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Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones: una estrategia fallida
A más de un año de implementada, lo que vemos en esta campaña es falta de planeación, justificación de la opresión y revictimización de las personas.
Por Julio Salazar y Guus Zwitser
28 de agosto, 2020
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El 5 de julio de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó la Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones (ENPA) Juntos por la Paz,1 con el objetivo primario de “prevenir y reducir el uso de sustancias psicoactivas con énfasis en niños, niñas y juventudes”. Pero a más de un año de la implementación de la estrategia y con la difusión de la campaña de comunicación en el mundo de las drogas no hay final feliz, en realidad lo que vemos en esta campaña es falta de planeación, justificación de la opresión y revictimización de las personas.

La ENPA se construye sobre tres pilares de acción: educación, salud y comunicación. A través del pilar de educación se pretende capacitar a maestros de escuelas públicas y padres de familia en la detección, prevención y canalización para el tratamiento de las adicciones. A su vez, el pilar de salud tiene el objetivo de mejorar los actuales sistemas de prevención, tratamiento y rehabilitación de las adicciones. Y el pilar de comunicación consta de una campaña masiva de información sobre la prevención del consumo de drogas y las opciones de tratamiento y rehabilitación.

Pero además de estos pilares, es importante recordar que la ENPA parte del diagnóstico en la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017,2 la cual sólo muestra las tendencias de consumo en la población, es decir, quien consume. Y con esto, también vale la pena mencionar que una de las primeras víctimas de la “austeridad republicana” fue el INEGI, al cual se le negó el presupuesto solicitado, lo que ocasionó la cancelación de 14 encuestas, entre las que se encontraba la Encuesta Nacional de Consumo de Sustancias Psicotrópicas.

Ésta habría permitido conocer a nivel nacional, la prevalencia del consumo de sustancias psicotrópicas, así como los factores de riesgo en los ámbitos familiar, comunitario y escolar o laboral, asociados al consumo de sustancias como alcohol, tabaco y otras sustancias, sobre todo en la población de 12 a 65 años. Es decir, podríamos haber conocido las razones por las que las personas inician el consumo de sustancias, como los factores que propician los consumos tempranos. Sin embargo, el ejecutivo federal consideró que no era necesario realizarla y esto propició una gran pérdida de información necesaria para su propia estrategia.

Por lo anterior y al analizar la campaña “en el mundo de las drogas no hay final feliz”, encontramos que la campaña carece de planeación y de un contenido digno que tenga impactos positivos en su objetivo. Por el contrario reproduce estereotipos peligrosos que discriminan a quienes tienen enfermedades mentales, a quienes tienen menos poder adquisitivo, y revictimiza a quienes fueron víctimas de violencia familiar, sexual y de la delincuencia organizada. Esta campaña trastoca categorías susceptibles de discriminación de forma poco responsable.

Ninguno de los videos presentados desde el 17 de marzo de 2020 es rescatable, incluso algunos de los spots justifican la tortura y el abuso policial por el consumo de sustancia, pero retomaremos este ejemplo en particular para señalar lo problemático y absurdo de esta campaña.

Transcripción del spot

(INICIA VIDEO: TESTIMONIOS)

VOZ HOMBRE: Es un gusto en uno, porque uno, ¿no?, porque uno no te dice: ‘Toma mota y te la vas a meter porque te la vas a meter’. Uno se la mete por gusto.

VOZ HOMBRE: Para ello no volver a ver esos golpes que mi papá le pegaba a mi mamá, yo preferí salirme de mi casa.

VOZ HOMBREMuchos han sido violados por sus padres cuando son niños y psicológicamente no han podido superar eso.

VOZ MUJER: Me quiero morir, me quiero morir constantemente.

VOZ DE HOMBRE: En el mundo de las drogas no hay final feliz.

VOZ DE MUJER: Estrategia Nacional para la Prevención de las Adicciones.

(FINALIZA VIDEO)

Es necesario analizar las afirmaciones de este diálogo por separado, pues el video aborda diferentes problemáticas sociales y pretende vincularlos con el consumo de drogas. En principio, se seleccionó como personajes de la historia a personas en situación de calle, lo que supone una correlación entre el consumo de sustancias y la pobreza. También presupone los problemas psicológicos y la violencia intrafamiliar como supuestos condicionantes y consecuencias del consumo de sustancias.

En el primer testimonio la frase “Uno se la mete por gusto”, pretende dejar claro que el consumo de sustancias está relacionado con los efectos placenteros que puede producir. Sin embargo, aquí hay que decir que no todo consumo es un consumo problemático.3

El segundo testimonio señala que una persona huyó de su casa para evitar la violencia intrafamiliar que sufrió: “Para ello no volver a ver esos golpes que mi papá le pegaba a mi mamá, yo preferí salirme de mi casa”. Esto no significa que el consumo de sustancia ocasione violencia familiar o que la violencia familiar sea una causa sine qua non para el consumo de drogas.4 Sin embargo, sí evidencia el fracaso del Estado en la prevención de violencia y protección de mujeres, niños, niñas y adolescentes.5

El tercer testimonio describe que personas que han sufrido violencia sexual, tienen implicaciones psicológicas que los orillan al consumo de drogas: Muchos han sido violados por sus padres cuando son niños y psicológicamente no han podido superar eso”. Esta es una conclusión demasiado simplista porque la violencia sexual no está relacionada necesariamente con el consumo de drogas, y las secuelas psicológicas tampoco.

