigación no ha demostrado la sistemática existencia de tal fenómeno de desplazamiento. Sin duda, entre los instrumentos de prevención situacional, la videovigilancia es uno de los instrumentos más difusos para garantizar la seguridad urbana. Ahora ya es unánimemente compartido que la videovigilancia puede ser una ayuda muy válida en algunos casos, pero no en otros.

Para poder realizar una evaluación sobre la eficacia de tal instrumento, es necesario ante todo no confundir los objetivos de prevención previstos con los instrumentos tecnológicos activados para alcanzar los mismos. Estamos viviendo tiempos de “infatuación tecnológica”, por eso no podemos olvidarnos que la videovigilancia es un medio socio-técnico. Esto significa que la disponibilidad de personal calificado y adecuadamente preparado debe de ser considerada un precondición indispensable para garantizar el buen funcionamiento de esta medida de prevención. Estimar la calidad de las tecnologías es una cosa muy diferente que estimar los resultados de los proyectos en los que estas tecnologías han sido seleccionadas y empleadas. A esta segunda dimensión trataré de dirigir este artículo.

Actualmente encontramos en toda Europa, y especialmente en Inglaterra, Italia, Francia y, aunque un poco menos, en Alemania, una fuerte presión de las empresas productoras que tratan de presentar la videovigilancia como la «killer application» contra la delincuenica (o, como dirían los ingleses, la «silver bullet», la bala de plata que siempre da en el blanco).

Esta tendencia nos obliga a distinguir dos perspectivas para evitar confusiones en términos de eficacia de la medida. Comúnmente se tiende a confundir los conceptos de la función de disuasión (deterrence) y de detección de la videovigilancia. La primera se refiere a la capacidad del instrumento de prevenir el delito y la segunda, a la capacidad del instrumento de identificar al autor del delito, una vez que éste ha sido cometido. La primera es una función típica de las políticas locales de seguridad ciudadana, la segunda, de detección, es una función típica de las políticas nacionales de seguridad. La primera es entonces la función de disuasión de las telecámaras, o sea aquella de guardián eficaz o buen vigilante, que según una de las perspectivas más conocidas en la actual criminología, la teoría de las actividades de rutina (Cohen y Felson, 1979), evitaría poner en contacto al agresor motivado o a un potencial autor con su víctima o su blanco. Otra cosa es la función, que pudiéramos llamar de “testigo confiable”, o sea la capacidad de las telecámaras de aportar a la policía, jueces y magistrados un útil soporte, post-acontecimiento a las investigaciones, para localizar a los responsables.

Para justificar el recurso a la videovigilancia, las administraciones locales afirman regularmente tres supuestos teóricos aparentemente plausibles:

1. Se afirma que la videovigilancia puede tener una función tranquilizadora, o sea que puede convencer a las personas de que, si aquel espacio es sometido al videocontrol, entonces significa que ese espacio está seguro y por consiguiente atrae una mayor afluencia. Es decir que la videovigilancia sería capaz de estimular indirectamente aquel concepto del control social informal, favorecido por un aumento de la vigilancia natural.

2. Se afirma también que el control ejercido a distancia del territorio puede ofrecer una significativa contribución para racionalizar (efecto de racionalización) a los operadores de policía. Si tenemos la posibilidad de controlar, de una posición remota los espacios públicos, podrémos colocar de manera más eficaz a los agentes policiales y calibrar la presencia según la efectiva necesidad.

3. Se insiste sobre un efecto de alerta que debería ser inducido por la presencia de las telecámaras: éste nos promovería comportamientos más prudentes.

Sin embargo, todos estos mecanismos que son absolutamente plausibles no funcionan o, por lo menos, no funcionan tal como deberían de manera automática. La experiencias concretas y estudios internacional muestran que es improbable que la presencia de las telecámaras pueda determinar cambios en los comportamientos de las personas. Aunque si una persona camina por un zona videovigilada, solo de manera residual y al despertar de la memoria, pudiesen darse comportamientos más prudentes.

Un estudio sistemático elaborado por dos académicos anglosajones (Welsh y Farrington, 2008) tomó en consideración aquellos que pueden ser considerados los veintidós estudios de evaluación sobre la videovigilancia más desarrollados. Tres son los ámbitos analizados: centros urbanos ubicados junto a barrios populares, transportes públicos y los estacionamientos. Solo han sido tomados en consideración aquellos estudios que adoptaron una metodología casi experimental de caso-control. De este modo fue posible analizar el efecto de prevención, o sea estimar la situación que se habría dado en caso de que no se hubiera realizado la intervención de videosobrevigilancia.

¿Cuáles son las conclusiones de este estudio? Tanto en los centros urbanos como en los transportes públicos los efectos varían según la tipología de delito que se desea prevenir o contrastar, sin embargo, los resultados son tendencialmente modestos. Se asiste a una baja contenida de la delincuencia, estadísticamente poco significativa. Solo en los estacionamientos se asiste a una drástica reducción de la delincuencia, estadísticamente significativa, con una contracción de más de cuarenta puntos de porcentajes (-40%) de los robos de y sobre los vehículos. Hay que notar que la reducción se refiere solo a este tipo de delitos y no al total de la delincuencia.

