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Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones: prohibicionista, prejuiciosa y estigmatizante
La persecución sin sentido pone en mayor vulnerabilidad a las personas adolescentes por un consumo que, aunque debe prevenirse, no es necesariamente problemático.
Por Guus Zwitser, Israel Álvarez y Julio Salazar
11 de septiembre, 2020
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Desde hace 20 años el uso de drogas ha mostrado una tendencia de aumento en México. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 (Villatoro-Velázquez et al., 2017), la proporción de la población mexicana que alguna vez en su vida ha consumido alguna droga (ilegal o médica) se duplicó del 5.0% en 2002 al 10.3% en 2016.

En el caso de la población adolescente de 12 a 17 años específicamente, el consumo de drogas se cuadruplicó del 1.6% en 2002, al 6.4% en 2016. Esta cifra corresponde a un universo de 911.5 mil personas adolescentes a nivel nacional que han usado alguna droga alguna vez en su vida; 888.9 mil de ellas han usado drogas ilegales1.

Tal como expusimos recientemente en este mismo blog, no es de esperar que la actual Estrategia Nacional de Prevención de Adicciones (ENPA)Juntos por la Paz” tenga un verdadero impacto sobre este uso, pues el gobierno federal continúa el discurso prohibicionista, prejuicioso y estigmatizante de sus antecesores y además, no parece preocuparse por la generación de datos que describan el uso de drogas de una manera adecuada.

Para contrastar esta información gubernamental, México Unido Contra la Delincuencia se encuentra realizando la Encuesta Estatal sobre Riesgo y Protección para el Consumo de Drogas en Adolescentes (ERPCoDA), con el objetivo de generar evidencia que permita prevenir el consumo temprano de drogas en 10 entidades federativas.2 Con esta encuesta buscamos identificar los factores de riesgo y protección prioritarios para el consumo de sustancias psicoactivas en la población adolescente (12–17 años) de cada una de estas entidades federativas.

A la vez, la encuesta también pretende generar información sobre las dinámicas de este consumo, pues no basta la conceptualización dicotómica entre la población abstemia a la que deben ofrecerse servicios que buscan inhibir el uso de sustancias y, la población usuaria a la que deben ofrecerse servicios de tratamiento. Por lo anterior, a continuación presentaremos algunos de los primeros resultados de la ERPCoDA relacionados a las dinámicas del consumo en nuestra población usuaria.

El objetivo de este primer análisis es, principalmente, describir nuestra muestra de adolescentes3 que alguna vez en su vida han usado drogas ilegales4 (n=521), qué variables estamos utilizando y cómo se comportan. En este sentido, aunque no son datos representativos, las respuestas de estas 521 personas adolescentes usuarias sí son indicativas de algunos problemas y riesgos que enfrentan y que no son tomados en cuenta en el discurso y práctica de la ENPA.

La siguiente imagen muestra las drogas analizadas en la ERPCoDA y las prevalencias correspondientes. Es decir, los resultados a la pregunta: ¿ha consumido alguna vez en la vida? En este sentido, el 38.73% de los adolescentes han consumido sustancias psicoactivas: el 37.14% ha consumido sustancias legales (alcohol y tabaco) y sólo el 12.75% ha consumido drogas ilegales.

Imagen 1. Prevalencia del consumo alguna vez en la vida de sustancias psicoactivas en jóvenes de 12 a 17 años

Así, es significativamente más prevalente el uso de sustancias legales que de ilegales. Las 5 sustancias más comúnmente usadas en esta población son el alcohol (35.20%), tabaco (18.16%), marihuana (8.71%), Inhalantes (3.08%) y metanfetamina (2.50%).

Por otro lado, al analizar el uso sostenido de las sustancias5 (ver Imagen 2), puede observarse que este tipo de uso es significativamente más común en el caso de drogas legales que en el caso de drogas ilegales. Sin embargo, al comparar la droga ilegal más consumida con las dos drogas legales por separado, vemos que sólo el uso sostenido en el año pasado del alcohol es significativamente más alto que el uso sostenido de marihuana.6 En este caso, vemos que sólo el uso sostenido del tabaco es significativamente más alto que el uso sostenido de la marihuana.

Imagen 2. Consumo sostenido de sustancias en jóvenes de 12 a 17 años. Las barras de error indican los intervalos de confianza del 95%

Estos resultados implican que, una vez que una persona adolecente ha probado alcohol o tabaco, es más propensa a seguir usándolos, que cualquier sustancia ilegal. Lo anterior sugiere que nuestra respuesta ante el consumo de drogas ilegales no necesariamente debe ser diferente que ante el consumo de drogas legales: aunque debe desalentarse el uso de sustancias en esta población, cuando sí se presenta un consumo el siguiente paso no necesariamente es el tratamiento forzoso.

En la siguiente imagen mostramos una característica clave de las dinámicas del consumo: el lugar o lugares en dónde suelen usarse las drogas. Llama la atención que el lugar preferido para usar drogas ilegales es la vía pública (30.4%); sólo el 8.0% suele usarlas en el espacio seguro de su propia casa. Por el contrario, el lugar más popular (42.1%) para consumir drogas legales es en un bar o fiesta, mientras que sólo el 15.1% suele usarlas en la vía pública.

