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Semillero de Ciencia
Por Andrea Bizberg
Consultora y analista en políticas ambientales. Es maestra en Políticas Ambientales por Scien... Consultora y analista en políticas ambientales. Es maestra en Políticas Ambientales por Sciences Po y en Ciencias Ambientales por la Universidad Pierre et Marie Curie, Paris VI. Ha trabajado para The Economist Intelligence Unit, la Universidad de Harvard, entre otras instituciones, en políticas públicas sobre temas de movilidad, transición energética, calidad del aire y agricultura. (Leer más)
Informalidad, base de la pobreza y la desigualdad
A pesar de la imagen negativa que llevan pegada a la piel, los informales llegan a rendir grandes servicios a la ciudadanía y también al medio ambiente.
Por Andrea Bizberg
21 de junio, 2018
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Los mexicanos podemos pasarnos días sin incursionar en la economía formal. Aceptémoslo, la informalidad nos ofrece tal variedad de productos a cada vuelta de esquina que resulta muy conveniente recurrir a estos micro consumos. El supermercado parece estar reservado a cuando sea estrictamente necesario –es mi hipótesis más plausible a los carritos llenos a reventar vistos con frecuencia en los supermercados-.

Este comportamiento es sumamente coherente y racional si tomamos en cuenta que en 2016, el 57% de la población mexicana trabajaba en el sector informal. De ahí que este mercado cumpla con nuestras exigencias más estrafalarias. La informalidad pasó a formar parte de nuestra cotidianidad -y comodidad- y sin embargo, los informales siguen sin estar incluidos a la ciudad y sociedad. Son aquellos que “no pagan impuestos”, “acaparan el espacio público”, “ofrecen alimentos de dudosa procedencia y deplorables condiciones higiénicas”. Son también aquellos que son desalojados por las fuerzas del orden, que son extorsionados o que ven sus mercancías confiscadas.

A pesar de la imagen negativa que llevan pegada a la piel, los informales llegan a rendir grandes servicios a la ciudadanía y también al medio ambiente. Los vendedores ambulantes de frutas y verduras son un gran ejemplo de cómo lograr una mejor planeación urbana: se localizan en zonas concurridas y ayudan a diversificar las actividades del barrio sin recurrir a más infraestructura física. Y es que, para una zona residencial con el supermercado más cercano ubicado a varios kilómetros, los puestos ambulantes son una alternativa atractiva; ayudan a acortar distancias y hasta logran evitar el uso del coche. Por otro lado, este consumo a pequeña escala favorece una economía circular y local, contrariamente a los supermercados que imponen una agricultura industrial y ofrecen a los campesinos bajísimas compensaciones por sus productos. Finalmente, la diferencia es abismal si nos ponemos a hablar de sabor -y no soy la única en afirmarlo; el gran chef, Enrique Olvera se lo mencionó a Gabriela Warkentin- las frutas y verduras del supermercado se antojan insípidas si las comparamos con los productos traídos directo de las milpas y vendidos en los mercados…

Si tocamos el tema de los pepenadores, otro de los grandes grupos de informales, la imagen peyorativa se acentúa y degrada un poco más. Y es que, a pesar de seleccionar minuciosamente los materiales por reciclar -y así brindar servicios que en teoría deberían estar a cargo del gobierno- no reciben más que alienación, desprecio, deplorables condiciones de higiene y explotación por parte de grupos poderosos. De acuerdo con un estudio del 2006 realizado en Pune, India; Lima, Perú; Cluj-Napoca, Rumania; Lusaka, Zambia; Quezon, Filipinas, y Cairo, Egipto se demostró que son más de 70,000 personas y sus familias las que trabajan como pepenadores y reciclan alrededor de 3 millones de toneladas de basura al año.

En México, la respuesta del gobierno frente a los informales siempre ha sido una de estigmatización y evicción del espacio público y relocalización en espacios alternos. Rara vez hay espacio para diálogo, ya no se hable de negociación. Y sin embargo, los candidatos a la presidencia prometen reducir la pobreza y desigualdad. Me pregunto cómo se logra esta hazaña si se sigue excluyendo al grueso de nuestra fuerza de trabajo, si los candidatos ni siquiera mencionan a los informales. En países como Argentina o Colombia, el debate se está abriendo y la situación está cambiando para estos grupos vulnerables. Los pepenadores están recibiendo infraestructura para poder seleccionar y acumular los desechos; cuentan con vehículos para el transporte de escombros, y pueden ganar contratos gubernamentales para el manejo de los desechos.

En un país como México, en donde los atropellos a los derechos humanos de los informales son comparables a los que ocurren en países como Ruanda y China, el primer paso es reconocer sus contribuciones a la ciudad y empezar por admitir como nos facilitan exponencialmente la vida.

 

@andreabizberg

 

Fuente principal:

Chen, M.A., and V.A. Beard. 2018. “Including the Excluded: Supporting Informal Workers for More Equal and Productive Cities in the Global South”. Working Paper. Washington, DC: World Resources Institute. Disponible aquí.

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