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Ciudadanía 2.0: Cómo dar buen uso a nuestros impuestos
Los daneses, con una de las tasas impositivas más altas del mundo, pagan sus impuestos y sin protestar porque reciben a cambio uno de los mejores sistemas de educación pública del mundo, cobertura universal del sistema de salud y en general un estado de derecho sólido que los protege. En comparación, se entiende por qué en México pagar impuestos es todo un tema.
Por IMCO
7 de noviembre, 2013
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Por: Carlos Grandet

La semana pasada despertamos con la noticia que oficialmente el próximo año existirían más impuestos. La discusión de casi un mes sobre las nuevas disposiciones fiscales motivó el rechazo de muchos grupos y una actividad ciudadana inusual para tiempos no electorales. Después de todo a nadie le gusta pagar impuestos. No sólo eso, a todos nos duele ver como una parte de nuestros ingresos se esfuma mes con mes. Ahí está la clave, se esfuma. La aprobación de esta reforma fiscal debería servir para preguntarnos hasta qué punto el problema está en pagar impuestos o en lo que poco que recibimos a cambio de ellos.

Me explico. Dinamarca tiene una de las tasas más altas de impuestos, 6 de cada 10 coronas que generan los individuos más adinerados se va al erario público. Sin embargo, 66% de los daneses reportan estar conformes con la tasa de impuestos. La razón es sencilla. En el país escandinavo los impuestos son usados para beneficiar a la ciudadanía. Dinamarca resulta ser un país con uno de los mejores sistemas de educación pública del mundo, con cobertura universal del sistema de salud y, en general, un estado de derecho sólido que protege a los ciudadanos. En resumidas cuentas, los impuestos son destinados a fines muy claros y tangibles.

En México, por el contrario tenemos un sistema público de educación y salud con severas limitaciones. Además, contamos con una de las democracias más caras a nivel mundial, que tiene el cuarto congreso más oneroso entre 129 países (sólo detrás de Estados Unidos, Nigeria y Japón). Nuestros impuestos sí pagan algunos servicios públicos, pero también pagan casas en el extranjero y programas populistas. Las autoridades mexicanas  han sido constantemente señaladas por desperdiciar los recursos públicos, ya sea por escándalos de corrupción, o simplemente por financiar proyectos poco efectivos. Diversos estudios del IMCO – en materia de contrataciones públicas, transparencia presupuestal, fiscalización superior, información sobre recursos para la seguridad pública– muestran que la transparencia y rendición de cuentas del gasto público es una asignatura pendiente del gobierno con sus ciudadanos.

Ante este panorama, a quién le gustaría pagar impuestos. Es necesario que las autoridades no olviden que para que una reforma fiscal sea viable, hace falta una mayor reciprocidad. Es un principio básico, los ciudadanos merecemos saber cuál será el beneficio de aumentar nuestra contribución, es decir, qué vamos a obtener a cambio.  El problema se encuentra en cómo lograrlo. Un modo es encontrar mecanismos para que las autoridades se comprometan a hacer un buen uso de los recursos públicos. Para lograrlo podríamos aprovechar el hecho de que vivimos en un mundo en que, quizá como nunca antes, la difusión de la información es fácil y casi inmediata.

Las tecnologías de la información deberían ser puestas al servicio de un mejor ejercicio de nuestros impuestos. Llamemos ciudadanía 2.0 a la tendencia que busca una ciudadanía que no solamente está informada, sino que también aprovecha las herramientas tecnológicas y cuenta con mecanismos para dar seguimiento.  Lograr esto requiere un cambio en el paradigma de cómo el gobierno dispone su información. No basta con poner un documento en formato pdf escondido en un sitio web y llamar a eso transparencia, hay que darle a la ciudadanía todas las herramientas posibles: sitios interactivos, bases de datos exportables, comunicación directa con autoridades.

Algunos gobiernos del mundo han entrado de lleno a esta nueva tendencia. En Palo Alto, California, uno de los polos de innovación tecnológica, el gobierno cuenta con un sitio web en el que puedes analizar el presupuesto de los últimos 5 años a través de una herramienta interactiva y exportar los datos para analizarlos y utilizarlos del modo en que más te convenga. No muy lejos de ahí, en Oakland, la página del presupuesto muestra en una gráfica  interactiva cómo se asigna el presupuesto y también permite que los ciudadanos planteen dudas respecto al presupuesto que son respondidas por un funcionario público.

En México podríamos hacer buen uso de ideas similares. El presupuesto de egresos es la principal fuente de información sobre la intención de uso de los recursos públicos. Desgraciadamente, en México existe una amplia heterogeneidad de práctica para divulgar este documento. Algunos estados y municipios ni siquiera divulgan salarios a funcionarios de alto y medio nivel. Además, incluso a nivel federal, dónde el presupuesto está cuidadosamente desglosado, la información disponible es poco manejable e interactiva. El Presupuesto de Egresos de la Federación se encuentra en un formato que no informa en un modo claro, ni mucho menos, permite analizar ni interactuar con los datos. Los invito a hacer el ejercicio, métanse al Presupuesto de Egresos (aquí) para determinar la facilidad de analizar  el gasto en un programa para varios años, después compárenlo con los ejemplos de Palo Alto y Oakland. Ahora piensen que el presupuesto federal es de las mejores prácticas del país. En estas condiciones es verdaderamente difícil dar seguimiento al uso de nuestros impuestos.

Lograr una rendición de cuentas efectiva que se refleje, entre otras cosas, en un mejor uso de los recursos públicos requiere muchas mejoras al diseño institucional y cambios de paradigmas. No es un proceso sencillo, pero un paso hacia adelante sería dar un uso más intensivo a la tecnología. Los sitios web de los gobiernos ya existen, sólo falta que exista una política de Estado encaminada a convertirlos en  herramientas verdaderamente útiles para la ciudadanía. Tal vez así, en algún punto, nuestras preocupaciones y ocupaciones se centren en cómo utilizar mejor los recursos que le damos al gobierno y no en cómo dejar de pagar impuestos.

ciudadania 2.0

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