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Más empleos y ¿más pobreza?
Suena contraintuitivo hablar de un incremento en el empleo que va acompañado de una agudización de la pobreza laboral. Pero la realidad supera la lógica de la recuperación laboral pospandémica.
Por Ana Bertha Gutiérrez
2 de diciembre, 2021
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El año cierra en un contexto económico complicado. En los últimos días de noviembre llegaron un par de noticias que pintan un panorama pesimista: el PIB se contrajo (-)0.2% en el tercer trimestre del año como resultado de un freno repentino de la recuperación económica. Además, en octubre la inflación anual alcanzó un máximo no visto desde hace más de 20 años, con un incremento en los precios de 7.05%. Por si fuera poco, las afectaciones a las cadenas de suministro globales son un riesgo latente para la producción manufacturera y la disponibilidad de productos, y ejercen aún mayor presión sobre los precios.

Una noticia adicional ensombrece el panorama: en el tercer trimestre de 2021 el nivel de pobreza laboral incrementó por primera vez en un año. 40.7% de la población estuvo en una situación en la que los ingresos laborales de su hogar fueron insuficientes para alcanzar el umbral de nutrición mínima. Así, la pobreza laboral sumó 1.2 millones de personas y afectó a un total de 52 millones. Esta noticia no sólo es preocupante por el hecho de que más personas estuvieron en una situación vulnerable, sino porque se dio en un contexto contradictorio: mientras el mercado laboral recupera su nivel de empleos, las familias mexicanas se encuentran en una situación cada vez más precaria.

Y es que aunque los ingresos se hayan recuperado, el aumento en los precios los rebasa. En el tercer trimestre del año, la cantidad de trabajadores había aumentado en más de medio millón de personas. En consecuencia, la masa salarial (la suma total de salarios de los trabajadores) y con ella el ingreso laboral per cápita también aumentaron. Sin embargo, esta recuperación trimestral en los empleos, en los salarios otorgados y en los ingresos laborales promedio percibidos por cada habitante fue insuficiente para contrarrestar el efecto de la inflación sobre el poder adquisitivo de la población y tuvo un efecto particularmente fuerte sobre el poder de compra de aquellos más vulnerables.

Los productos alimentarios que se consideran en la canasta básica con la que se calcula la pobreza laboral -que incluye bienes como el maíz, la leche o el huevo- han visto su precio aumentar drásticamente. Los saltos trimestrales de entre 20 % y 45 % en los precios de alimentos como el jitomate y la cebolla elevaron el costo de la canasta alimentaria en 3.1 % en zonas rurales y 2.9 % en regiones urbanas. Con aumentos de más del doble de la inflación de 1.3 %, queda claro que esta no solo afecta más a los alimentos básicos, sino que tuvo un efecto aún más profundo sobre las zonas más rezagadas: la pobreza laboral rural (de por sí más alta) pasó de 51.8 % a 53.9 %, mientras que la pobreza laboral urbana tuvo un incremento menos pronunciado, de 36.1 % a 36.6 % de la población.

Una contradicción más: debido al aumento en el número de trabajadores y en la cantidad total de salarios otorgados, los ingresos laborales por habitante aumentaron, pero el nivel de ingresos percibido por la población ocupada en sí disminuyó. Entre julio y septiembre, un trabajador promedio recibió un ingreso laboral de $6 mil 391 pesos constantes, lo cual significó una disminución de 0.2% respecto al trimestre previo y de 1.5% respecto al mismo periodo de 2020, antes del inicio de la pandemia. Dos componentes jugaron en su contra: por un lado, la canasta alimentaria se volvió más cara, y por el otro, los ingresos con los que contaban para adquirirla disminuyeron. Así, 14% de los mexicanos con un trabajo percibieron una remuneración laboral insuficiente y menor al costo de la canasta.

Suena contraintuitivo hablar de un incremento en el empleo que va acompañado de una agudización de la pobreza laboral. Pero la realidad supera la lógica de la recuperación laboral pospandémica. Conforme la población ocupada ha sumado más y más trabajadores, estos han sido principalmente informales, con menos horas de trabajo e ingresos más que insuficientes. Para realmente hablar de una recuperación, habría que generar empleos que permitan a la población acceder a recursos y beneficios necesarios para subsistir, y que no vayan acompañados de un magnificado problema de pobreza para los trabajadores.

* Ana Bertha Gutiérrez (@AnaBerthaGtz) Coordinadora de Comercio Exterior y Mercado Laboral.

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