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Violencias contra las mujeres: ¿por qué solo vemos la punta del iceberg?
Si con los datos que tenemos el problema de las violencias contra las mujeres nos parece alarmante, la realidad es mucho peor pues solo alcanzamos a ver la “punta del iceberg” sin reparar que el número de mujeres que sufren violencia no letal es mucho, mucho mayor.
Por Daniela Osorio
18 de mayo, 2021
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La violencia que sufrimos las mujeres no se limita a su forma más extrema: la letal. Es cierto que de enero a marzo de 2021 fueron asesinadas en México 954 mujeres. Sin embargo, no es anecdótico que durante ese mismo trimestre 2,361 mujeres fueran víctimas de algún delito contra la libertad personal, 1,303 más fueran extorsionadas y 14,368 lesionadas de forma dolosa 1. De hecho, este recuento podría ir todavía más lejos si no fuera por la falta de transparencia del sistema oficial de registro de los delitos.

A la violencia no letal contra las mujeres debemos sumarle la cifra negra de delitos no denunciados, además de la constante negativa de las autoridades al desglosar por sexo varias categorías de delitos que nos afectan particularmente, como los delitos sexuales (cf. CEAV, 2016) y la violencia familiar (cf. Marcela Guerra, 2020). En este contexto vale la pena reflexionar que si con los datos que tenemos el problema de las violencias contra las mujeres nos parece alarmante, la realidad es mucho peor pues solo alcanzamos a ver la “punta del iceberg” sin reparar que el número de mujeres que sufren violencia no letal es mucho, mucho mayor 2.

¿Pero cómo saberlo? Sin duda no es sencillo, pero para conocer mejor algunos de los tipos de violencia no letal que enfrentamos las mujeres y poder así determinar su magnitud, en MUCD exploramos la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. ¿Por qué? Porque ésta recoge información sobre experiencias victimizantes y percepciones de inseguridad entre mujeres de todas las edades y para periodos relativamente cortos (cada tres meses), lo que nos permite observar formas de violencia que no necesariamente pasan el primer filtro del sistema de procuración de justicia (la denuncia). Además, volteamos a ella por ser una herramienta complementaria a los registros administrativos sobre la victimización de mujeres que ofrece el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SENSP).

Entonces ¿qué nos dicen estos datos? Si analizamos las últimas dos ediciones de la ENSU, encontramos que sus números nos permiten identificar al menos tres particularidades respecto a los tipos de violencias ejercidas contra las mujeres y a su percepción de inseguridad. La primera es que la percepción de inseguridad de las mujeres es independiente a la de los hombres y mejora o empeora en momentos distintos a los que lo hace para ellos. La segunda es que las mujeres se sienten más inseguras que los hombres (y que el promedio de la población en general) porque sufren agresiones distintas a las que soportan los varones, tanto en el espacio público como en el privado. Y la tercera, es que la magnitud de la victimización femenina es mucho mayor a lo que conocemos gracias a las mediciones oficiales sobre “incidencia delictiva”, debido a que la mayoría de los delitos o violencias que enfrentan no son denunciados e investigados por la autoridad.

Pero veamos cada una de estas diferencias de manera más detallada. ¿Qué significa que la percepción de inseguridad de las mujeres sea independiente de la de los hombres y no aumente o disminuya al mismo tiempo que la de ellos? La ENSU nos dice que en el primer trimestre de 2021 el porcentaje de mujeres que consideramos que vivir en nuestra ciudad es inseguro fue el 71%, mientras que el de los hombres fue de 60.9%. Ahora bien, si observamos la percepción de inseguridad desde el primer levantamiento 3 hasta ahora, la encuesta revela que el momento en el que las mujeres nos sentimos más seguras fue septiembre de 2014, no en marzo de 2021 como ocurre con los hombres y el promedio de la población general. ¿Qué lo explica? Nuestra principal hipótesis apunta al efecto de la pandemia que, si bien liberó a muchos hombres de la victimización ejercida contra ellos en el espacio público, a las mujeres las encerró con sus victimarios.