En todo caso parece que la videovigilancia es más eficaz en contener los delitos contra la propiedad privada. En este sentido, los delitos de tipo instrumental como los robos o los atracos, que regularmente descienden de motivaciones oportunistas, resultan influenciados por la presencia de las telecámaras, mientras en los delitos de tipo expresivo, que nacen de acciones impulsivas, (como las agresiones o el vandalismo contra bienes públicos) los beneficios son bastante reducidos.

Estos resultados han sido confirmados por la investigación del Ministerio del Interior Inglés. En este estudio (Gill y Spriggs, 2005; vease también Taylor y Gill, 2014) fueron tomados en cuenta 13 proyectos de videovigilancia sobre los 352 proyectos financiados por el Ministerio del Interior Inglés con más de 250 millones de libras esterlinas. También en este caso, los resultados no son unívocos. En 7 casos, la delincuencia aumentó después de la instalación de las telecámaras. Es presumible que en estos últimos casos la introducción de sistemas de control a distancia del territorio haya incentivado a los ciudadanos a denunciar los delitos a la policía con la esperanza de que las imágenes grabadas con las telecámaras habrían podido facilitar la identificación de los responsables o eventuales testigos.

Como alternativa es posible hipotizar que la policía haya conocido un mayor número de delitos gracias a las imágenes grabadas por los sistemas de videovigilancia. En 6 casos se han registrado efectos positivos, pero solo en uno de estos casos, el de Hawkeye, se pudo atribuir indudablemente a la introducción de la videovigilancia y no a otros factores, la capacidad de reducir la incidencia de la delincuencia. Y también en este caso se trata de estacionamientos.

Una vez más los mejores resultados se tienen en espacios circunscritos, con un perímetro bien delineado. Se puede asumir que la eficacia de la videovigilancia no es indiferente al contexto físico-espacial donde viene aplicada. Como ya lo han mostrado varios estudios a nivel internacional, en zonas bien acotadas, donde los puntos de entrada y salida son circunscritos, como por ejemplo en los estacionamientos, en los hospitales, en los estadios o en los pequeños centros medievales delimitados por murallas, la videovigilancia parece ser más eficaz.

El análisis evidencia que los espacios caracterizados por confines físicos bien visibles y con una cantidad de accesos y salidas reducidas y definidas pueden ser vigilados de manera más eficaz con el auxilio de las telecámaras. Concluyendo, podemos afirmar que la eficacia de la videovigilancia varia, y mucho, según las condiciones de aplicación. La visibilidad y la iluminación ambiental del área videovigilada tienen que ser valoradas con extrema atención para evitar encuadrar zonas ocultas por obstáculos o demasiado oscuras o, al revés, excesivamente iluminadas.

La densidad de las telecámaras, en caso de que sea funcional a una mejor cobertura del zona sobrevigilada, produce mejores beneficios. Al mismo tiempo este objetivo implica gastos relevantes. Por ejemplo, en el Ayuntamiento de Bolonia en Italia se ha implementado el más amplio sistema de videovigilancia regional, con 315 telecámaras y un gasto de más de 2 millones de euros. Sin embargo, este sistema incide solo sobre un zona que representa menos de ¼ de la extensión del casco antiguo y cubre, sin parar, casi 10 km de calles, menos de un décimo del circuito vial del centro urbano (102 km).

Además, la videovigilancia produce resultados más efectivo si es utilizada para operaciones específicas de policía, dirigidas con personal motivado y oportunamente entrenado. Hay que agregar que las probabilidades de éxito aumentan si la videovigilancia es integrada con otras medidas de prevención; por ejemplo, las labores vigilancia natural que realizan los vecinos. Además no se puede olvidar que una campaña de comunicación dirigida a la ciudadanía, cuyos gastos deben de ser tomados seriamente en consideración, es condición indispensable para garantizar que esta medida de prevención sea sostenible en el tiempo.

En este sentido, no podemos pensar a la videovigilancia como una estrategia de prevención que se puede utilizar de manera indiscriminada como respuesta a una planificación urbana inadecuada. Solo es una medida útil cuando forma parte de un plan de seguridad general e integral capaz de tomar en cuenta todos los elementos del contexto ambiental.

* Gian Guido Nobili  es jefe del Área de Seguridad Ciudadana de la Región Emilia-Romagna y director del Foro Italiano para la Seguridad Urbana.

@InsydeMx

 

Bibliografía

Cohen, Lawrence E. y Marcus Felson (1979): “Social Change and Crime Rate Trends: A Routine Activity Approach”, en American Sociological Review, Vol. 44, No. 4, pp. 588-608.

Gill, Martin y Angela Spriggs (2005): Assessing the Impact of CCTV, Great Britain Home Office Research Development and Statistics Directorate, Londres.

Taylor, Emmeline y Martin Gill (2014). CCTV: “Reflections on its use, abuse and effectiveness”, en The handbook of security, Palgrave Macmillan, Londres, pp. pp. 705-726.

Welsh, Brandon C. y David P. Farrington (2008): Effects of Closed Circuit Television Surveillance (CCTV) in Reducing Crime, Campbell Systematic Reviews, Noruega.

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