Colección de espacios - Animal Político
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Semillero de Ciencia
Por Andrea Bizberg
Consultora y analista en políticas ambientales. Es maestra en Políticas Ambientales por Scien... Consultora y analista en políticas ambientales. Es maestra en Políticas Ambientales por Sciences Po y en Ciencias Ambientales por la Universidad Pierre et Marie Curie, Paris VI. Ha trabajado para The Economist Intelligence Unit, la Universidad de Harvard, entre otras instituciones, en políticas públicas sobre temas de movilidad, transición energética, calidad del aire y agricultura. (Leer más)
Colección de espacios
Con esta pandemia, se ha tomado plena conciencia de los espacios; se ha visibilizado su importancia y nos esforzamos por hacerlos más vivibles, más cálidos.
Por Andrea Bizberg
26 de mayo, 2020
Comparte

Me levanto temprano para escribir.

Es el mejor momento.

Las casas están dormidas, las familias aún no toman consciencia de que un nuevo día inicia. Los espacios llevan su propio ritmo; crujen, suspiran, se lamentan y sonríen, sin nosotros entrometiéndonos en su camino, apagando sus diálogos. Estos tenues sonidos se entremezclan con el despertar de los pájaros, con el zumbido de los enormes abejorros hambrientos que se abalanzan sobre las flores aún cubiertas de rocío. Las habitaciones aún no se han llenado de los miedos de las personas, de su espera angustiosa, a ratos desesperada; todavía no absorben sus cargas emocionales.

En esta pandemia, los espacios se han modificado, se han llenado o vaciado de contenido. La hija recién independizada regresa al nido familiar; reconquista su cuarto de infancia, abandonado, y lo llena de su nueva esencia. De sus miedos, deseos; pérdidas también. Poco a poco, va cambiando su entorno, detalles imprescriptibles para los demás pero que la delatan. Porque los espacios son recuerdos y hay cosas que ella prefiere olvidar. Voltea fotos, esconde libros, cambia de lugar ciertos objetos. Va moldeando su espacio a la persona que es hoy. Trata de sentirse en casa.

El departamento de los roomies también se ha modificado. Se vacía de sus humanos, que poco a poco también, van regresando a casa de sus padres. Porque esa casa también es refugio. Ya no son sus espacios, pero saben que siempre serán sus casas.

En otros casos, el abuelo también regresa a casa de los hijos. Él no ha crecido ahí, es un extraño, ajeno al espacio y a sus rutinas. Se siente un invasor, pero la familia ha insistido en que estará mejor. Y quizás lo esté, pero por lo pronto, no encuentra el sacacorchos para servirse una copa de vino. Cuando se levanta en medio de la noche para ir al baño, cae en la cuenta que éste se ha movido de lugar. Modificaciones infinitesimales que perturban su existencia; parecen insignificantes, pero hacen toda la diferencia. No es su casa. Pero, en estos momentos excepcionales, la familia es quizás más importante que el espacio.

Las habitaciones se sobrecargan, las tensiones surgen, los nervios están a flor de piel. La tristeza, también, es latente. Estos cuerpos que tienen ganas de salir tratan de inventar nuevos espacios; de ocuparlos en toda su plenitud. Exploran los recónditos más alejados para conservar, también, la sana distancia con sus familiares; esta vez, con tal de preservar la salud mental.

Se crean nuevas dinámicas. Se toma plena conciencia de los espacios; con esta pandemia, se ha visibilizado su importancia y nos esforzamos por hacerlos más vivibles, más cálidos. Estamos en busca de espacios olvidados y extraños, que nos brinden una sensación de cambio. Los más afortunados trabajan bajo un árbol.

Se ha recuperado el jardín trasero, inutilizado por años. Ahora tiene una mesa para desayunar. Ese espacio abandonado, ignorado y menospreciado ha tomado vida durante el confinamiento. Florece. Se ha convertido en el lugar más importante de la casa porque da una sensación de libertad.

Yo regreso a cosas que antes consideraba inútiles, una verdadera pérdida de tiempo. Reaprendo a observar, a desacelerar. Ahora puedo dar cátedra sobre los modus operandi de las tórtolas y los gorriones. Las primeras absorben las semillas cual aspiradoras, son unas atascadas y se niegan a dejar algo para los demás; los gorriones, en cambio, las elijen cuidadosamente y les quitan las cáscaras. Son más miedosos también, aún no se han acostumbrado a los humanos que han invadido su territorio. Preferirían estar solos; la tórtola atropella mi pie impunemente.

Descubro un jardín que es en realidad un huerto en potencia. Las malas hierbas y plantas desconocidas ahora tienen nombre y son futuros árboles de papayas, aguacates y mangos; producto de la suerte, la composta, y una buena mano. Todos los días, religiosamente, observo el insecto no identificado que ha elegido al olivo como hogar. No parece moverse mucho, lleva indolentemente su vida inútil en la misma hoja. A veces pienso que es un reflejo de nosotros a escala miniatura. Siempre en el mismo lugar.

La verdad es que podría perderme en esos 5 m2 de jardín.

Una ráfaga de sirenas rasga el silencio; las ambulancias pasan a toda velocidad. Me devuelven a la realidad. Me recuerdan por qué estamos así, por qué nos hemos visto en la necesidad de invadir nuevos espacios. Me viene a la mente otra dolorosa realidad: para muchas, la casa no es un refugio sino una prisión. En México, las llamadas por violencia de género se han incrementado a partir del mes de febrero de 2020 en 110% comparado con febrero de 2019; para marzo el incremento ya era de 191% y para abril de 210%.

Cuando salgamos del confinamiento algo habrá cambiado. Para bien o para mal inicia una nueva época. Me niego a ponerle cualquier tipo de calificativo. Quisiera pensar que serán tiempos más conscientes y humanos, pero la verdad es que no estoy segura, quizás ni siquiera lo crea realmente. Lo único certero es que los espacios se irán drenando de personas, ahora en dirección opuesta. Las fuerzas se recompensarán; cada quien reintegrará sus hogares, o al menos, sus espacios. Nuevas vidas en perspectiva, quizás, o por lo menos, alguno que otro aprendizaje.

Por lo pronto, el olor a pan recién hecho me indica que ya es hora de desayunar.

@andreabizberg

Ciudad de México, 16 de mayo de 2020-Día 63 de confinamiento.

 

Esta reflexión nace a raíz del proyecto de la arquitecta mexicana, Paulina Sevilla. Busca capturar, a través del testimonio de personas de todas partes del mundo, la manera en que vivimos los espacios durante el confinamiento y cómo ha cambiado nuestra relación a ellos. Documentar la manera en que ocupamos y percibimos los espacios, especialmente en tiempos de crisis, le permitirá imaginar y crear nuevos y mejores espacios domésticos.

Si están interesados en participar, no duden en escribirle a [email protected] o de visitar su cuenta de IG.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Comparte
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.