Sobre la segunda particularidad, encontramos que, a diferencia de los hombres, las mujeres sufren más violencias no letales en el espacio público, tanto en número de episodios victimizantes como en tipo de violencia ejercida. Los datos sobre experiencias de violencia reportados en la ENSU de diciembre de 2020 destacan, por ejemplo, que el 21.6% de las mujeres urbanas del país fuimos víctimas de alguna situación de acoso y/o violencia sexual en lugares públicos, contra 5.7% de los hombres. Además, destaca que violencias como la intimidación sexual o el abuso sexual se ejercen mucho más frecuentemente contra las mujeres que contra los hombres (20.1% de las mujeres contra 4.8% de los hombres en el primer caso; 6.1% de las mujeres contra 1.4% de hombres en el segundo) y que, como se observa en la siguiente gráfica, las mujeres son las víctimas principales de todos los tipos de violencia sexual 4.

Sobre la tercera característica, y al contrastar los datos oficiales sobre delitos reportados por el SESNSP 5 contra las estimaciones sobre victimización que provienen de la ENSU, encontramos que en delitos sexuales, por ejemplo, la diferencia entre la “incidencia delictiva” registrada por el primero y lo captado por la segunda es abismal. Tan solo durante el segundo semestre de 2020 observamos que, mientras que el Secretariado reportaba 11,714 carpetas de investigación iniciadas por delitos contra la libertad y la seguridad sexual 6, la ENSU estimó que 5,902,915 personas mayores de edad enfrentaron alguna situación de acoso personal y/o violencia sexual 7 en lugares públicos (de las cuales, 4,822,486 eran mujeres). 8

Con la revisión de este instrumento es posible concluir que, aunque en la discusión pública sobre violencia contra las mujeres los asesinatos o feminicidios acaparan la atención política y mediática por su gravedad, este tipo de violencia extrema es la punta de un iceberg mucho más grande; uno que incluye otras formas de agresión que pueden ser más difíciles de monitorear por las bajas tasas de denuncia y escasez de datos desagregados por sexo. Por eso es fundamental no limitarnos al análisis de los fenómenos captados por el sistema de procuración de justicia (datos del SESNSP) e incluir en nuestros análisis los datos arrojados por encuestas confiables como la ENSU, que captan hechos de violencia y percepciones que no necesariamente fueron registradas por las autoridades. Para reducir la violencia contra las mujeres, necesitamos dejar de navegar a ciegas y apoyar el desarrollo de todos los mecanismos que generan información sobre el 99.8% de los fenómenos que no son captados por el sistema de procuración de justicia.

* Daniela Osorio es socióloga por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigadora en México Unido Contra la Delincuencia.

 

 

 

1 Entre las categorías de delitos que el SESNSP registra con desglose por sexo de las víctimas, los delitos contra la libertad personal son una de las que presentaron mayor proporción de víctimas mujeres entre enero y marzo de 2021 (41% a nivel nacional). A modo de comparación, durante ese mismo periodo, las víctimas mujeres representaron 35.6% de los casos registrados de lesiones dolosas, 34.5% de las extorsiones y 11% de los homicidios dolosos y feminicidios.

2 Es de suma importancia entender que existen diversas formas de violencia contra la mujer y buscar qué otras fuentes de información nos pueden permitir medirlas y monitorearlas. La Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), por ejemplo, distingue cinco tipos de violencia contra las mujeres: la psicológica, la física, la patrimonial, la económica y la sexual.

3 En septiembre de 2013.

4 Un hallazgo que también presentaba el “Diagnóstico cuantitativo sobre la atención de la violencia sexual en México” de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV), en 2016.

5 Las cifras publicadas a nivel municipal por el SESNSP corresponden solamente a los delitos que llegaron al conocimiento de un agente del Ministerio Público (a través de una denuncia, querella o del inicio de una investigación de oficio) y derivaron en el inicio de una carpeta de investigación.

6 Total reportado por el SESNSP en las ciudades que conforman la muestra de la ENSU, en la que se incluyen: abuso sexual, acoso sexual, hostigamiento sexual, violación simple, violación equiparada, incesto y otros delitos que atentan contra la libertad y la seguridad sexual.

7 Incluyen: intimidación sexual, abuso sexual, acoso sexual/hostigamiento sexual y violación e intento de violación.

8 Aunque por la falta de desagregación de los datos del SESNSP, no sabemos cuántas víctimas contienen las investigaciones iniciadas ni cuántas de ellas somos mujeres, lo que indican estas cifras es que el SESNSP (es decir, el sistema oficial de registro de la “incidencia delictiva”) capta menos de 0.2% de los casos de violencia sexual y por lo tanto tiene que complementarse con otras fuentes de información.

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