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¿Empleo o productividad?
Por IMCO
27 de enero, 2011
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Por: Manuel J. Molano (@mjmolano @imcomx)

Quienes hayan leído mis contribuciones a este blog, saben que una fuente de inspiración de las mismas es la revista inglesa The Economist. Sin duda esa revista, que se publica desde mediados del Siglo XIX, cumple bien su misión de ofrecer información para que la sociedad global avance en contra de la ignorancia. El número del 22 de enero trata el tema de la desigualdad, y es lectura obligada para entender ese fenómeno como consecuencia de un conjunto grande de distorsiones en la economía global.

La última página de la publicación usualmente ofrece estadísticas estilizadas de distintas cosas. Esta semana, hay un gráfico interesante sobre la productividad laboral, muy a tono con el tema de desigualdad que tratan en este número.

En el gráfico, Azerbaijan y China muestran incrementos de la productividad del trabajo (medida a través del crecimiento del PIB por empleado entre 2005 y 2010) de 13.5 y 10%, respectivamente. La productividad del trabajo creció un 3% en promedio en el mundo desarrollado. Brasil muestra un crecimiento del 2% en el rubro. México, tristemente, muestra un incremento cero en la productividad del trabajo.

No me malinterprete. Eso no implica que la economía mexicana sea improductiva. De hecho, la productividad total de los factores es más alta en México que en China, según datos de UNIDO, la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. Lo malo es que por allá la productividad total de los factores está creciendo, y aquí no. Pero todavía les llevamos ventaja. Los datos que mencioné de The Economist vienen del Conference Board de los Estados Unidos, y a pesar del nulo incremento de la productividad del trabajo, el indicador líder del Conference Board indica que la productividad general de la economía mexicana subió un 1.5% en octubre del año pasado, con respecto al mes anterior, y que aumentó en los cuatro meses anteriores.

Aclarado lo anterior, sigamos cortándonos las venas por la productividad laboral. ¿Por qué no sube la productividad del trabajo en México? ¿Cuál es la explicación si hoy hay Internet, teléfonos inteligentes, computadoras, máquinas automatizadas, herramientas sofisticadas? Todas estas cosas que usamos para trabajar deberían estar haciéndonos más productivos. No hay una respuesta definitiva. Tratemos de armarla paso a paso.

1. Las herramientas del Siglo XXI no son las adecuadas para hacer productiva a gente con poco capital humano, como es el caso mexicano. Un buen amigo que trabaja para las empresas de telecomunicaciones en el suroeste mexicano, me cuenta que la gente en la sierra de Oaxaca tiene teléfonos inteligentes, pero no los usa para cosas que eleven su productividad: los usa para ver fotos de sus parientes que viven en Estados Unidos. En un ejemplo más prosaico, hoy en día la conectividad de red en México se usa –en gran medida – para piratear música, ver pornografía, y subir a la red videos de bullying captados con la cámara del celular, así como interactuar en las redes sociales. Si bien esto último puede considerarse un uso productivo, también mucha de la interacción puede ser un obstáculo a la productividad, si el Facebook nos recorta el tiempo para chambear.

Probablemente si tiramos computadoras portátiles de última generación en la franja inexplorada de la selva amazónica, la gente que las recoja las utilice como metate, molcajete o arma contundente. Sé que estoy llevando el ejemplo al extremo, pero un poco es lo que nos está pasando. Necesitamos ir un paso atrás: explicarle a la gente por qué es importante ser productivo y cómo utilizar las herramientas de la vida moderna para ese fin.

2. Nuestro mercado de trabajo está distorsionado. Por proteger los derechos laborales de unos cuantos, hemos dejado desamparados a millones. Más aún, la  prioridad de dar empleos (sin importar su contribución al proceso productivo) va en sentido contrario a elevar la productividad del trabajo.  Abundan los ejemplos:

– El Fondo PYME tiene como fin último dar empleos, y se mide por el número de empleos generados, no por la productividad que genera en las empresas apoyadas. Si la condición para recibir dinero gubernamental es emplear gente, las clientelas de este tipo de apoyos van a hacer como que contratan a quien sea para llevarse el apoyo público, aunque luego tengan que despedir a la persona en cuestión por su baja productividad.

–  Un importante empresario durante la crisis de 2008-09, se pronunció a favor de dar empleos sin preocuparse tanto por el crecimiento. En buena medida su recomendación se traduce en dar empleos sin preocuparse por la productividad. La voz valiente de Denisse Dresser contradijo esa tesis, con justa razón. Esta propuesta fue apoyada por la clase política, porque en el imaginario de los políticos, crear empleos improductivos les resuelve problemas de inestabilidad social. En el fondo, dar empleos con poco dinero, como propuso el Ingeniero Slim, implica empleo temporal con salarios bajos para gente poco productiva, sin atacar el problema de raíz.

Por eso, nuestros sectores informales y menos productivos cachan a mucha gente que no es muy productiva, cuyo salario en el sector formal sería más alto que la productividad adicional que aportarían. Por eso, nuestro sector formal se ha especializado en negocios intensivos en capital, para no tener que lidiar con la improductividad laboral y los costos absurdos al trabajo que impone la legislación. Mientras tanto, ni sube la productividad de las personas, ni estas tienen una remuneración adecuada, ni creamos los empleos necesarios para que las familias puedan vender su principal activo: su tiempo. Esto hace que las brechas sean más grandes entre ricos y pobres, entre quienes dependen del mercado laboral y quienes tienen capital para tener una existencia más ociosa y desahogada.

La meta no debería ser elevar las cifras de empleo per se. La meta debería ser elevar la productividad. Esto se logra induciendo cambios culturales, educando. Si podemos cubrir el costo de oportunidad de un muchacho que deja la secundaria, la preparatoria o la universidad para irse a trabajar, estaremos avanzando en esa dirección. Un libro que publicarán próximamente Pablo Peña y Armando Chacón, dos colegas en el IMCO, explora estas posibilidades.

Para muestra un botón: En esta gráfica, muestro la Población Económicamente Activa. Cada ancho de barra muestra al número de personas en un grado profesional o de posgrado, y la barra ancha y chaparra a la izquierda, representa a quienes no tienen profesión. Nótese cómo el salario de los no profesionistas está por debajo del promedio (línea roja), y cómo el salario crece en la medida en que la gente tiene mayor educación.

También, si lee usted la más reciente contribución que Rodrigo Franco y un servidor hicimos a este blog, verá que propusimos que el gobierno cargue impuestos a  los males, no los bienes.  Gravar el empleo va en contra de elevar la productividad y de crear empleos. Una solución efectiva para generar empleos es sacar a los empleados del régimen fiscal en el que están. Eso implica que el gobierno tenga menos recursos, tenga que ajustar su gasto, y eso quizás no les guste.

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