Imagen 3. Lugares principales de consumo de drogas legales e ilegales

En esta otra imagen observamos que existe una relación entre ser consumidor de drogas ilegales y el lugar donde se suele consumir este tipo de sustancias7. Esta afirmación sugiere que no es casualidad que el lugar preferido para consumir drogas ilegales sea la vía pública, sino que existen factores que hacen que este consumo se dé allí, por ejemplo, porque no existen lugares privados suficientemente seguros para consumirlas o porque es el lugar donde se adquieren estas sustancias.

Por otra parte, no existe una asociación entre ser consumidor de drogas legales y el lugar donde se suele consumir estas sustancias8, lo que en este caso sugiere que el lugar de consumo no necesariamente tiene que ver con el estatus legal de estas sustancias, sino con otros factores. Si consideramos que el consumo de sustancias se da principalmente en la calle, debemos también repensar la forma en la que se persiguen las sustancias, y como se relacionan los adolescentes en el espacio público. Esto, porque la persecución sin sentido pone en mayor vulnerabilidad a las personas adolescentes por un consumo que, aunque debe prevenirse, no es necesariamente problemático.

Y es que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (Instituto Nacional de Estadística y Geografía, 2016)9, 75.6% de las personas sufrieron violencia psicológica al momento de su arresto; 58.3% fue incomunicada o aislada; 52.5% fue amenazada con levantarle cargos falsos, 63.8% sufrió algún tipo de agresión física; 59% recibió patadas o puñetazos; y 39% recibió golpes con algún objeto. Esto empeora cuando la detención está relacionada con drogas.

En este sentido, sacarlos de espacios públicos sólo los dejará más vulnerables en la clandestinidad. Es decir, las formas de “prevención” son tan agresivas que son más dañinas que un consumo que no es problemático. Lo anterior sugiere que se justifica un acercamiento a las drogas ilegales que por lo menos se parece más al que solemos tener hacia las drogas legales: aunque el uso de alcohol y tabaco por menores de edad es algo que pretendemos desalentar. Si cachamos a una persona adolescente al consumirlo, quizás podemos darle una regañiza, pero no la mandamos de inmediato a tratamiento.

Lo mismo aplica para drogas ilegales: si no logramos inhibir el consumo de estas sustancias, el próximo paso no debería de ser el tratamiento o la criminalización, sino alguna estrategia de reducción de riesgos y daños que justamente busque evitar que una persona joven usuaria de sustancias requiera tratamiento. Especialmente si consideramos que los tratamientos muchas veces se basan en actos de tortura y castigos10.

Si, para empezar, reconocemos que el consumo adolescente de sustancias ilegales no es inherentemente peor o un problema social más grande que el consumo adolescente de alcohol y tabaco, podemos evitar que la población joven usuaria de drogas se exponga a riesgos adicionales y evitables relacionados a la criminalización. Por ello, seguiremos con el levantamiento de información de la ERPCoDA, y una vez que hayamos concluido, compartiremos más hallazgos sobre la misma en este mismo espacio. Mientras tanto los invitamos a leer el análisis crítico que previamente hicimos a la ENPA.

* Guus Zwitser es coordinador de proyectos especiales, Israel Álvarez es investigador de proyectos especiales y Julio Salazar es abogado de México Unido Contra la Delincuencia.

 

 

 

1 Villatoro-Velázquez et al. (2017). Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017: Reporte de drogas. Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz.

2 Aguascalientes, Ciudad de México, Coahuila de Zaragoza, Durango, Guanajuato, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Quintana Roo y Yucatán.

3 La encuesta es diseñada para tener representatividad de la población general adolescente de 12 a 17 años a nivel estatal, y no de la población usuaria de sustancias. Además, queda pendiente terminar el levantamiento en los estados de Durango, Hidalgo y Morelos. El tamaño de la muestra total de personas adolescentes usuarias y no usuarias de drogas es de 4,085 casos.

4 El término ‘drogas ilegales’ se utiliza en este texto para contrarrestarlas con las drogas legales (alcohol y tabaco). Como puede observarse en la Imagen 1, el grupo de ‘drogas ilegales’ no sólo incluye drogas ilegales, sino también drogas médicas e incluso sustancias que se venden legalmente (inhalantes). En este sentido, un término más correcto —pero más largo— sería ‘sustancias no legalmente vendidas para el uso adulto y recreativo en seres humanos’. Además, dado que la venta del alcohol y tabaco a nuestra población objetivo también es ilegal, el término más correcto —pero también más largo— en este contexto sería ‘sustancias legalmente vendidas para el uso adulto y recreativo en seres humanos’.

5 El porcentaje de jóvenes que ha probado alguna vez una sustancia y que también la ha usado en el año o mes pasado.

6 Cabe decir que esta cifra también incluye una parte desconocida —pero posiblemente importante— de jóvenes que empezaron a usar estas sustancias en el año anterior a la encuesta (incidencia anual), lo que entonces no necesariamente implica un consumo prolongado. En este sentido, el uso sostenido en el mes pasado es una medida un poco más precisa.

7 De acuerdo a la Prueba chi-cuadrado de Pearson; p=0.001, se considera que la relación entre ser consumidor de drogas ilegales y el lugar donde se suele consumir es estadísticamente significativa.

8 De acuerdo a la Prueba chi-cuadrado de Pearson; p=0.171, se considera que la relación entre ser consumidor de sustancias legales y el lugar donde se suelen consumir no es estadísticamente significativa.

9 Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (2016). Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2016.

París Pombo, M. A., Pérez Floriano, L. R., & Medrano Villalobos, G. (2010). Estigma y discriminación hacia las y los usuarios de drogas y sus familiares. Documento de Trabajo No. E­05­2009. Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

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