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COP27: ¿hacia una mejor gobernanza climática?
Para lograr un cambio de rumbo significativo hace falta un mecanismo para financiar la reducción de emisiones en los países en desarrollo y trabajar con países que no muestran un interés por reducir significativamente sus emisiones, como México.
Por Sandra López y Oscar Ocampo
24 de noviembre, 2022
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La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) reunió a más de 197 países en la localidad egipcia de Sharm el-Sheikh sin alcanzar acuerdos ambiciosos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Limitar el calentamiento global a menos de 1.5 grados celsius por encima de los niveles preindustriales será una meta difícil de alcanzar con los compromisos actuales de los países.

El nudo gordiano del debate es -y seguirá siendo- el financiamiento para los países en desarrollo. A pesar del anuncio de la creación de un fondo específico para pérdidas y daños para los países emergentes de 3.1 mil millones de dólares, así como nuevos compromisos por un total de 230 millones de dólares, que contribuirán al Fondo de Adaptación al Cambio Climático -lanzado en 2007 para proyectos que reduzcan efectos adversos del aumento de temperatura-, este monto es insuficiente para lograr un cambio de rumbo significativo.

El hecho de reunir a tomadores de decisiones de todo el mundo para debatir y deliberar sobre el futuro climático es en sí mismo una buena noticia, así como los avances hacia una mayor cooperación. Ejemplo de ello es la publicación del “Plan de implementación de Sharm el-Sheikh” para promover la transformación a economías bajas en emisiones de carbón con inversiones de 4 a 6 mil millones de dólares anuales (sin un camino puntual para su implementación). Además, se describió la hoja de ruta para la reducción de emisiones de metano, así como las plataformas para la “Acción Climática Mundial de la COP27”, donde actores estatales y no estatales podrán reportar sus propuestas  climáticas. La oportunidad para avanzar en la adopción de medidas concretas para hacer frente al calentamiento global es clara.

No obstante, esto no es suficiente. Queda pendiente el establecimiento de un mecanismo de financiamiento con la capitalización suficiente y reglas claras para ejercer esos recursos, que permitan financiar la reducción de emisiones en los países en desarrollo.

El segundo reto central está en los países que no muestran un interés por reducir significativamente sus emisiones. Este, desafortunadamente, es el caso de México. El país aumentó su nivel de ambición en reducción de emisiones de 22% a 35%, pero no mostró una ruta crítica creíble que permita alcanzar esta meta.

Todo lo contrario, pues las políticas públicas en materia energética y ambiental no se dirigen hacia la descarbonización, sino que parecen reafirmar la apuesta por anclar el país a los hidrocarburos. Aunque el país anunció la intención de generar el 35% de su energía a partir de fuentes bajas en carbono, se mantiene la cerrazón a la inversión privada en el mercado eléctrico y no se ofrecen detalles de los planes de inversión de la Comisión Federal de Electricidad.

Adicionalmente se pretende que el 50% de las ventas de vehículos ligeros sean de cero emisiones en 2030, pero sin una expansión significativa de la matriz de generación eléctrica baja en carbono esto no será posible. Un tercer pilar de las propuestas de México es el programa de reforestación Sembrando Vida, donde al cierre del primer año de implementación únicamente el 7% de los árboles sobrevivieron y enfrenta problemas por falta de acceso a recursos para los campesinos.

El cambio climático es el problema de acción colectiva más importante que enfrenta la humanidad. Desde que se firmó el Acuerdo de París, los países progresivamente han ido jugando un papel más activo, donde los gobiernos ocupan un lugar central, pero también otros actores como empresas, instituciones financieras y organizaciones no gubernamentales, entre otros. No obstante, se requiere mayor esfuerzo dentro del ámbito de sus competencias.

En el fondo, ese será el gran reto de la COP28 en Emiratos Árabes Unidos en noviembre de 2023 y de la reunión en París unos meses antes, que se programó para resolver el vacío que ha quedado durante esta COP. Estos vacíos exhiben la falta de mecanismos internacionales de gobernanza climática. Difícilmente las actuales propuestas se reflejarán en limitar el incremento de la temperatura a 1.5 grados.

* Sandra López (@San_dy18) es investigadora y Oscar Ocampo (@OscarOcampo) es coordinador de energía en el IMCO.

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