En este discurso en el que los consumidores de drogas, se asume que éstos deben ser castigados porque cometen delitos, y porque viven fuera de la sociedad les quita el carácter de víctimas a quienes sufrieron violencia intrafamiliar y sexual. De tal forma, justifica y legitima el abandono social y estatal a las víctimas de violencia sexual, pues no existe sanción a los perpetradores, ni apoyo. Esto es claramente revictimización, sin contar las implicaciones que tiene en el desarrollo de políticas públicas para atender la violencia sexual.

Me quiero morir, me quiero morir constantemente”, es el cuarto testimonio que muestra a una persona con una probable depresión, pero que no necesariamente está vinculada con las drogas, pero sí con la falta de atención. Al igual que en el caso de la violencia sexual, el discurso de expulsar de la sociedad y desatender a los consumidores de drogas por ser delincuentes y no ser parte de la sociedad, afecta a las personas con problemas de salud mental. Así, se justifica sancionarlos, excluirlos y negarles tratamiento para sus padecimientos de salud.6

Todos estos problemas son reales y existen en México, pero no tienen relación con el consumo de drogas, y lo que sí hace este video (como la campaña misma) es hacer conjeturas o correlaciones que, además de carecer de evidencia, tienen un impacto gravísimo en la opinión pública, reforzando ideas erróneas sobre el consumo de drogas.

Esta campaña también justifica el abandono a las personas más necesitadas por razón de pobreza, estado de salud, y por ser víctimas del delito. Además, justifica la opresión y la revictimización de las personas. Sobra decir que este tipo de campañas no cumplen su objetivo principal: la prevención del consumo temprano de drogas.

En resumen, el acercamiento de la ENPA al uso de sustancias psicoactivas solamente refleja los prejuicios de actual gobierno contra este fenómeno. Y sin datos que describan el uso de drogas de una manera adecuada, no será posible diseñar estrategias que tengan un verdadero impacto sobre este uso tampoco.

Por esta razón, y con el objetivo de generar evidencia que permita prevenir el consumo temprano de drogas, México Unido Contra la Delincuencia está realizando la Encuesta Estatal sobre Riesgo y Protección para el Consumo de Drogas en Adolescentes, una investigación que busca identificar los factores de riesgo y protección prioritarios para el consumo adolescente de sustancias psicoactivas, y a la vez entender las dinámicas de este consumo para romper con el paradigma que considera el consumo de drogas como un fenómeno inherentemente problemático.

En las próximas semanas y en este mismo espacio, presentaremos algunos primeros hallazgos que nos ayudarán a entender este fenómeno y contrastarlos con la mala estrategia estatal.

* Julio Salazar es abogado en México Unido Contra la Delincuencia y Guus Zwitser es responsable de proyectos especiales.

 

 

1 Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones “Juntos por la paz”. Disponible aquí.

2 Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, disponible aquí.

3 La propia Organización Mundial de la Salud se ha pronunciado sobre especificar que las adicciones son trastornos complejos determinados por diferentes factores psicológicos, sociales, culturales y del entorno (Organización Mundial de la Salud y Organización Panamericana de la Salud, “Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas”, p. 248, disponible aquí.

4 No es posible sustentar que existe una causalidad entre el consumo de sustancia y la comisión de delitos, en “Uso de drogas y comportamiento criminal: ¿relación indirecta, directa o sin causa?”, Albery, McSweeney y Hough, llegan a la conclusión de que no existe vínculo causal, sin embargo, de acuerdo a los autores, la prevalencia de los usuarios de drogas entre las poblaciones penitenciarias se explica por la política de “guerra contra las drogas” de los gobiernos (Ian P. Albery et al. “Uso de drogas y comportamiento criminal: ¿relación indirecta, directa o sin causa?” Psicología forense: conceptos, debates y práctica. P. 140-156. 2004).

5 Un ejemplo claro lo podemos encontrar en “Estatus de la infancia. México: Análisis de la situación de los derechos de los niños y niñas privados del cuidado parental o en riesgo de perderlo” un informe realizado por la organización Aldeas Infantiles SOS que contabilizó 1.8 millones de niños mexicanos huérfanos en situación de vulnerabilidad frente al crimen organizado.

6 Dentro del informe de la Organización Mundial de la Salud “Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas”, reitera que una de las principales barreras para el tratamiento y la atención de toxicomanías son el estigma y la discriminación ( Organización Mundial de la Salud y Organización Panamericana de la Salud, “Neurociencia del consumo y dependencia de sustancias psicoactivas”, p. 248-249, disponible aquí.

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